OLDMAN BOTELLO

No emergía todavía del subsuelo el chorro petrolero y Venezuela se arropaba hasta donde alcanzaba la cobija. Desde 1914 comenzó una paulatina construcción de carreteras que signarían hasta su fin al Gobierno de la Rehabilitación Nacional (1908-1935). Una de estas arterias que comunicaría al centro con el abandonado traspaís de Los Andes fue la Trasandina y la carretera de Occidente. Pero también la de Los Llanos que comenzó en el primer gobierno de Guzmán Blanco, hacia 1876-1877 y solo llegó hasta Uverito, sector y hato entre la actual capital guariqueña y Parapara. Fue toda una odisea sortear cerros, colinas, riachuelos, monte; hubo líos entre los ingenieros Federico Urbano, que diseñó la carretera desde Uverito hasta Calabozo, y Gualterio Chitty, que informó que esa carretera era muy costosa por donde iba el rasgo. Al final todo quedó en el aire y la obra se detuvo. Continuaría el viejo camino colonial por La Encrucijada (o Dos Caminos), Cumbito, La Ceiba, Mesa de Paya, El Caimán, El Rastro, Calabozo, más largo en 6 mil 900 metros que el nuevo trazado.

El gobierno de general Gómez, dentro de su plan carretero asesorado por destacados ingenieros de carretera que era muy pocos en el país en ese entonces, retomó esa obra que estuvo lista en el verano de 1917. Para esas obras viales en todo el país el presupuesto de MOP alcanzaba entre 6 y 7% del presupuesto nacional; cuando surgió el petróleo, subiría astronómicamente, o exponencialmente, palabreja que está de moda. Se encomendó la comisión de la Región Central y de Los Llanos a los ingenieros Manuel León Quintero y su adjunto Andrés Palacios Hernández.

La obra iría por los sitios de La Lagunita, Maniadero, Las Tablas, Carrizales, El Cocuy, Loma Alta y La Carita, un poco al este de la actual carretera. El diseño lo tomó el ingeniero villacurano Luis Eduardo Power y dirigió la obra completa el coronel Julián Correa, que fue guerrillero y sus últimos combates los libró en la Revolución Libertadora hasta 1902. Fue liberado después y se hizo amigo de confianza del general Gómez y por eso tenía encontronazos frecuentes con el ingeniero Power. Era uno de esos coroneles de carretera que se encargaban de las obras y a veces querían saber más que los ingenieros, pero a veces Correa tenía la razón. Los había en todo el país, como el coronel José Vicente Rangel, o don Pepe Rangel, padre del destacado político y periodista homónimo, que trabajó en Portuguesa, entidad que llegó a gobernar; el coronel Amadeo Campero en Aragua y otros.

Correa trabajó arduamente y dirigía frecuentes informes al Jefe del Estado sobre la marcha de la vía, independientemente de los informes del ingeniero oficial. En abril de 1917 estuvo lista de un todo la carretera desde Uverito hasta Calabozo. Por supuesto que no macadamizada, sino en terraplenes que salvaban lagunazos y esteros y mediante la construcción de puentes de madera donde eran necesarios. El general Gómez decidió efectuar la llamada Primera Gira Progreso que lo llevaría primero a los Valles del Tuy que estrenaban la vía y luego el mismo día siguieron al Guárico en una larga caravana vehicular donde iban además del general Gómez con su hijo Alí Gómez Bello de chofer, los ministros de despacho, presidentes de varios estados e invitados especiales. El general Pérez Soto, que presidía Apure, los esperaría en el hato La Rubiera, en Cazorla, propiedad del caudillo y fue la primera vez y casi única en que estuvo la vía de Calabozo al Paso del Caballo como una sedita, (el nuevo gobernador José Vásquez tiene la palabra), pero el general los embarcó, porque no llegó sino hasta Uverito y Parapara, donde se le acercó una anciana y le recordó que el general había descansado en su casa en 1902 cuando perseguía al mirandino Luciano Mendoza y al maracayero Antonio Fernández durante la llamada Revolución Libertadora.

Al regresar después de declarar inaugurada la carretera de Los Llanos, el general Gómez y su comitiva se detuvieron en Villa de Cura, en la casa de don Román González (actual calle Miranda entre Dr. Rangel y Dr. Morales, donde habitan los Arocha Hernández y los Carrillo Arocha). Don Román era dueño de la hacienda Cachicamo, hoy propiedad del belenita o beleño don Juan Colmenares. Un hijo de don Román fue condiscípulo de José Gregorio Hernández en el colegio Villegas de Caracas. El general pasó adelante y se sentó dando el frente al zaguán de entrada y vio cuando un agente de seguridad le cerraba el paso al ministro de Hacienda, Dr. Román Cárdenas, y Gómez desde adentro expresó en voz alta: “¿Y cómo le pareció la carretera doctor Cárdenas?” y enseguida el guardia se apartó para que el funcionario entrara. El episodio nos lo contó hace unos cuantos años un testigo, don Eligio Arocha, que había nacido en 1889. Así quedó inaugurada esa vía de tierra por donde también pasaron los presidentes López Contreras y Medina Angarita. El asfaltado y la división en dos del Estero de Camaguán vinieron después; la vía era por otro lado, para salir a Caño del Diablo y Guayabal antes de ir a San Fernando en tiempo de lluvias. No estaba fundado el pueblo de Uverito, establecido por el recordado sacerdote monseñor Francisco Javier Peña, el padre Pernía de la novela Casas Muertas.

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