Alcides Castillo

Resulta fuera de lugar felicitar al fiscal general de la República, Tarek William Saab, por meterle mano a la corrupción y a los corruptos, pues esa es su función. Ha demostrado, hasta ahora, que no hay privilegios ni apellidos que valgan a la hora de la justicia, pero ojalá siga así. Los ojos del mundo y del imperialismo, y sus cortesanos, valga el lugar común, ven a nuestra Patria.

Indudable que funcionarias y funcionarios que metieron mano a dinero del Estado, de todos los venezolanos, están hoy tras las rejas o prófugos de la justicia. Les llegó la hora, después de disfrutar riquezas malhabidas, de comprar a altos precios el silencio y la complicidad de diputadas y diputados, de jueces ciegos y sordos ante la jugosa comisión ofrecida. Al parecer se les acabó la “luna de miel”, el paraíso de impunidad que abarcó desde la cuarta República hasta nuestros días.

Intocables están presos o solicitados. Es la larga mano de la ley la que los solicita por los delitos cometidos. Caen las caretas, las “amistades cómplices” se esconden, no dan la cara; supuestos amigos del “Alto Gobierno” no aparecen. Así es la vida, la realidad.

Pero no todos los que están son y no son todos los que están, dice el refrán popular.
Así como se busca a Dios por todos los rincones, hay que seguir buscando a los corruptos por todas partes, incluso en el exterior, que sí existen, ciudadano fiscal Tarek, y usted lo sabe y los conoce, igual que el presidente Nicolás Maduro y la dirigencia de la Revolución.

La lucha contra ese mal que carcome a la sociedad, a los hombres y mujeres, debe continuar. Usted, señor fiscal, debe seguir buscando corruptos, privilegiados o no, por todos los rincones del país y fuera de nuestra Patria.

No están todas y todos, faltan muchos, muchísimos. No se trata de incitar a una cacería de brujas, sino de dar el ejemplo ante nuestro pueblo y ante el mundo, que la Revolución Bolivariana no es cómplice de bandidos. Quienes hoy se refugian en un “paraíso”, donde reina la impunidad, son protegidos por supuestos defensores de la honestidad.