SANTIAGO DÍAZ

Todos vimos el video de Jaime Bayly peleando con Rafael Poleo. Fue divertidísimo. El hecho de que las mafias mayameras estén agarrándose por los pelos por diferencias de estilo, por sutiles matices de antichavismo, y estén dispuestos todos a montarse en el ring de boxeo para dejar claro que su antichavismo es más antichavista que el antichavismo del otro es, visto desde el chavismo, algo delicioso. Sin embargo, creo que sería irresponsable no empezar a pensar en el origen de tal desastre.

Debemos tener en cuenta que el antichavismo, desde siempre, ha sido un asunto de odio. El hecho de que ahora ese odio los consuma y paralice a ellos mismos no quiere decir que dejó de ser peligroso. El odio siempre, por definición, es peligroso.

Les cuento que, después de ver la entrevista, vi otro video que hizo que mi risa interna se detuviera en seco. Patricia Poleo, de cuyos delirios algunos llevamos meses burlándonos, decidió explicar por qué su padre, Rafael Poleo, ya no la trataba. Según ella, su padre no podía tolerar que a ella no le gustara Henry Ramos Allup, así que le dejó de hablar y está buscando cómo desheredarla. Yo sé que eso también parece gracioso cuando se le ve por encimita, pero les pido que se detengan un par de segundos y piensen en el tamaño de tal aberración: una hija y un padre dejaron de hablarse por algo que, desde todo punto de vista, es una gafedad. Claro está, falta saber si la versión de los hechos de Rafael Poleo confirma o niega esa explicación pero, si se le da por cierta, es terrible.

Si mañana, por cosas de la mesa de diálogo o porque al gobierno le dio la chiripiorca, a Leopoldo López le dan un indulto o algo parecido y termina siendo el candidato para las elecciones que se avecinan, habrá un gentío dentro de la oposición que le caerá encima por haber negociado con el rrrrégimen, por aceptar ir a las elecciones que ellos supuestamente ansiaban, pero ahora ya no quieren, porque ahora Leopoldo López, el héroe de la oposición hasta el año pasado, resultó ser un infiltrado del chavismo y el G2 cubano. El odio convirtió a la política en una forma caótica y perversa de canibalismo en ese lado de la talanquera.

Ninguno de nosotros puede darse el lujo de creer que es inmune a todo esto. En las redes sociales abundan ejemplos de personas que un día insultaban a políticos opositores y hasta se burlaban de sus tragedias familiares y, después de un par de años de guerra económica, estaban insultando a políticos del chavismo. Para esa gente el odio siempre fue la única constante, y para nosotros es un tentador tobogán que nos invita a lanzarnos por él. Nuestra respuesta, hasta en las circunstancias más difíciles, debe ser siempre la misma: aquí no se odia, no insista.

@letradirectasd