*** La economía, principal reto de Argentina, llevó a su Gabinete Ejecutivo a Europa, para sumar apoyos a su propuesta de renegociación de los compromisos con el Fondo Monetario Internacional. Esa deuda con el FMI es la sombría herencia que dejó el nefasto Gobierno de Mauricio Macri ***

CIUDAD MCY.- El Gobierno de Mauricio Macri se endeudó irresponsablemente: al 9 de diciembre de 2015, último día de gobierno de la presidenta de aquel entonces, Cristina Fernández de Kirchner, la deuda pública bruta alcanzaba 52,6% del PIB; de los cuales, solamente alrededor de un 9% del PIB eran deudas con bancos y fondos de inversión; 6% del PIB con organismos internacionales de créditos, tipo Banco Mundial, BID, CAF; y la mayor parte era intra sector público.

En los cuatro años de gestión de Macri se revirtió la lógica de no endeudarse adoptada hasta entonces, lo cual llevó que, al 30 de diciembre de 2019, según informó la Secretaría de Finanzas de la Nación, se adeudan 323 mil 177 millones de dólares que representa 91,7% del PIB (estimado en 352 mil 300 millones de dólares).

De esa suma adeudada, 155 mil 416 millones es en divisas, que, si le descontamos el crédito efectivamente otorgado por el FMI, pero equivalente a unos 44 mil 200 millones en moneda norteamericana, implican obligaciones por 111 mil 216 millones en divisa estadounidense.

Es así como creció abruptamente la deuda, pero lo que más se incrementó fue lo adeudado con grandes bancos y fondos de inversión internacionales. Asimismo, aumentó la proporción de la deuda tomada con organismos multilaterales y bilaterales de crédito, desde 6,0% en 2015 hasta 20,0% del PIB en 2019, siendo el principal acreedor el FMI, del que el Gobierno de Cristina Kirchner había logrado salir en febrero de 2006 y al que no se le debía un dólar.

Los grandes bancos y fondos de inversión tienen en su poder aproximadamente unos 66 mil millones de dólares y son principalmente Black Rock, Goldman Sachs, Franklin Templeton (administrador de una cartera de activos por más de un billón de dólares) y Pimco (el inversor de bonos más grande del mundo). Todos ellos concentran gran parte de las tenencias de la deuda argentina y administran volúmenes de recursos que superan en 30 veces el tamaño de la economía local.

EL CAMINO ELEGIDO

En ese marco, el Gobierno de Alberto Fernández apostó a que el conjunto de acreedores acepte un plan de pago que permita un sendero de crecimiento del PIB y de las exportaciones, plan que el ministro de Economía, Martín Guzmán, al presentar el mismo en la Cámara de Diputados de la Nación, sostuvo que las exportaciones deben crecer de 4,5 a 5% anual y el PIB cercano al 2% anual.

De esa manera, dijo el ministro, se generaría una macroeconomía consistente que debe ser apoyada por un acuerdo de precios y salarios coordinados por el Estado y, una política fiscal que debe tender a equilibrar sus cuentas, en un escenario que denominó “alcanzable y realista” que implica alcanzar el equilibrio fiscal y converger a un superávit fiscal primario entre el 0,6% y 0,8% del PBI (unos 2 mil 600 a 2 mil 800 millones de dólares), cuando el total del gasto público nacional (que es en pesos) es equivalente a 85 mil millones de dólares (24% del PIB).

También concedió otro escenario, en el cual se podría alcanzar el equilibrio fiscal con una economía en recuperación, alcanzándose en 2022 un equilibrio fiscal primario y en 2023 un 1% de superávit fiscal primario.

Si bien no lo dijo, es obvio que implícitamente está planteado suspender el pago de los intereses y del capital adeudado por lo menos por dos años, para utilizar esos recursos en apuntalar la inversión pública, mejorar jubilaciones y pensiones y estimular el mercado interno, pero no lo dijo porque alertó que grandes operadores están jugando abiertamente en contra de lo planteado por el Gobierno de Alberto Fernández.

ANTE EL FMI SIN CONDICIONES

Existen razones suficientes para que el Gobierno de Alberto Fernández haya tomado el tema del endeudamiento argentino como prioritario. En palabras del mandatario: “Para poder pagar hay que crecer primero. El país tiene la voluntad de pagar, pero carece en las actuales condiciones de la capacidad para hacerlo”.

En la mencionada intervención del ministro Guzmán en la presentación del proyecto de restauración de la deuda pública, éste también señaló que “en este momento la relación con el FMI es diferente a lo que ocurrió en otras instancias en la historia argentina. Nosotros estamos en control, este es un programa económico diseñado por nosotros y ejecutado por nosotros y no vamos a permitir ninguna condicionalidad”.

Una reflexión que no debe ser pasada por alto ya que implica una no sumisión a las comúnmente llamadas “reformas estructurales” que se traducen en una directa intervención del Fondo en las políticas soberanas de los países deudores. Un giro importante con relación a la gestión de Macri, cuyas políticas, avaladas por el organismo, llevaron a una disminución de la economía argentina junto a los elevados niveles de pobreza y desempleo.

Una de las últimas decisiones tomadas por el actual gobierno en materia de deuda fue el replanteamiento del pago del Bono AF20, de legislación local. El objetivo es “contar con más tiempo para poder reestructurar este bono de una forma consistente con el resto de la reestructuración de la deuda externa”, según el comunicado del Ministerio de Economía se pagarán “sólo los intereses de este bono por unos 117 millones de dólares y no se replantearán los vencimientos de personas naturales con tenencias inferiores a un valor nominal de 20 mil dólares”.

Los servicios de deuda argentina con privados y organismos internacionales suman un total de 36 mil 400 millones de dólares en 2020. Es por ello que el peso de la deuda es un condicionante absoluto para cualquier propuesta que se quiera llevar adelante. De allí que el Presupuesto Nacional 2020 sería tratado en el Parlamento luego de arribar a un acuerdo de reestructuración de la deuda con los acreedores, previsto para fines de marzo.

El comunicado cerró con “este gobierno no va a aceptar que la sociedad argentina quede rehén de los mercados financieros internacionales, ni va a favorecer la especulación por sobre el bienestar de la gente”. Así quedó claro cuáles son las prioridades del actual gobierno argentino, que asumió en diciembre del año pasado, luego de haber obtenido la mayoría de los votos en las elecciones de octubre.

RESULTADOS

Argentina reclamará a cambio que se le otorgue una luz de cuatro años para comenzar a devolver los 44 mil millones de dólares graciosamente entregados por el FMI y dilapidados por la Alianza Cambiemos en menos de dos años. Es ahí hacia donde apuntan las frases de ambos Fernández sobre la corresponsabilidad del organismo en la situación económica local, a la que se refiere el presidente argentino, y el “debería establecer una liberación sustancial, porque se hizo un préstamo violando las obligaciones que tiene el propio Fondo Monetario Internacional”, que dijo Cristina Fernández desde La Habana.

Lejos de ser una brecha conceptual entre Presidente y Vicepresidenta, se trata de discursos complementarios de la cúpula que dirige un país que tiene en el pago de la deuda el más grave de sus desafíos, una balanza que estabilizará toda su gestión pero que no debe disminuir los recursos necesarios para que los sectores más vulnerables mejoren su situación.

Los dichos y los hechos apuntan a mostrar compromisos macroeconómicos junto con el rechazo a los condicionamientos presupuestarios y de inversión pública, que impone general e históricamente el organismo de crédito, manejado por Estados Unidos, aquellos “ajustes” que implican “reformas estructurales” con cambios desfavorables en las legislaciones laborales, fiscales, federales y hasta de salud pública. Es decir, pobreza, miseria, hambre, desocupación, es decir vulnerabilidades.

Tal vez la lucha posible sea sentar posiciones claras, en el Palacio de Gobierno y en la calle, en estos tiempos de catástrofe, en la que la muerte por desnutrición y deshidratación de niñas y niños en las provincias más desatendidas, no sea más que una foto ilustrativa de la destrucción.

MARCOS GAVIDIA