CIUDAD MCY.- Este sábado se cumplen 53 días de la violencia política desatada en Nicaragua por grupos vandálicos al servicio de la derecha que protestan en contra del gobierno legítimo de Daniel Ortega.

Estas maniobras que van desde asesinatos, bloqueo de vías, daños materiales hasta torturas y acciones denigrantes contra quienes piensan distinto tienen un sólo fin: crear terror en la población y generar una campaña de desprestigio a nivel internacional y, con ello, golpear a la Revolución Sandinista, que lidera Ortega.

El espiral de violencia —que ha dejado un lamentable saldo de más de 130 personas asesinadas y más de 1.300 heridas— comenzó el 18 de abril pasado con protestas, para lo cual se tomó como escusa las reformas del Gobierno al seguro social. Ante ello, el Gobierno de Daniel Ortega decidió derogar las mismas.

No obstante, las acciones de la oposición no cesaron; las mismas han venido desde entonces escalando en detrimento de la población. La violencia se mantiene en 23 municipios de 153 que existen en ese país.

Además de las pérdidas humanas, se han quebrantado otros derechos humanos con quema de instalaciones educativas y de medios de comunicación, como la ocurrida la madrugada de este viernes cuando grupos vandálicos saquearon e incendiaron con bombas molotov las instalaciones de la estatal Radio Nicaragua, en Managua.

Este sábado la capital nicaragüense amaneció además sitiada por bloqueos de vías que mantienen manifestantes opositores al gobierno. Las barricadas han sido armadas con ramas, vallas publicitarias y neumáticos, entre otros.

El Presidente Daniel Ortega ha insistido en diversas ocasiones que el camino es el diálogo para dirimir las diferencias. La Conferencia Episcopal de Nicaragua funge como mediadora y, en ese sentido, sostuvieron un encuentro el pasado jueves con el Mandatario.

También fue craeda la Comisión de la Verdad, Justicia y Paz que en reiteradamente ha llamado a un alto a la violencia.

Tras la derogación de la reforma al sistema de Seguro Social, la oposición extremista ha mantenido la violencia con el pretexto de la «violación» de los derechos humanos, y, en esa línea, la solicitud del adelanto de las elecciones.

La derecha y los poderes imperiales han tomado su parte sobre lo que ocurre en Nicaragua, y en lo que la Organización de Estados Americanos (OEA) no ha quedado atrás. El secretario general de esta instancia, Luis Almagro, dijo en días pasados que las elecciones «son la única salida a la crisis que vive el país», citó el diario nicaragüense Metro.

“En esta organización vamos a trabajar democracia y derechos humanos y lo vamos a trabajar en función de las realidades políticas que se puedan ir construyendo pero con procesos electorales», recalcó Almagro.

Estados Unidos, como ha ocurrido con otros país, como Venezuela, sobre el cual se intenta imponer una agenda injerencista, ha hecho lo propio contra Nicaragua.

Sanciones contra funcionarios del Gobierno de Daniel Ortega y un comunicado de advertencia a los ciudadanos norteamericano sobre «la inseguridad» en el país centroamericano, por lo que pidió, en un comunicado, «reconsiderar» a este país.

A ello se le suma las campañas creadas por las corporaciones mediáticas nacionales e internacionales. «Desde el 18 de abril, la verdad es aplastada por la propaganda de la casta que usa armas y teclados para imponer su agenda», repudió el periodista italiano Fabrizio Casari, en su trabajo de opinión titulado Nicaragua, el engaño mediático.

«Hay que decir que el plan proporcionado por Gene Sharp, conocido allá como golpe suave y aquí como ‘primaveras’ o ‘revoluciones de color’, en la variante nicaragüense se caracteriza por una apariencia más cruel en la violencia perpetrada y, sobre todo, por el uso masivo, más que en cualquier otro contexto, de mentiras sin límites e imágenes estereotipadas basadas en la inversión de los hechos», señala y agrega en dicho artículo: «En los medios, los matones se convierten en “estudiantes pacíficos”, pero no son ni estudiantes ni siquiera pacíficos. Matan y arden, golpean a los militantes sandinistas, pero la prensa los define como ‘víctimas’ de la Juventud Sandinista».

AVN