**La gran maquinaria financiera, comercial y mediática convirtió a la metrópolis de la Florida en una capital para que sus poderes fácticos estructuren falsas narrativas, exporten violencia criminal, además de contar con recursos para instrumentalizar medidas coercitivas unilaterales contra Estados soberanos**

CIUDAD MCY.- La metrópolis del estado de La Florida, en Estados Unidos, ha funcionado como eje en distintas operaciones para “cambio de régimen» contra países. A partir de hechos recientes, y no tanto, su enclave El Doral ha sido catalogado como el lugar predilecto para los aspirantes a «libertadores» y sicarios a sueldo.

Es de historia reciente su fama como el refugio mayamero para políticos latinoamericanos acusados o implicados en delitos de corrupción. En ese sentido, no ha habido mayor distinción respecto a su nacionalidad ni a los niveles jerárquicos que incluyen a exgobernadores, exministros y hasta expresidentes.

También allá se construyen noticias falsas y conspiraciones en eventos públicos de ultraderecha llamando a golpes e intervenciones, como el supuesto Foro Defensa de la Democracia en las Américas realizado en mayo pasado con la presencia de expresidentes que dejaron el poder con menos de 5% de aceptación como Macri de Argentina, Pastrana de Colombia, y Solís de Costa Rica. Lenín Moreno, expresidente de Ecuador y nefasto manejador de la pandemia, acusó desde suelo gringo al presidente venezolano Nicolás Maduro de las protestas en Colombia.

La lista es larga, pero no se trata de la única actividad amparada en ese territorio, considerada una ciudad global por su importancia para la actividad especulativa del capital transnacional, también se instrumentan aventuras antipolíticas porque fondos sobran, y si no sobran se saquean en los desarrollos urbanísticos que sirven de lavandería de dinero, sin verificar su procedencia.

La gran maquinaria financiera, comercial y mediática convirtió a la metrópolis de la Florida en una capital para que sus poderes fácticos estructuren falsas narrativas, exporten violencia criminal, además de contar con recursos para instrumentalizar medidas coercitivas unilaterales contra Estados soberanos.

El impacto de tales episodios es tal que se han convertido en políticas que han logrado cambiar el curso de la historia en algunos países. Veamos los casos más recientes.

ROBO Y MENTIRAS EN NICARAGUA

En julio de 2019 tres miembros de la junta directiva de la llamada Asociación Nicaragüense Pro-Derechos Humanos (Anpdh) acusaban a su exsecretario ejecutivo ahora «asilado» en Costa Rica, Álvaro Leiva, de robar hasta medio millón de dólares del dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Estos fondos fueron recibidos entre 2017 y 2019 desde la National Endowment for Democracy (NED), el National Democratic Institute (NDI) y Open Society, entes internacionales alineados a procesos de desestabilización de gobiernos de izquierda en Latinoamérica.

A Leiva se le acusó además de inflar el número de muertos durante el intento de golpe de Estado de 2018 para pedir más recursos a los donantes norteamericanos.

Con el fin de desestabilizar tanto la política interna de Nicaragua como sus relaciones internacionales, desde Miami se instrumentó la acostumbrada narrativa de «Estado fallido» utilizando cifras infladas por la Anpdh, afirmando que en los cuatro meses que duró la escalada violenta enmascarada de protestas hubo más de 400 muertos. Esta cifra excedía a la real, publicada por la Comisión de la Verdad, Justicia y Paz, en al menos 150 muertes y, además, culpaba falsamente al gobierno de cada deceso.

GEDEÓN, INCURSIÓN FALLIDA A VENEZUELA

En el fragor de la campaña presidencial de 2020, el entonces candidato republicano y presidente estadounidense Donald Trump dio un discurso a los venezolanos en Miami. En ese evento de febrero, el magnate habló por más de una hora afirmando que «los días del socialismo y el comunismo están contados, no sólo en Venezuela, sino también en Cuba y Nicaragua».

El 3 de mayo, aun cuando el Gobierno venezolano había advertido sobre campos de entrenamiento de mercenarios en territorio colombiano, ocurre la fallida incursión de 47 venezolanos exiliados y dos antiguos miembros de las fuerzas especiales del ejército estadounidense que resultaron detenidos; también hubo ocho muertos.

El objetivo de la Operación Gedeón era capturar, detener o remover al presidente Nicolás Maduro, tumbar al gobierno y poner al entonces diputado Juan Guaidó como presidente escogido por EEUU. La base de la operación fue Colombia, específicamente La Guajira, pero la concreción del acuerdo que propició los hechos tuvo lugar en el campo de golf del Red Course en El Doral Resort.

TRAMA MAGNICIDA EN HAITÍ

La ciudad-puerto que alberga a más bancos internacionales de todo EEUU también ha sido factor clave en el magnicidio del presidente haitiano Jovenel Moïse, ocurrido durante la madrugada del pasado 7 de julio.

Un venezolano radicado en Miami, Antonio Intriago, fue el reclutador de los mercenarios colombianos arrestados en Puerto Príncipe por el asesinato de Moïse y por graves lesiones a su esposa. Medios como La Nueva Prensa han revelado su nexo con el presidente de Colombia Iván Duque en el marco del concierto en Cúcuta, en cuya organización participaron ambos.

Intriago es propietario de varias empresas inscritas en el estado de Florida, entre ellas Venezuela Somos Todos, co-organizadora del concierto, y CTU Security (Counter Terrorist Unit Federal Academy LLC), contratista de los mercenarios colombianos involucrados.

Testigos afirman que el empresario compartió con Duque y Guaidó durante el evento al que este último llegó de la mano de líderes del grupo armado organizado narcoparamilitar Los Rastrojos, hecho que fue poco difundido por la prensa cartelizada de Miami. También se difundió poco el Cucutazo, desfalco a los fondos que debían ser utilizados para labores humanitarias y por los cuales la Usaid todavía pregunta.

LA PERMANENTE GESTA TÓXICA CONTRA CUBA

Estados Unidos ha persistido con un férreo bloqueo a la isla y este ha sido instrumentado desde el sur de Florida junto a un inclemente ataque mediático y acciones terroristas de diversas intensidades.

Aun cuando Cuba ha manejado de manera exitosa la pandemia manteniendo tasas de contagios y fallecimientos relativamente bajas, la presencia de variantes más virulentas ha causado un repunte de casos que ha provocado que la infraestructura sanitaria se haya visto rebasada. De esta manera se ha requerido del envío de personal de salud de otras provincias y peticiones de ayuda solidaria y donaciones.

Las plataformas mediáticas al servicio de intereses coloniales, y financiadas por las mismas agencias injerencistas, saturaron las redes con noticias falsas y señalamientos al gobierno por rechazar su exigencia de abrir un corredor humanitario o la intervención de organizaciones sanitarias internacionales.

Desde hace al menos dos años se ha venido gestando, con apoyo desde Florida, el Movimiento San Isidro (MSI), anclado en la movida cultural cubana, que surgió a partir de algunas revueltas artísticas ocurridas en 2018. Debido a medidas polémicas propuestas por el gobierno hacia el medio cultural se conformaron los elementos ya conocidos en intentos de golpes blandos.

Otro de los actores principales de la más reciente oleada de color es otra ONG: Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), fundada por José Daniel Ferrer García y financiada en 2011 por la Fundación Nacional Cubano-Americana con sede en Miami.

Otros activistas del MSI que viven en Cuba, como Denis Solís González, han reconocido vínculos con terroristas radicados en Miami como Jorge Luis Fernández Figueras, acusado por la justicia cubana por pertenecer al grupo paramilitar Lobos Solitarios. Maykel Osorbo no ha seguido la línea de que la canción es un llamado a la paz y ha declarado que es «un himno de guerra», además de declarar: «Yo soy partidario ahora mismo de una invasión. ¿Van a invadir Cuba? Vengan para acá».

Mientras dentro y fuera de Estados Unidos los poderosos medios cartelizados acallan a las diversas organizaciones y entes que piden fin al bloqueo, los artistas al servicio de esos medios viajan a países como España a halagar su «libertad de expresión», eso sí, no se vale mencionar a raperos apresados en otras latitudes como el catalán Pablo Hasel.

MARCOS GAVIDIA