JOAQUÍN LÓPEZ MUJICA

Vivimos un momento estelar, sin duda. Donde la convocatoria de Nicolás Maduro al pueblo, su poder originario y sus conjuntos, ha dejado en estado de perplejidad a muchos. No solo a la oposición nacional e internacional, sino a unos cuantos satélites que pululan entre la izquierda, el centro o el “pensamiento corporativo”. Nunca imaginé usar tal calificativo, incluso a dirigentes dentro del PSUV con giros de indisciplina, que les recomendaría retomar a Lenin.

Entrevistas con las aproximaciones inexactas y apocalípticas que hablan del “miedo a la hambruna”, que “pobrecitos los empresarios que tienen dólares en EEUU”; que vendría “lo peor” con las medidas de Trump. Más imprudente no podía ser, y aun sin esperar las medidas de reciprocidad que Maduro y la ANC anunciarán hoy viernes. También leí unos argumentos poco serios que desdeñan del “control de cambio” que ya “esta desmontado”, según acotó un dirigente socialista. Más filiación con el apresuramiento o la incertidumbre de ciertos egos, giros socialdemócratas o poca inteligencia que es inaprensible en personas versadas con experiencia en altos cargos y gran responsabilidad. ¿Es, acaso, una perspectiva inconclusa? ¿No aceptan que estamos en el mero centro de la nueva etapa del proceso de transformación revolucionaria? Solo porque no asumieron el reto ni se midieron con los ojos del pueblo el 30J.

Tenemos muchos obstáculos que enfrentar en esta nueva etapa de la lucha revolucionaria, poseemos unas condiciones objetivas y materiales superiores como para ver más allá de la película del siglo XX: revoluciones, repliegues tácticos, revueltas y derrotas. Tenemos la oportunidad con la ANC de dejar consolidado para las generaciones futuras las fuentes de construcción espiritual y material. Ya el pueblo lo ha demostrado con su épica y la heroicidad. La Constituyente construye el futuro ahora, por favor, templanza y mesura. Unidad, lucha, batalla y victoria, dijo Chávez.

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