El cineasta Luis Alberto Lamata conversó sobre la importancia del Séptimo Arte en el estado Aragua | FOTOS CORTESÍA

CIUDAD MCY.- Convencido de que el cine venezolano es una maravillosa y poderosa fuerza sociofilosófica, pletórica de profundo humanismo y amor patrio, capaz de enfrentarse a las más perversas alienaciones emanadas del capitalismo, el cineasta Luis Alberto Lamata conversó sobre la importancia del Séptimo Arte como herramienta de inclusión y transformación social, capaz de convertirse en genuina memoria de los pueblos.

En el marco de las actividades programadas en Aragua para celebrar los 123 años del cine nacional, el director de los filmes Azú, Parque Central, Miranda Regresa y Bolívar el Hombre de las Dificultades, entre otros, participó en un conversatorio en el auditorio de la Alcaldía de Girardot, en donde destacó la importancia de reconocer el tremendo impacto mediático del cine en la actualidad.

“Una de las grandes maravillas del cine, que además de entretenerte, emocionarte, contarte dramas, alegrías y tristezas, es que se convierte en memoria. No solamente al abordar el cine histórico, sino también el contemporáneo. Tiene que ver con la identidad de lo que somos. Sería muy triste aquel país que no puede verse en pantalla. Es muy importante para los venezolanos tener alguna respuesta audiovisual que nos permita defender nuestra cultura y tradiciones populares”, comentó el cineasta.

Lamata, cineasta de larga trayectoria, tanto en el cine histórico como en el de ficción, expone sus inquietudes bajo una coartada lógica, coherente, irrefutable, que no sabe explicarse sin las debilidades que la vuelven poderosa, y sin sus errores más acertados.

Su verbo se torna en texto filosófico electrizante y vivo, magullado por desplantes de mil manías burguesas, exhortados de manera poético-truculenta sobre el calvario de una clase social oligarca y golpista, enferma y desahuciada.

“Al cine, lo concibo como arte en su capacidad de combatir, emocionar y ayudarnos a crecer como seres humanos, a medida que comprendemos la vida y el contexto social en que vivimos. Por ello, debemos entender que, en la realidad geopolítica actual, Venezuela es el epicentro donde el mundo se juega el futuro. Somos el lugar de confrontación entre potencias imperiales y modelos socialistas anticapitalistas. Rescato las palabras de la última alocución de Chávez: ΄Unidad, Lucha, Batalla y Victoria΄, pero, sobre todo, Unidad. Debemos estar más unidos que nunca para poder hacer frente a la terrible coyuntura que estamos viviendo”, apuntó Lamata.

ROMPIENDO PARADIGMAS

Las reflexiones de Lamata se tornan en profunda reconciliación intimista con urgencias revolucionarias actuales, tramitadas emocionalmente entre sensaciones, virajes de ánimo, desgarraduras políticas y psicológicas.

“Mis trabajos se caracterizan por ser simplemente consecuentes conmigo mismo”, dijo el cineasta

Le imprime a sus palabras una fascinación irreverente, capaz de cortar con su filo, todo paradigma de sumisión o esclavitud: “A través del Séptimo Arte, el imperio yanqui nos vende falsos conceptos perceptivos sobre nuestra realidad. La industria cultural nos bombardea constantemente con este medio de comunicación tan potente como lo es el cine hollywoodense, entendido como medio de dominación y penetración ininterrumpida. Contra este flagelo debemos luchar los cineastas latinoamericanos. Asumo al cine como la razón de mi vida. Enorme compromiso con la Patria y hermosa manera de ir al encuentro de nuestras realidades, para afianzar nuestra identidad como Pueblo”, sostuvo el laureado cineasta venezolano.

Sus palabras, sencillas y accesibles, se convierten en obra de pensamiento visual deseable. Luis Alberto Lamata conoce a su modo que solo una revolución social íntegra proporcionará a la humanidad los medios para fortalecer sus capacidades amatorias. De organizar humanamente a la sociedad, pasará a ser sujeto amante, con voluntad propia y fuerza emocional para vencer perversos embates imperialistas.

“Mis trabajos se caracterizan por ser simplemente consecuentes conmigo mismo. Están cuadrados con la Revolución Bolivariana y sus aspiraciones de cambio y plena justicia social. En esta coyuntura, intento dar respuestas a la terrible avalancha mediática que nos bombardea a diario con falsos positivos, deformando la realidad. Mi tarea, como cineasta comprometido con este proceso, es ubicarme en el territorio donde pueda ser más efectivo defendiendo mis ideales de vida”, señaló el cineasta.

EL CINE COMO PODEROSA HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

“Si no lo creyera, ¿qué sentido tendría mi trabajo? Sé que una película no hace una Revolución, pero forma parte de un proceso de orientación. Como creador audiovisual, me siento satisfecho de acompañar un proceso que, a pesar de sus errores, sobre los cuales debemos reflexionar y corregir, encontró un crecimiento cualitativo y cuantitativo en términos políticos y sociales”, expresa el cineasta venezolano.

Parte del material expuesto al público durante el evento

Continúa diciendo: “Debemos sortear la resistencia del imperio yanqui, ante nuestro proyecto absolutamente antagónico. Hay que asumir el impacto de lo que este proceso significa como rompimiento de los paradigmas del proyecto capitalista de dominación económica. Uno siente que tiene muchísimos años luchando para que estos cambios sucedan. Se trata de un proceso revolucionario de lucha antiimperialista que tiene su historia”.

El discurso del cineasta produce insurrecciones contra la explotación. No puede ser separado de la indignación ante el espectáculo de la degradación, miseria y barbarie, implícitas en el perverso capitalismo.

Por eso, la filosofía de Lamata no divide al deseo revolucionario, sino que lo integra a su praxis de alta dignidad, que lucha por terminar con alienaciones y desigualdades sociales. “Hay tres áreas fundamentales que te ayudan a comprender la vida: arte, política y emociones. A través de ellas, logro regresar a mi centro original, para hacer un cine profundamente comprometido con el pueblo”, puntualizó.

Claudio González Luna
COLABORADOR