ÁNGEL DANIEL GONZÁLEZ

La reconstrucción de una mayoría sólida que conscientemente asuma la tarea de apoyar y mantener en pie el Gobierno popular pasa por la resolución plena de la distorsión existente en la satisfacción de las necesidades materiales básicas. Un pueblo que gasta sus energías físicas y mentales en ver cómo resuelve la alimentación y la higiene y soporta el sometimiento a un acoso económico constante, cuenta con poco espacio de fuerza para defenderse políticamente. Esto es lo que tienen claro y mantienen como arma de batalla los políticos escuálidos que quieren volver a adueñarse del Estado para consumirlo. Se trata de los poderes fácticos, los que ostentan el poder económico y lo convierten en instrumento de presión contra el pueblo, con la única intención de que este se deprima y se vuelva contra el Gobierno bajo la forma de una gran abstención electoral, e incluso una votación en contra del chavismo y a favor de la nada, de cualquier cosa.

La manifestación inmediata, corporal y epidérmica de esta acción política es la guerra de los precios y la distribución que se mantiene contra la gente. Aquí actúa el bachaqueo, el comerciante acaparador y contrabandista y la corrupción, tanto de funcionarios del sistema de distribución de productos como de vigilancia y seguridad. Todos estos son los agentes operativos de los dueños de la plata, esos que no pasan ninguna necesidad y que serían quienes obtendrían el beneficio político si logran destruir al Gobierno. Se trata de una mafia orquestada desde los dueños de empresas y que involucra elementos dentro del propio Estado que actúan en consecuencia con esta guerra. El efecto es que la gente tiene que dejar todo el dinero que le pasa por las manos en la adquisición de tres o cuatro cosas para “resolver el día a día”, realmente con bastante dificultad. La gente puede ver con sus ojos los productos en la calle, pero no están a la disposición común. Es decir, los productos están, existen, pero están secuestrados por un entramado perverso de personas dedicadas a ganar dinero a costa del sometimiento del pueblo, de la extorsión, del robo descarado que tiene, finalmente, la doble intención de enriquecer y, al mismo tiempo, derrumbar el apoyo al Gobierno.

Gente de una clase que trabaja sucio para otra clase: la historia del capitalismo.

El Gobierno depende de la solución efectiva de esta situación. Los productos deben llegar con más facilidad a los hogares. Y esto pasa por desarticular con decisión y eficacia las mafias enquistadas en toda la estructura económica. La gente debe sentir que se está solucionando el problema que la ata, que la angustia y que la somete. Sentirlo en la realidad y sentirlo en la esperanza. La política es una cuestión de esperanza, pero no una esperanza de fe, sino una esperanza con base material, con efectos tangibles en la realidad inmediata. La guerra es violenta y continua. Absolutamente todos los esfuerzos materiales, económicos, logísticos y políticos deben estar concentrados en esta tarea urgente. Todos. Vacilar es perdernos.