>Como lo hacen desde hace más de tres siglos, un mes después del Corpus Christi, la cofradía de esta población aragüeña recorrió sus calles para reafirmar su fe.

CIUDAD MCY.- El hecho de compartir el mismo párroco con Ocumare de la Costa y Cuyagua les obligó a volver a danzar y cumplir con su rendición al Santísimo Sacramento un mes después. El pasado domingo 23 de julio, cerca de 40 promeseros de la Cofradía de los Diablos Danzantes de Cata tomaron las calles para celebrar junto a su pueblo la misa en honor al Corpus Christi.

Tal cual como lo hicieron el 15 de junio, día de Corpus Christi, desde las 8:00 am, cofrades niños, jóvenes y adultos llegaron a la casa de Inés Silva, ubicada en el sector Vallecito, para colocarse su franela blanca, pantalón hasta la rodilla y capa larga de colores y telas brillantes, medias panty, alpargatas y máscaras de tapara o malla metálica con cachos y cintas hechas. Todo este atuendo se complementa con escapularios y el símbolo de la cruz bordado para protegerse del maligno. Esta fiesta católica puede considerarse fruto del proceso de transculturación europea iniciado en la época de la colonización.

Al ritmo del cuatro y bajo la guía de Ángel Díaz, “Perrero Mayor”, la diablada catense recorrió la calle Bolívar hasta llegar frente a la iglesia San Francisco de Asís, lugar en el que realizaron diversas coreografías, actividad previa para esperar la misa en honor Jesús Sacramentado.

Con una nutrida asistencia del pueblo y de los visitantes de Cata, el padre José Luis González Castro, párroco de San Judas Tadeo, en la urbanización Las Acacias de Maracay, comenzó el acto religioso a las 10:30 am. Mientras que a las afueras de la iglesia los cofrades escuchaban la misa por medio de unas cornetas, con canciones alegres y pasajes bíblicos el presbítero les habló a los presentes acerca de la importancia y el poder de la palabra, el agradecimiento a Dios por la existencia, la valoración de la vida, el amor, el respeto, la unión y la paz.

Seguidamente, se realizó la procesión del Santísimo Sacramento que era llevado por el sacerdote González Castro y un grupo de religiosos, en su mayoría mujeres, quienes cantaban y repetían oraciones de alabanzas. Como es tradicional, la diablada danzó de espaldas, siempre de frente a Jesús Sacramentado y recorrió las calles y los cinco altares dispuestos por la comunidad en diferentes puntos del pueblo.

Durante la peregrinación religiosa, el cantante oriundo de Cata, Francisco Pacheco, Patrimonio Cultural Viviente de Venezuela, como hermano del Santísimo Sacramento del Altar fue uno de los cuatristas que marcó el ritmo a los danzantes durante todo el recorrido.

El presidente de la Cofradía Nacional Diablos Danzantes de Venezuela, Antulio Pacheco, explicó que el primer registro que se tiene acerca de la presencia de esta manifestación cultural-religiosa en la población de Cata data de 1676, cuando en esta localidad funcionaba una Obra Pía dedicada al cultivo de cacao.

Para este devoto del Santísimo, esta fiesta es “devoción, arte, rito y magia” que se ha mantenido en el tiempo y que es parte de la herencia ancestral de la unión de creencias y culturas durante la invasión europea, de allí el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), de ser la primera manifestación cultural venezolana en ingresar a la lista representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Comentó que este año se registraron en todo el país cerca de 8 mil diablos danzantes, distribuidos en las once cofradías patrimoniales: Cata, Cuyagua, Ocumare, Turiamo y Chuao (Aragua); Patanemo y San Millán (Carabobo); San Rafael de Orituco (Guárico); Tinaquillo (Cojedes); Naiguatá (Vargas) y Yare (Miranda).

NATCHAIEVING MÉNDEZ
COLABORADORA