*** El 6 de septiembre de 1987 no solo se desbordó el río El Limón, la solidaridad brotó entre el pueblo para apoyar a quienes más lo necesitaban en ese momento

CIUDAD MCY.- Tristeza y angustia son unas de las cicatrices del desastre natural que el 6 de septiembre de 1987, hace exactamente 30 años, marcaría la vida del pueblo aragüeño por la cantidad de pérdidas humanas y materiales, luego del desbordamiento del río Limón y el desprendimiento de grandes masas de tierra y rocas que cayeron sobre varios sectores del hoy municipio Mario Briceño Iragorry.

La temporada de lluvia de ese año había llegado para hacerse notar hasta en el más mínimo espacio del territorio venezolano, especialmente en las cabeceras de las montañas, desde donde los ríos comenzarían a bajar para finalmente reclamar su espacio natural.

Cientos de personas resultaron víctimas en esta trágica escena, entre fallecidos, desaparecidos, heridos y damnificados. El ambiente en la localidad se convertía cada vez más tenso, lleno de dolor, incertidumbre y miedo.

Troncos y rocas gigantes bajaron por la montaña del Parque Nacional Henri Pittier arrastrando todo lo que conseguían a su paso, como carros e infraestructuras de los sectores El Limón, El Progreso, Mata Seca y Pan de Azúcar, principales zonas afectadas por el desastre.

Miles de temporadistas que se encontraban ese domingo disfrutando de las playas de Ocumare de la Costa jamás habrían imaginado que formarían parte de este fatídico suceso que los dejaría completamente atrapados e incomunicados.

Hoy se cumplen 30 años de la denominada tragedia de El Limón que, sin lugar a dudas, fue un desastre natural que transformó por completo la geografía de la zona, convirtiéndola prácticamente en un camposanto.

Tres décadas después, sigue siendo difícil conversar el tema con quienes fueron protagonistas en primera fila de esta desdicha de la naturaleza. Las lágrimas invaden inmediatamente los ojos de quienes no superan el haber perdido sus viviendas, enseres, un familiar, un vecino.

La naturaleza no obedeció a otra cosa que no fuera su ley. Fue inclemente y generó una inundación indeleble. Las secuelas fueron devastadoras, pero el calor humano y la solidaridad característica del venezolano no faltaron en este momento tan significativo para la nación. Bomberos, Defensa Civil (hoy Protección Civil), médicos, paramédicos, rescatistas y la comunidad en general abrieron sus brazos para ayudar a levantarse a quien pudo sobrevivir a esta catástrofe.

MARIANNY CASTELLANOS