Oldman Botello

Manuel María Sandoval era de Güigüe, de una antigua familia de ese pueblo carabobeño, avecindada desde el siglo XVIII; nació en la quinta década del siglo XIX y falleció en Maracay en 1933.

En la capital de Aragua se dedicó al comercio con buen suceso y era dueño de la hacienda Macapo, en territorio de Aragua (de Magdaleno) y limítrofe con el estado Carabobo (municipio Carlos Arvelo), hacienda que luego perteneció al industrial Eugenio Mendoza Goiticoa y creo que hoy a sus descendientes. Don Manuel María era general. Desde el tiempo guzmancista militó en las filas de la milicia y las últimas “revoluciones” en las que participó fueron la Legalista, en 1892 al lado de exconservadores como el general Martín Vegas, y en la Libertadora, en contra del gobierno del general Cipriano Castro y que luego de concluida con la batalla de Ciudad Bolívar en 1903 pagó sus culpas en prisión, donde no duró mucho tiempo. Desde entonces no se mezcló más en política y se dedicó a sus negocios del comercio, agricultura y ganadería.

El Catire Sandoval, como lo llamaban por su color blanco, era un hombre de muy mal carácter, áspero, que le “soltaba las patas” al más pintado como se verá en la siguiente anécdota. Don Ángel Meyer Agráez, de La Victoria, su yerno, que fue concejal en Maracay y ocupó otras funciones oficiales además del ejercicio de la escritura histórica, refiere que el general Sandoval era de “carácter franco y rudo, de una rudeza que rayaba a veces en la violencia”. La anécdota en cuestión es la siguiente, verídica y con testigos: en una ocasión estaba en Macapo el general Gómez negociando unos novillos con el general Sandoval, que era su amigo y a quien defendía a capa y espada cuando le llegaban chismes que lo vinculaban a movimientos conspirativos. No se tranzaban los dos. Sandoval pedía 40 pesos por cada novillo y el general Gómez ofrecía, como buen regateador, solo 30 pesos (120 bolívares por res). En eso estaban cuando de espectador se hallaba don Antonio Pimentel, también ganadero y agricultor, compadre y amigo íntimo del general Gómez, quien cansado de la puja, intervino y le zumbó al general Sandoval: “Usted debe aceptar el precio que le ofrece el general Gómez, porque se trata del Presidente de la República”, a lo que muy indignado y echando chispas replicó el Catire: “¡No sea entrépito! Y entienda usted que yo no estoy haciendo negocio con el Presidente de la República, sino con el general Juan Vicente Gómez, que en este caso no es sino un cliente como cualquier otro”. Al escuchar estas gruesas palabras, el general Gómez se limitó a decir a Pimentel “-¡Chúpese esa, compadre!”.

El incidente quedó tablas porque las reses fueron compradas por el general Gómez a 35 pesos. Don Antonio Pimentel se fue con las cajas destempladas.

Don Manuel María Sandoval formó un primer hogar con una dama de apellido Escorcha y fue el jerarca de un distinguida familia maracayera; fueron sus hijos Carlos y Elena Sandoval Escorcha; también fueron hijos suyos Ismael Sandoval Díaz, Rafael Elías Sandoval Díaz, Lucinda, Carmen, Alicia, Víctor, Isabel, Rosa y Rafael Antonio Sandoval Díaz. Entre los descendientes de esta familia figuran los médicos fallecidos Gustavo Sandoval Olmedo y Carlos Sierra Sandoval; el arquitecto Jesús Sandoval Parra, codiseñador del Teatro Teresa Carreño; el periodista y filósofo Luis Alfredo Sandoval; el torero Vitico Sandoval; don Carlos Sandoval, fundador de la Cámara de Comercio del estado Aragua; Luis Elías Sandoval, piloto civil que pereció en accidente aéreo sobre Caracas; fue yerno de don Rafael María la persona que refirió la anécdota mencionada, don Ángel Meyer Agráez, casado con doña Carmen Sandoval Díaz.
Los Sandoval son una familia abundante, distinguida y muy maracayera.

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