Isabel Rivero

Existen acciones que demuestran que Estados Unidos está generando condiciones jurídico-políticas y económicas para justificar una intervención militar en Venezuela. Me suena el libreto utilizado en 1989 en Panamá con el militar Manuel Antonio Noriega. EEUU necesita disponer de nuestros recursos, pues tiene en puertas una crisis peor que la de 2008 y la de 1929: el dólar se desploma y Wall Street ha registrado una caída de 3 mil puntos, a causa del posicionamiento del petroyuang; del próximo lanzamiento del criptorublo ruso y de la petromoneda venezolana, según expertos.

Recientemente, el canciller estadounidense Tillerson, al más recalcitrante estilo neocolonizador, realizó una gira por Latinoamérica, por países de derecha, para presionar por un “cambio” de Gobierno en Venezuela. La molestia es por la democracia participativa, la construcción de viviendas al margen del mercado especulativo, una de las mayores matrículas universitarias de la región, además de atención médica sin costo y medicinas gratuitas, por el sistema 0-800-SaludYa, como también respeto a la soberanía y a la autodeterminación.

Igualmente, denuncian en medios digitales y redes sociales la presencia del almirante Kurt Tidd en Bogotá y que en zona fronteriza hay mercenarios con tanques colombianos y brasileños, como soldados guyaneses, para intimidar y provocar, primero, y para dejar por sentado que intervenir no es amenaza sino una clara pretensión.

Para rematar, a niños y adolescentes se les han visto por la ciudad en condición de calle, drogados.
En el metro, lo presencié, chamos cantando, anunciaban un conveniente “cambio”. Son utilizados para reforzar la matriz de hambruna, pero sabemos quiénes buscan causar miseria, los que sancionan al país, mejor lo agreden, y los especuladores que aumentan indiscriminadamente, para propiciar malestar antes y durante las presidenciales de 2018.