Tres generaciones de venezolanos crecieron escuchando los espectaculares micros por la voz de Rafael Sylva | FOTO ALBA CIUDAD

CIUDAD MCY.- A sus 92 años falleció este martes Rafael Sylva, conocido guionista y productor radial, autor de los micros Nuestro insólito universo, que, desde 1948 y por más de 50 años ininterrumpidos, sonaron en las radioemisoras venezolanas con la voz de Porfirio Torres.

El ministro venezolano de Cultura, Ernesto Villegas, lamentó su partida. “Deja huella indeleble en la radio, y en Venezuela toda, don Rafael Sylva, quien junto a nuestro amigo Porfirio Torres dictó cátedra con Nuestro insólito universo”, expresó vía Twitter. “Queda su ejemplo y una obra que es patrimonio de Venezuela”, agregó.

Con un estilo que recuerda mucho a series de televisión que se popularizaron después, tales como Dimensión desconocida (que no llegó a Venezuela sino hasta los años 80), Sylva creaba guiones contando en menos de cinco minutos historias y hechos extraños y sobrenaturales que dejaban fascinada a la audiencia.

“Entré a la radio de manera fortuita. Antes trabajaba en publicidad, y fue bueno porque cuando estás en ese medio aprendes a escribir de manera clara, económica y accesible. Un día se me ocurrió hacer un programa individual, para gente como yo, en el que pudiera contar esas historias que me gustaría escuchar. Así comenzó Nuestro insólito universo, en agosto del 69, ¡con la idea de que iba a durar solo tres o cuatro meses!”, señaló Sylva en una entrevista en Ala de Espera.

“Yo sabía que el único sitio en el que me iban a aceptar un programa en el que hablara acerca de cosas sobrenaturales y extrañas era la Radio Nacional de Venezuela (RNV), cuyas instalaciones habían sido la casa de Pedro Estrada”, dijo en torno a su sede en La Florida, entre Chapellín y Country Club. El programa también se transmitió posteriormente en la emisora privada Unión Radio.

Entre sus anécdotas, recuerda: “Al año y medio de haber arrancado el programa, empezaron a llegarme cada dos meses, con una puntualidad casi suiza, unos paquetes que contenían recortes de revistas italianas y francesas con anécdotas para contar, todos precisamente traducidos. Aquello me llamó tanto la atención que quise agradecerle a la persona, pero resultó que no sabía quién era el remitente. Empecé a hacer pesquisas para dar con ella, porque yo sabía que alguien con tanto detalle y delicadeza tenía que ser una mujer. Dos meses después me llegó una nota que decía: ‘Por favor señor Sylva, no busque más. ¿No cree que sería más hermoso que esta historia continuara así, con la magia de no conocernos?”. Así continuó esta historia unos doce o 14 años más, hasta que se fue diluyendo en el tiempo; y nunca supe de quién se trataba. ¡Algo verdaderamente insólito!”

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