Atilio Borón, Stella Calloni, Theotônio Santos y Fernando Bue Abad

Este 4 de febrero la ciudadanía ecuatoriana acudió a las urnas para votar en un referendo convocado por el Gobierno, en abierta violación de las normativas constitucionales, para decidir si se destierra definitivamente de la vida política nacional a uno de sus más ilustres hijos, Rafael Correa Delgado. Ese, y no otro, es el objetivo del referendo, cuestión que se pretende disimular con la incorporación de otras preguntas para evitar que se visualice con claridad el ataque ad hominem del gobierno de Lenín Moreno contra su predecesor. La eliminación de Correa Delgado del paisaje político ecuatoriano es una vieja aspiración de la derecha que el actual presidente sorpresivamente adoptó como propia.

Esta acción no puede ni debe permanecer en silencio, ante la inmoralidad que significa condenar de por vida al ostracismo político a quien fuera uno de los mejores presidentes de la historia ecuatoriana, que puso fin a un período de tremenda inestabilidad política, económica y social, y a un hombre profundamente consustanciado con la necesidad de promover la unidad de Nuestra América.

Ecuador actualmente es un país maniatado comunicacionalmente por la oligarquía mediática, que actúa con la complacencia de un Gobierno que ha optado, de manera suicida, por dejar en manos de grandes intereses empresariales el manejo de la comunicación social. En esas condiciones, la posibilidad de que una población desinformada y manipulada mediáticamente pueda responder de manera afirmativa a la consulta oficial y poner fin a la vida política del expresidente Correa Delgado es motivo de profunda consternación para todas las fuerzas progresistas y de izquierda de América Latina y el Caribe. A su claridad ideológica, a su apego, a los ideales de los padres fundadores de la Patria Grande, a su auténtica vocación latinoamericanista, le debemos decisiones fundamentales para la marcha de nuestros pueblos en pos de su Segunda y Definitiva Independencia.