José Negrón Valera

Altos mandos militares y políticos del país han denunciado en innumerables oportunidades que desde la llegada al poder de Nicolás Maduro se ha intensificado una clase de guerra no convencional cuyo objetivo es derrocar el Gobierno Bolivariano.

Los esfuerzos de Estados Unidos en el empleo de esta guerra multidimensional han estado dirigidos a “explotar las vulnerabilidades psicológicas, económicas, militares y políticas” de Venezuela, tal como lo ha señalado el ministro de Comunicación de la nación suramericana en una entrevista concedida a la cadena rusa RT. El objetivo: convertir el país en un gran laboratorio para desatar el caos a través de una “guerra mediática, de acción permanente para incitar las emociones más primitivas” en la población.

En vísperas de una elección presidencial, la hipótesis que gana más fuerza es la intención de Estados Unidos de detener el posible éxito del petro, la criptomoneda que el Gobierno venezolano usará para saltarse las sanciones impuestas contra el país y solventar así, la delicada situación económica; una acción que de resultar positiva, inclinaría la balanza electoral a favor de Nicolás Maduro.

No es inocente la táctica de campaña propagandística impulsada a través de internet. Se busca utilizar este fenómeno como base para legitimar, como veremos más adelante, el argumento de intervención por causas “humanitarias”.

El segundo aspecto de la agresión es constituida por la Dimensión Económica. No solo estamos atestiguando la hiperinflación de los precios en Venezuela, como producto de la influencia de la web Dolar Today. Dicha página ha sido denunciada por el Banco Central de Venezuela ante tribunales norteamericanos por ser la mayor responsable de la pérdida de poder adquisitivo del venezolano.

Otra de las acciones en esta guerra no convencional tiene su Dimensión Paramilitar. En los últimos días se han reportado numerosos ataques al sistema eléctrico nacional y acciones de carácter terrorista en los sistemas de transporte masivo de la capital y en infraestructuras hospitalarias. El objetivo fundamental es deslegitimar la figura del Gobierno nacional como responsable de mantener la seguridad de la población perdiendo la fe en el Estado desintegrando el tejido de la sociedad.

El cerco también incluye una Dimensión Jurídica. El pasado jueves 8 de febrero, la Corte Penal Internacional ha informado de su decisión de abrir un expediente al Gobierno venezolano por la supuesta represión evidenciada durante la contención de las protestas violentas del año 2017.

El último aspecto de la agresión es la Dimensión Militar. El analista Arlenin Aguillón informó que Colombia y Brasil están, en la actualidad, movilizando tropas a la frontera con Venezuela con la excusa de atender la “crisis humanitaria” provocada por la inmigración de venezolanos. Según Aguillón, “Santos aprobó la movilización de casi 3 mil efectivos militares y de otros cuerpos de seguridad para reforzar la Operación Esparta que tendrá en Cúcuta su eje central.

Este es el escenario en el cual se encuentra Venezuela. Un polvorín bien diseñado para desatar el “caos constructivo” que tanto necesita EEUU para poner en marcha la ofensiva final. No resulta casual que el principal líder de la oposición política, Julio Borges, luego de negarse a firmar el acuerdo de convivencia democrática por Venezuela, haya sacado a su familia del país, y que el senador Marco Rubio escribiese en su cuenta de Twitter un mensaje dirigido a la Fuerza Armada Bolivariana para que derrocaran con un golpe militar el gobierno legítimo de Nicolás Maduro.