>A la coralista aragüeña Magi Segnini.

OLDMAN BOTELLO

Existió un gran tenor nacido en Choroní, sobrino nieto de Santos Michelena e hijo de Fernando Michelena Olavarría, maracayero, y María Teresa Acha González de Soto, de Choroní (con parentesco con el primer cronista de Maracay, don Augusto Padrón González de Soto). Se llamó Fernando Michelena Acha y nació en Choroní el 20 de agosto de 1857. A los 16 años se fue a Caracas a emplearse en el ramo de comercio y cantaba entre amigos con su hermosa voz. En 1877, a los 20 años participó por primera vez en un concierto, que era a beneficio de la viuda e hijos del músico Cesáreo Suárez, fallecido un año antes. El mismo año pasó por Caracas un trío de cantantes y se fue con ellos a Trinidad y Guayana Inglesa y después de independizarse ofreció recitales en Puerto Cabello, San Felipe, Barquisimeto y Curazao con notable éxito por su bien formada voz de tenor.

En 1881, fue becado por el Gobierno del general Guzmán Blanco para estudiar en Euroopa y lo hizo nada menos que la Scala de Milán, donde recibió clases de los profesores Lamperti, Ronconi y Baragli que lo convirtieron en un extraordinario tenor, cuerda que dominaba en todos sus aspectos. Su primer concierto europeo fue en Sassari, isla italiana de Cerdeña, con la ópera Linda, de Chamounix, el Don Juan, de Mozart, y Nápoles de Carnaval, sorprendiendo por la calidad interpretativa Fernando Michelena. Residía en Milán, en el hospedaje de la señora Fornó, en la calle Vittorio Emmanuelle, 15. Desde allí escribió a Guzmán Blanco informándolo de sus éxitos en Europa y de sus estudios; ya tenía en su repertorio las óperas Lucía, de Lamermoor, y Favorita, y le dijo: “El maestro que tengo es un tenor que canta muy bien y sabe enseñar, que es lo principal”.

En 1882, a punto de concluir la beca que era por un año, le exige a Guzmán Blanco que se la prorrogara un año más que era el tiempo de los estudios musicales. La repitieron y él agradeció la atención y manifestaba estar ansioso de debutar. “Para ver si sirvo para algo bueno”, decía. En 1883, regresó al país y se trajo por instrucciones del Gobierno un grupo operático que participaría en los actos del centenario del nacimiento del Libertador; él mismo interpretó Linda, de Chamounix el 19 de julio, como primer tenor de la compañía lírica. Siguió Lucía, Aída y Lucrecia Borgia, bajo la dirección del maestro Fernando Rachelle. Para representar a Aída solicitó al general Guzmán Blanco un grupo de soldados que necesitaba para la muchedumbre y se los facilitaron para los ensayos preliminares.

De Caracas pasó a La Habana actuando en el famoso teatro Tacón. En 1884 se radicó en Nueva York. Lo firmó la compañía Abbot en la que permaneció hasta que murió uno de los dueños en 1891 y cerró la compañía. Actuaba cuatro veces en la semana, 35 veces al año y cuatro de las obras anuales debían ser de nuevo repertorio. El exigente público neoyorquino siempre se le postró a los pies. El repertorio alcanzaba a los tres más grandes compositores belcantistas: Rossini, Donizetti y Bellini. Viajo a Gran Bretaña donde continuaron los éxitos.

Compuso dos canciones que entregó a su amigo Enrico Caruso, el más grande tenor de todos los tiempos (Nápoles 1873-1921) y este las grabó, entre ellas A la luz de la luna, acompañado por el barítono Gogorza. ¿Alguien la tendrá en su repertorio en Venezuela? Gogorza tuvo entre sus discípulos en América a Juan Arvizu (Querétaro, México, 1900-1985). Fernando Michelena Acha se trasladó en 1904 con su hija Beatriz (eran dos, Beatriz y Vera, sus discípulas en el canto) desde Nueva york a San Francisco, California y allí continuó cantando hasta su fallecimiento en esa ciudad del oeste de los Estados Unidos en marzo de 1921. Esta última información la debemos a la arquitecta Ernestina Fuenmayor Machado que tuvo la bondad de investigar el dato en aquella nación. Exactamente igual al destino de Rafael Bolívar Coronado, aragüeño también, que murió en Barcelona, España en 1924.

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