Roberto Malaver

Cuando salía del aeropuerto de Maiquetía, después de viajar al país de Nambia (un país que inventó el presidente Trump, pero para no decirle que no existía crearon uno que dentro de poco Trump invadirá, o le enviará un bombardeo para destruirlo totalmente), visualicé una cola donde se encontraba mi amigo Taylor Kellogg Pérez. Me acerqué para saludarlo y después me dijo:

–Esta es la cola de los corruptos. Aquí todos traficaron y robaron dólares a placer y ahora, en vista de las sanciones de Trump y las investigaciones del poeta Tarek, estamos dispuestos a huir a cualquier país.

–Y ¿qué tienen que ver las sanciones de Trump con las sanciones de Tarek? –nótese la ingenuidad de la pregunta.

–Que es mejor irse ahorita, antes de que apliquen las sanciones de Trump, porque después no podemos salir y nos quedamos presos trabajando para los pranes en las cárceles.

–Y ¿lo tuyo es muy grave?

–Una bagatela. Una empresa de maletín que monté y solicité cien mil dólares para traer peines sacapiojos, y lo peor fue que me los dieron. Y no encontré ninguno de esos peines para traerlos.

A su lado estaban tres chamos que quisieron participar en el diálogo, o mejor dicho, en la exploración, como ahora llama la oposición al diálogo.

–Nosotros viajamos a estudiar inglés en Islandia, y estábamos becados allá bonchando, y nos venimos, y ahora el régimen nos quiere cobrar los dólares que nos pertenecen, porque el petróleo es nuestro.

Dijo un chamo con una cara de inteligente que dejó olvidada en su casa. Otro dijo: “Viajé varias veces a Aruba a raspar cupos, pero eso se puede perdonar, lo que pasa es que dicen que ese fiscal viene con todo y así no se vale, uno quiere ayudar al país y ese hombre no lo deja”.

Mientras oía el diálogo, o la exploración de los chamos, mi amigo Taylor Kellogg Pérez saludaba a otros de sus colegas que venían llegando a la cola que crecía rápidamente.

–Hay 900 empresas químicas implicadas en operaciones dudosas –le dije a Taylor.

–Ahí no hay ninguna duda, amigo, esas empresas recibían dólares y los convertían en oro, es decir no traían nada y vendían los dólares en el mercado negro y después tú veías a sus ejecutivos viajando a todas partes del mundo y en esos carruajes de lujo.

Ante tanta sinceridad, abandoné la cola.

@RobertoMalaver