*** “Hay una historia detrás de todas las cosas. Dónde hiciste una foto. Cómo te hiciste una cicatriz. A veces historias simples, otras que rompen el corazón. Pero tras cada historia, está siempre la historia de tú madre, porque en ella está tu comienzo”. Autor desconocido.

SUMIRÉ FERRARA

Recordando con profunda tristeza la sonrisa, la elocuencia, solidaridad, la constancia y la lucha incansable de mi amigo y hermano Yolman Briceño, me pregunto con el corazón en la mano: qué estamos haciendo las madres para salvar a nuestros hijos e hijas de ésa oscuridad que se llama delincuencia, qué hacen los padres, qué hace la familia para que sus muchachitos sean respetuosos, productivos y valiosos en la sociedad donde vivimos.

En este sentido, algunos filósofos aseguran que el hombre es sociable por naturaleza, que no puede vivir solo, que necesita a los demás para convivir y avanzar. También se dice que cuando una persona nace, no hay nadie que le diga tú serás bueno, tú malo, tú asesino, tú drogadicta, y aquel de allá será pacifista, ella estudiante y él un profesional. No, no lo hay, tan sólo dependen de su crianza, de su socialización, del amor que reciba, de las enseñanzas y de la buena comunicación. Entonces, preguntémonos si vamos bien en el rol de madre, de padre. Llamemos la familia en pleno y revisémonos, en especial, nosotras las guardianas de la vida, las mujeres que fuimos bendecidas por una de las manifestaciones más bonitas de Dios: la Maternidad. Regalo que viene acompañado de una fuerza única para salir adelante, incluso en el momento del parto, donde lo entregamos todo para llenarnos de satisfacción al tener en brazos a quien formó parte de nuestro cuerpo; comenzando en ese instante una de las tareas más importante de nuestras vidas: criar hijos buenos.

Sabemos muy bien que a veces las limitaciones son muchas. Sin embargo, debemos resistirnos y no fallar, no descuidarnos, todo lo contrario, acompañemos a nuestros hijos e hijas en todo momento, con entrega, con apego, con amor y esfuerzos. Luchemos para alejarlos del mal y así no ir jamás a ninguna cárcel a llevarles comida, ni flores al cementerio al hijo bueno porque lo mató el malo. Sin duda, es hora de reflexionar y agarrarnos con fuerza de Dios y de nuestros familiares para reorientarnos y lograr que den pasos certeros, pasos que les asegure un futuro de vida y humanidad.

Ya no más muertes irreparables como la de Yolman Briceño, un ingeniero en sistemas, comunicador y líder comunitario, vecino revolucionario y firme luchador que se fue sin tan sólo despedirnos. Un hijo bueno y un hermano valiente, que deja un gran vacío en los espacios que ocupó y en los corazones de quienes lo vimos crecer y vencer. Mi amigo eterno vuela alto, que aquí te recordaremos siempre.

@SumireFerrara
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