***Dentro de las Casas de Alimentación existen mujeres que han dedicado más de once años de su vida a servirles diferentes rubros a misioneros y misioneras

CIUDAD MCY.-Las Casas de Alimentación que surgieron en el año 2004 por disposición del Comandante Hugo Chávez, nacieron de la necesidad de miles de personas en estado de vulnerabilidad en Venezuela. El Ejecutivo nacional decidió crear un proyecto social en el que participaran mujeres como madres elaboradoras y responsables de alimentar de forma equilibrada a alrededor de 200 personas por día en los distintos hogares del país.

Son mujeres que antes de incluirse en el proyecto tenían una vida totalmente diferente a la de cocinar para otras personas que no fuesen su propia familia, algunas tuvieron que abandonar su profesión, otras, sin embargo, actualmente tratan de ganarle al tiempo y se dividen entre su casa, su profesión y su vida personal.

Este último ejemplo representa la realidad de Mellys Higuera, una de las madres elaboradoras del programa nacional, quien tiene trece años en la Casa de Alimentación Primero de Mayo, ubicada en la parroquia San Juan de la capital.

Higuera aseguró que, aunque es una labor difícil y a veces piensa que no podrá con tanto trabajo, mira las caras de los misioneros y eso le da un nuevo impulso.

Su labor en las Casas de Alimentación no solo se limita a cocinar, también va de la mano con otras actividades, como el aseo, la organización y otros elementos sociales dentro del hogar, que consolidan cada labor de las féminas.

Estudió Derecho y aunque busca la forma de seguir en ejercicio de su carrera, la mayor parte de sus días se van en elaborar los platos de alimentación a personas de la tercera edad y mujeres solteras con hijos.

Esta incansable trabajadora, resaltó que durante estos años ha podido aprender a reconocer cuando una persona de verdad necesita su ayuda disponiendo de todo el apoyo para tenderle la mano.
“Uno termina conociendo la vida de estas personas, ellos te hablan y te miran como si en tus manos estuviese su alegría”, dijo. “Llega un punto en el que ya sabes que les duele o cuando están contentos”, detalló.

En la actualidad trabaja solo con otra madre elaboradora y señaló que, aunque es un trabajo “sumamente difícil cocinar para tantas personas, con poca ayuda”, al final del día, cuando piensa en los misioneros y las misioneras que alimentó “todo cobra sentido”.

Finalmente, mencionó que, desde pasta, harina, ensaladas crudas y cocidas, aceite y hasta arroz, son algunos de los rubros con los que se las ingenia para garantizarle una alimentación adecuada a las personas en estado de vulnerabilidad de su parroquia.

Información PRENSA FUNDAPROAL