RAFAEL CHACÓN

Estamos en tiempos de Constituyente, tiempos de Revolución, tiempos de Socialismo a la bolivariana, tiempos de la Asamblea Nacional Constituyente, la cual aprobó recientemente y de manera unánime el decreto para el impulso de la Constituyente Educativa, cuyo planteamiento nos lleva a una remembranza del año 1999 cuando se impulsó a través del Frente Constituyente de la Educación, Movimiento Base Magisterial y otros movimientos de base, el debate nacional que conllevó a la elaboración de propuestas que quedaron enmarcadas en la actual Constitución, entre ellas: la dignificación del docente, la educación concebida como un derecho humano y la estabilidad de la profesión docente.

Pero el proceso constituyente no solo quedó plasmado en la actual Constitución, sino que, a partir de ahí, se construyó todo un andamiaje que se resume en la concepción del Sistema de Educación Bolivariana, esta entendida como un continuo humano, de interacción con los ejes del saber, hacer y convivir, para el desarrollo del ser social soberano, la educación para la descolonización, la desfragmentación del conocimiento, una educación popular para la formación permanente, por y para la vida, para el acceso de todos, para el desarrollo de la sociedad y para la mayor suma de felicidad.

Hoy nos encontramos en una segunda etapa de la Constituyente Educativa, cuyas propuestas ya han venido surgiendo de diferentes debates y encuentros del movimiento estudiantil, de los trabajadores de la educación y de la comunidad en general. Entre ellas la necesidad de constitucionalizar los estudios de postgrado, partiendo de la experiencia de la Micro-misión Simón Rodríguez, se plantea la necesidad de una nueva cultura del trabajo, que convierta a la escuela en una escuela productiva, bajo el principio rodrigueano del “aprender haciendo”, para contribuir al desarrollo del modelo productivo socialista por y para el trabajo liberador.