Fuentes consultadas: REBELION.ORG/NODAL/MALSALVAJE.COM

**El Salvador está en peligro de ver su institucionalidad destruida a manos de un mandatario con alucinacionesdivinas, pero con acciones dictatoriales. NayibBukele, quien ofreció una imagen a lo interno y externo de su país como “el presidente millennial”, militarizó la Asamblea Legislativa y se comprobó su autoritarismo.

CIUDAD MCY.- Lo que hizo Nayib Bukele parece sacado de un libro de texto sobre cómo desbaratar la legitimidad de los poderes institucionales para seguir concentrando el poder en la figura del presidente. Es lamentable ver ese retroceso en El Salvador, un país que lleva décadas luchando por reconstruirse después del conflicto armado que introdujo el intervencionismo estadounidense.

El Salvador está en riesgo de ver su institucionalidad desmantelada a manos de un presidente con delirios mesiánicos y que está demostrando sus tendencias autoritarias. El domingo 9 de febrero, Bukele, quien se vendió dentro y fuera de su país como “el presidente millennial”, militarizó el Parlamento y dio un espectáculo para amedrentar a los parlamentarios. ¿El motivo? Que no se ha hecho comprender que le sea aprobado un préstamo para seguir ejecutando su plan de seguridad.

El presidente le imprimió presión al legislativo para que le aprueben un préstamo de US$109 millones, destinado a la tercera fase del Plan Control Territorial con el que pretende luchar contra las pandillas en el país centroamericano que dejan miles de víctimas cada año.

Con este dinero, Bukele pretende “la modernización de las fuerzas de seguridad del Estado, específicamente de las operaciones de la Policía y las Fuerzas Armadas para mejorar su movilidad y aumentar su capacidad de operación en las zonas rurales donde han migrado las pandillas”. Así, el mandatario quiere “dignificar a los funcionarios que cada día trabajan por la seguridad del pueblo salvadoreño”.

Sin embargo, la metodología empleada por Bukele se hace cada vez más peligrosa. Leer sus redes sociales o escuchar sus discursos es entrar en el lenguaje de los cultos: él, y solo él, puede garantizar la mejoría de El Salvador.

Aprovechó la devoción que genera, y citando el artículo 87 de la Constitución de su país: “Se reconoce el derecho del pueblo a la insurrección, para el solo objeto de restablecer el orden constitucional alterado por la transgresión de las normas relativas a la forma de gobierno o al sistema político establecidos”. Así, envalentonado tildó a los parlamentarios de “sinvergüenzas” y “criminales”.

DÍAS PREVIOS

Previamente, el 6 de febrero, el Consejo de Ministros convocó a la Asamblea para que sesionara y aprobara el citado préstamo bajo la amenaza de Bukele de que “si los diputados no asisten, vamos a utilizar nuestros poderes constitucionales para hacer cumplir la Constitución”.

El mandatario salvadoreño recurrió a su cuenta de Twitter para advertir a los diputados que, si no asistían al Pleno convocado por el Gobierno, “constituiría un rompimiento del orden constitucional”, al tiempo que dijo que el pueblo también “tiene el artículo 87”, que le posibilita el derecho a la insurrección.

Esta presión nofue aceptada por la Asamblea Legislativa, donde el Presidente es minoría y se opuso a la convocatoria realizada por el Consejo de Ministros al considerar que debe ser respetada la separación de poderes. La negativa tuvo su primera consecuencia: NayibBukele ordenó retirar el viernes el sistema de seguridad a los diputados.

Después, se convocó una Plenaria para el sábado, pero ante la ausencia de un gran número de diputados, dado que solo acudieron 28, el Presidente del Poder Legislativo volvió a convocarlo para el lunes. Sin embargo, Bukele insistió en que este organismo debía aprobar el préstamo ese domingo y para ejercer presión él mismo llegó a la sede del Parlamento, incluso convocó a la ciudadanía para que acudiera al exterior del recinto, con el fin de exigir la aprobación del préstamo millonario, que busca “mejorar la seguridad de los salvadoreños”.

Ese domingo tampoco se logró el quórum para aprobar el préstamo, después que solo asistieran una veintena de los 84 diputados que conforman la Asamblea. Por ello, anunció que “la decisión que vamos a tomar ahora la vamos a tomar en manos de Dios” y, a continuación, se puso a orar.

Mientras tanto, en los alrededores de la Asamblea Legislativa, por otro lado, los edificios se llenaron de francotiradores y helicópteros sobrevolando. La convocatoria, que se esperaba masiva, reunió a un grupo menor de manifestantes que incluía a empleados y empleadas de dependencias públicas y varias personas que llegaron en autobuses desde varios puntos del país. El ejército y la policía tomaron el control de la seguridad del edificio.

REACCIONES EN EL EXTERIOR

Organizaciones internacionales se pronunciaron sobre la decisión de Bukele de invadir con militares la Asamblea. Amnistía Internacional habló de un “ostentoso despliegue policial y militar en la Asamblea Legislativa” que recuerda “las épocas más sombrías de la historia de El Salvador”.

José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human RightsWatch para América, llamó al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, a preocuparse por lo acontecido en la Asamblea. “Esta exhibición de fuerza bruta justifica reunión urgente de la OEA en función de la Carta Democrática”, expresó Vivanco.

Únicamente Luis Almagro, un infaltable en el último tiempo para legitimar los golpes de Estado, respaldó abiertamente a Bukele, que se quedaba solo, sin mayor apoyo popular en la calle y con poco apoyo internacional.

UNA VEZ ADENTRO

Bukele se dirigió a la sala donde se realizaría la sesión y dio inicio a la misma, pese a que solo 15 legisladores se hicieron presentes. La propia diputada por Arena, Felissa Cristales, aliada de Bukele, se levantó al ver el salón legislativo sitiado por militares. En su cuenta de Twitter, denunció que la seguridad de la Asamblea “nunca debió ser militarizada”.

Ya dentro del salón, Bukele se sentó en la silla que corresponde al presidente de la Asamblea y realizó una oración para pedir a Dios consejo. La imagen rápidamente remitió al estilo de lo realizado por la derecha ultraconservadora boliviana y brasileña en el congreso de esos países, consolidando un giro autoritario y fundamentalista que representa un retroceso de casi 30 años en un país con una de las democracias más jóvenes.

El gobierno de Bukele bajó los tonos al final del día. Por comunicados oficiales, intentó limpiar la imagen que el presidente dejó tras su paso por la Asamblea Legislativa ocupada por fusiles militares y policiales y prefirió resaltar, ignorando todo el despliegue de fuerza bélica que hizo este domingo 9 de febrero, su mensaje de paciencia y de la mano de Dios.

Podemos ver cómo durante los últimos meses el ingreso a los parlamentos con biblias y oraciones se hacen costumbre para quienes no tienen a las mayorías. Después de rezar, y otra vez frente a sus seguidores, Bukele aseguró que “Ahora creo que está muy claro quién tiene el control de la situación”. Rezó un poco y volvió a salir, diciendo que Dios le pidió paciencia y dándole una semana a la Asamblea para que apruebe el crédito. Esto no es una negociación, es un ultimátum.

Así se desmonta el equilibrio de poderes en las democracias débiles. Un líder carismático, aplaudido por los ciudadanos, estigmatiza a quienes no cumplen sus caprichos, utiliza al Ejército para amedrentar y demostrar que él tiene la fuerza de su lado, instrumentaliza la religión para mostrarse como el elegido por métodos divinos y luego pide que se le agradezca por no haber ido más lejos en sus acciones. Vienen días difíciles para El Salvador.

MARCOS GAVIDIA