**“No será un orden mundial agotado y caduco lo que pueda salvar a la humanidad y crear las condiciones naturales indispensables para una vida digna y decorosa en el planeta. (…) No se trata de una cuestión ideológica; es ya una cuestión de vida o muerte para la especie humana”. Fidel Castro Ruz**

CIUDAD MCY.- Hace un año, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) instauró el estatus de pandemia y la muerte desoló ciudades europeas y asiáticas, se veía lejana la posibilidad de una solución inmunitaria contra el Covid-19. La sensación era de abandono en un mundo movido por la desigualdad y la crisis existencial del sistema capitalista, una zozobra que auguraba tiempos peores.

Así pareció ser hasta que Pfizer, Moderna y AstraZeneca fueron exhibidos como el gran ejemplo civilizatorio de la innovación científica al hacerse presentes en un momento crítico en favor de la salud de toda la especie humana. Las grandes corporaciones mediáticas occidentales, hicieron el trabajo de mostrar “las bondades” del gran conglomerado mundial del sacrosanto negocio farmacéutico.

La Big Pharma (la más rentable de todas las industrias), una vez más, apuntó a los corazones angustiados y esperanzados de millones de personas en el mundo, sobre todo aquella porción que es capaz de acaparar más del 80% de las dosis disponibles en el mercado. Con los meses se conocían los resultados de los ensayos clínicos de las vacunas corporativas, generando grandes expectativas: los millonarios negocios (primero) y la atención a la salud (después) en Estados Unidos y Europa, ante una clara y demostrable diferencia con países como China y Rusia que desarrollaban sus propias vacunas.

NEOLIBERALISMO VS ESTADOS SOBERANOS

Comenzó una carrera multipolar por las vacunas contra el Covid-19 que generaron estrategias diversas: Pfizer, aunque usó fondos privados para el desarrollo de su vacuna, se benefició de pedidos anticipados y garantizados de 2 mil millones de dólares por parte del Gobierno estadounidense y utilizó tecnología de BioNTech, financiada con dinero público alemán; Moderna recibió 2 mil 500 millones de dólares en ayudas del Gobierno de EEUU; AstraZéneca se benefició de un laboratorio financiado por el Gobierno británico en la universidad pública de Oxford para generar una vacuna de acceso “libre”, sin patente y con precios bajos que no cumplieron; diversos institutos públicos rusos y chinos comenzaron a desarrollar sus propias vacunas, destacándose sobre todo la Sputnik V del Instituto Gamaleya.

Se hizo evidente la división de procederes: los monstruos farmacéuticos corporativos se han caracterizado por beneficiarse de fondos e infraestructuras estatales/públicos en beneficio económico privado, mientras que los países contrarios al modelo lucrativo desarrollan soberanamente sus vacunas con intenciones de ofrecerlas de manera accesible a los países más pobres del planeta. De hecho, EEUU quedó en comprobable evidencia al disuadir a los países de adquirir la Sputnik V, aunque sin éxito total, se ha cristalizado una campaña de propaganda difamatoria donde se distribuya la vacuna rusa.

La pugna por el mercado de la vacuna contra la Covid-19 tiene un alto impacto económico, si se toman en cuenta unas recientes declaraciones del presidente Vladimir Putin, sugiriendo que en Occidente han querido difamar los esfuerzos científicos de Rusia porque se estima que la pelea es por un negocio que supera los 100 mil millones de dólares.

Es notable que Estados Unidos promociona sobre todo la vacuna de Pfizer, pero las de Moderna y AstraZeneca también tienen apoyo mediático y político. Aunque no por mucho tiempo para esta última.

Ya son varios los países europeos y otros los que suspendieron el uso de la vacuna creada por Oxford/AstraZeneca. Aunque todavía no hay resultados concluyentes de estudios que determinen la relación directa entre la vacuna y los coágulos en la sangre encontrado entre vacunados, la situación no deja de ser tensa, generando un drama que pone en aprietos el prestigio y participación en el negocio de esta farmacéutica, una de las mayores beneficiadas de dinero público.

VACUNARSE CONTRA EL EGOÍSMO, LA DESIGUALDAD Y LA INTIMIDACIÓN

Solidaridad y justicia siguen siendo palabras en desuso, aun cuando la catástrofe compete a todos, como un gran Titanic universal. Un virus removió los miedos, estremeció sociedades y los sistemas de salud, provocando un sinnúmero de reflexiones, pero no ha logrado que reine la equidad, la sensibilidad, respeto y amor por el prójimo.

Con bombos y platillos se había anunciado hace unos meses que el fin de la pandemia significaría un «nuevo comienzo», algo bastante indefinido para América Latina, que ya no se producirá en este 2021, toda vez que la mutación del virus ha producido variantes que tienen a Brasil como el epicentro más reconocido ante la alarma de la OMS que ha declarado emergencia sanitaria para toda la región.

Por otra parte, hasta el momento la vacunación en América Latina y el Caribe alcanza 2,8% de su población, mientras que en el resto del mundo no llega a 5%. Esa cifra es muy baja si nos atenemos a que la población de la región es 8,1% del total del planeta.

Para los que todavía creen que la vida humana y la paz tienen algo de importancia para las empresas transnacionales y las potencias capitalistas, basta hacer una revisión de las condiciones que se imponen para el suministro de las vacunas.

La Pfizer ha intimidado a los gobiernos latinoamericanos en las negociaciones para venderles la vacuna contra el Covid-19. La firma exigió a algunos países que pongan activos soberanos, tales como edificios de embajadas y hasta bases militares en calidad de garantía para reembolsar los costos de posibles demandas en el futuro.

Estos requisitos impuestos en la «negociación» llevaron a que Argentina y Brasil rechazaran comprar la vacuna de esta empresa. No obstante, los acuerdos para obtenerla están cubiertos por cláusulas de confidencialidad que se conocieron por el escándalo que significa que Pfizer obligara a una serie de indemnizaciones contra reclamaciones civiles, tanto por efectos adversos de la vacuna como por su propia negligencia.

Es así que la empresa estadounidense exige que sean los gobiernos los que paguen los costos potenciales de litigios que se puedan iniciar por negligencia, fraude o malicia. Esto incluye la garantía de las empresas que se cubren para el caso en que bajo su responsabilidad se interrumpa la cadena de frío, se entreguen las vacunas incorrectas o si las mismas se dañan. También, si se provoca la muerte, discapacidad o una enfermedad anexa al paciente. Es decir, son los gobiernos los que deben cancelar por los errores de las empresas si se entablan reclamaciones a las empresas ante la justicia.

Estas condiciones, que ponen en primer lugar los intereses de las empresas y en un segundo plano la salud de los ciudadanos, fueron aceptadas por Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Panamá, Perú y Uruguay, gobernados por la derecha neoliberal y lamentablemente también por México, sin que se conozcan con certeza los términos de los acuerdos.

CHINA, UNA ESPERANZA

De otra parte y en una actitud francamente distinta, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha anunciado que su país seguirá promoviendo una distribución equitativa de las vacunas, poniendo en primer término la seguridad y eficacia de las mismas, por lo que ha instado a las empresas productoras del país a llevar adelante las investigaciones y desarrollo de las vacunas en estricta aprobación de los métodos científicos y los requisitos reguladores.

De la misma manera, China se ha comprometido a hacer de las vacunas contra el Covid-19 bienes públicos mundiales, y ha proporcionado y está proporcionando ayuda en vacunas a 53 países, al mismo tiempo que farmacéuticas chinas están exportando los medicamentos a otros 27 países, entre ellos once de América Latina, sin ningún tipo de condicionante.

Lo cierto es que el manejo de la pandemia, las prioridades en la atención de los ciudadanos para salvaguardar su vida, la decisión sobre el uso de recursos de todo tipo para enfrentar el virus, producir y distribuir la vacuna, puso sobre el tapete los fundamentos filosóficos sobre los cual los gobiernos se preocupan o no de garantizar el derecho a la salud y a la vida de todos los ciudadanos como manda la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.

MARCOS GAVIDIA