El Gobierno del presidente Nicolás Maduro ha obtenido resultados efectivos en la contención de la enfermedad y en la protección de su pueblo

**El Gobierno venezolano, con el diseño de un plan propio para gestionar la crisis pandémica y apoyado en los modelos de China, Cuba, Rusia y otros países, ha obtenido resultados efectivos en la contención de la enfermedad y en la protección de su pueblo**

CIUDAD MCY.- Ya han transcurrido los 365 días y lamentablemente todavía no se cuenta con un plan de acción mundial. Hace un año que se vive en una pandemia, que colocó en el centro todo aquello que hasta entonces estaba en la periferia y visibilizó el vínculo umbilical entre la crisis capitalista y la socioecológica, los supuestos modelos de desarrollo y la salud, dejando a la exposición las enormes desigualdades sociales entre personas y entre países.

La pandemia de la Covid-19 es incomparable con otras; sabemos que cambiará el mundo, pero no tenemos certeza de cómo ni hacia dónde. En esta pandemia de incertidumbres, pensadores y filósofos se arriesgaron a predicciones que variaban entre el fin del capitalismo, inauditas teorías conspirativas y futuros sombríos de más aislamiento e individualismo.

Todas estas predicciones tienen algo en común: carecen de evidencias. Seguramente no haya un modelo único de sociedad para después de la peste y, entonces, lo que haría falta son pensamientos serios y fundados con perspectiva histórica y social. Porque no cabe duda de que el mundo será muy distinto y los problemas fundamentales serán el desempleo, el hambre y la necesidad de alimentar a millones y millones en todo el orbe.

PANDEMIA DE LO EVIDENTE

La pandemia llenó al mundo de obviedades. Una lección que se debe aprender es invertir más en los sistemas de salud pública, sobre todo después del escándalo de los negocios de las trasnacionales farmacéuticas y el acaparamiento de las vacunas por los países más ricos, que parecen no tener en su vocabulario la palabra solidaridad o creen que ésta sólo se trata de un sindicato polaco anticomunista.

Aunque todos los seres humanos son potenciales alojadores del virus, éste no es democrático en dos aspectos fundamentales, ya que supone un mayor riesgo para algunas personas y sus impactos económicos no se sentirán por igual en todas las partes del mundo, recayendo especialmente sobre los países en desarrollo.

La crisis ha demostrado el grave peligro que supone el ocaso del multilateralismo y la desunión mundial. Se han perdido muchas vidas debido a la incapacidad de los líderes mundiales –y de cada país– para trabajar juntos. Quedó al desnudo lo fracturado que está el sistema internacional y reveló lo peligrosa que es esta situación.

Los optimistas esperan que la pandemia haya servido como campanada de atención para la humanidad. Hay un nacionalismo mal entendido y difundido: el nacionalismo significa cuidar a tus compatriotas, no odiar a los extranjeros. Si todos los países cooperan, existe la posibilidad de que la Covid-19 sea la última gran pandemia de la historia.

INEFICACIA DEL NEOLIBERALISMO ESTADOUNIDENSE Y EUROPEO

China fue un claro ejemplo de movilización monumental de recursos tecnológicos y humanos para atacar un virus que no se había visto nunca.

Los gobiernos europeos cuestionaron las radicales decisiones que tomó el Gigante Asiático para salvarle la vida a millones de personas y ridiculizaron el impacto sanitario de la pandemia.

Estados Unidos acompañó la posición del viejo continente con un elemento adicional, aprovechar la adversidad por la que pasaba su principal rival financiero para activar su aparato propagandístico contra China e imponer matrices que lo dañaran aún más. Una dosis de la “sana” competencia estadounidense que estamos acostumbrados a ver. Ahora, ambos actores geopolíticos son presas de la misma desventura que, meses atrás, enfrentó China.

Por eso, prestar atención a las medidas ensayadas por el gobierno chino, observadas y avaladas por la Organización Mundial de la Salud, fue para Venezuela de vital importancia en aras de definir una estrategia propia para encarar con anticipación la pandemia.

LA VENEZUELA AGREDIDA MITIGA IMPACTO DE LA COVID-19

No ocurrió en el llamado “primer mundo”, para sorpresa de quienes lo idealizan. Ocurrió en una de las pocas naciones que combaten las agresiones multiformes, permanentes y sistemáticas de Estados Unidos y sus satélites.

El Gobierno venezolano, con el diseño de un plan propio para gestionar la crisis pandémica y apoyado en los modelos de China, Cuba, Rusia y otros, ha obtenido resultados efectivos en la contención de la enfermedad y en la protección de su pueblo.

El 13 de marzo de 2020 se confirmaron en el país los dos primeros casos de contagio por Covid-19, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó la suspensión de actividades escolares y públicas en todo el territorio nacional e inmediatamente instó a usar el tapabocas y mantener el distanciamiento social.

Seguidamente, el Jefe de Estado creó la Comisión Presidencial para la Prevención de la Covid-19, que de manera organizada desplegó a los médicos en frontera para atender a los venezolanos provenientes de Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, entre otros países, para tener un mayor control de la pandemia.

Tras tres meses de cuarentena radical, el 1° de junio de ese mismo año, el presidente Maduro creó el método 7+7, que consiste en la activación de los sectores económicos durante una semana para luego ir a siete días de cuarentena radical.

Este plan, único, ha permitido un balance entre lo económico, social y sanitario, a diferencia de otros países como Estados Unidos y Brasil que subestimaron la pandemia y se encuentran en los primeros puestos de países más afectados por la Covid-19.

El gobierno del presidente Maduro tiene la experiencia de un lustro de embargos, bloqueos y conspiraciones golpistas que lo han puesto a trabajar con los mínimos recursos y con máxima alerta de seguridad.

Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y el Carnet de la Patria son expresiones de ello, instrumentos que vinieron a completar el espectro de organizaciones del chavismo como los consejos comunales y las comunas. En esta coyuntura, reafirman el modelo de organización comunitaria y apoyo mutuo que ha sido fundamental para la supervivencia de los venezolanos en los últimos años.

Todas las agresiones por las que ha pasado el país han preparado a la población venezolana y al Gobierno Bolivariano para enfrentar situaciones extraordinarias como esta. No es necesario salir a desbordar los comercios con compras nerviosas para tener suministros durante la cuarentena, porque la organización popular, impulsada por el chavismo, ha hecho más eficaz la articulación a lo interno del territorio.

LA FALTA DE SENTIDO COMÚN DEL CAPITALISMO

Lo ha dicho el presidente Maduro en varias ocasiones: “La vida no será la misma después de la pandemia”. Esta reflexión bien puede utilizarse para comprender que la expansión global de un virus estimuló aún más la crisis sistémica del capitalismo.

La moribunda hegemonía imperial de Estados Unidos y el mundo multipolar, del que Venezuela es representante en la región latinoamericana, son obligados por el desarrollo de los recientes acontecimientos a disputar su validez histórica sin apariencias.

Aquellos Estados que practican un modelo que responde a la influencia destructiva del capital no pueden esperar tener estabilidad, pero los países que eligieron el modelo que resguarda la vida por encima de cualquier otra aspiración prevalecerán cohesionados en el tiempo y estarán en la posibilidad de imponer un relato distinto al de las potencias occidentales. De ese lado se encuentra Venezuela.

MARCOS GAVIDIA