Para Maruja, el trabajo sociocultural nunca tuvo límites ni fronteras

CIUDAD MCY.-En horas de la tarde del martes 26 de septiembre de 2017, un mensaje de texto corrió como pólvora desde un teléfono móvil a otro en la ciudad de Maracay y áreas circunvecinas, transmitiendo una aciaga noticia en tan solo una frase: Se nos fue Maruja.

Al momento, miles de imágenes cruzaron por la mente de todo aquel que tuvo la oportunidad de conocer a una de las promotoras culturales más emblemáticas del estado Aragua.

Sus inicios
Maruja Flores nació en El Limón, municipio Mario Briceño Iragorry del estado Aragua, el 17 de junio 1945, artesana por tradición familiar, descendiente de la última generación de la recordada industria casera.

Todos sus familiares fueron gerentes y productores de la confección de ropa para damas y caballeros, zapatos, tabacos, tejidos, granjería, panadería, pintura casera (asbestina), carpintería, entre otros rubros.

En el año 1972, incursionó en el mundo del cuero y en forma autodidacta, solamente recordando lo que vio de niña en sus padres, abuelas y tíos, se destacó en el oficio de la artesanía del cuero, haciendo carteras, bolsos, esterillas para automóviles, sandalias, correas, billeteras, carpetas para escritorios, trajes de baño, lo cual lo identificaba como Artesanía Higuaraya.

Los orígenes de Higuaraya
Un buen día, pasando por la Maestranza César Girón de Maracay, Maruja encontró un local desocupado en la Mezquita Sur e inmediatamente solicitó el espacio para montar el taller de exposición y venta de artículos en cuero, con la finalidad de que sus excedentes fueran para autogestionar actividades culturales dirigidas a toda la colectividad.

Tras la aprobación de la solicitud –por parte de la Cámara de Girardot– fue inaugurado el 17 de julio de 1974 el local Artesanía Higuaraya, e inmediatamente comenzó la proyección y difusión artesanal.

Fueron muchos los éxitos logrados en sus inicios y a los nueve meses de inaugurado el espacio, se dio la oportunidad de presentar la Exposición de Turismo Cultural Cuba Linda directamente desde La Habana.

Siempre en defensa del gremio artesanal
En 1975, Maruja sintió la necesidad de encontrarse con sus colegas artesanos, por lo que instaló la Exposición Colectiva de Artesanía y Pequeña Industria del estado Aragua en la Casa de la Cultura de Maracay, que sirvió de marco para la entrega de créditos artesanales.

Esta actividad la convirtió en líder, y en ese año fue delegada por el estado Aragua en el I Foro Nacional de Mujeres Industriales y Artesanas, celebrado durante seis días en el Hotel Hilton en Caracas con la participación de 2 mil 500 artesanas.

Un año después fue invitada a participar en la exposición artesanal con motivo de los 450 años de la ciudad de Coro y ganó el premio como la mejor muestra, cuyo trofeo le fue entregado por Alfredo Sadel y Morella Muñoz.

A partir de allí participó aproximadamente casi dos décadas en el Congreso de Fedeindustria, siempre como artesana defensora del gremio, logrando varios créditos para gente necesitada y la creación de cooperativas artesanales.

Arte para proyectar nuestra identidad
Después de once años, Maruja incursionó en la fabricación de tapices (técnica wayúu), siempre utilizando en sus diseños los petroglifos, piezas prehispánicas y del folclore de Venezuela, la flora y la fauna, una manera de proyectar nuestra identidad y dar características de artesanía venezolana.

Como artesana en la técnica del cuero, ocupó espacios y premios importantes en este oficio, entre ellos el III Salón de Arte de Cantv, Mención Honorifica.

Por razones de salud, dejó este oficio y se dedicó al tejido, expresión que le dio muchas satisfacciones, ya que esta técnica le permitió recorrer parte de la geografía nacional y traspasar nuestras fronteras: Suecia (Estocolmo y Norrkoping, 1992), Bogotá (1989), París (2006) y Cuba (La Habana Vieja, Matanza y Villa Clara, 2007-2008).

Durante su periplo, a Maruja le tocó exponer y dictar talleres sobre la técnica del tejido wayúu. Específicamente en la isla de Cuba quedaron cinco tapices que fueron tejidos por 30 tejedoras que ella misma capacitó, como patrimonio cultural de La Habana por tratarse de íconos emblemáticos que diseñó tanto en dibujo como en color.

Creadora de un proyecto multidisciplinario
Su trabajo manual siempre lo combinó con otras áreas, logrando integrar y mantener un proyecto multidisciplinario, en donde se pudo apreciar la danza, la música, la poesía, el teatro, el audiovisual y el arte culinario reunidos en un mismo escenario.

Para Maruja, el trabajo sociocultural nunca tuvo límites ni fronteras, pues siempre pregonó un eslogan que –a su juicio– le abrió muchas puertas, lenguajes y sentimientos: La artesanía y la cultura unen las almas de los pueblos.

Por lo tanto, el Centro Cultural Higuaraya Capanaparo, ubicado en la Mezquita Sur de la Maestranza César Girón, es y será por siempre una casa grande para la amistad fraterna, la música, la poesía, el teatro, los títeres, la danza, la artesanía y todo tipo de expresión cultural y formativa que reafirme nuestra venezolanidad.

RAFAEL ORTEGA