Sumiré Ferrara

“Nuestra historia nos obliga. Nuestros libertadores iluminan nuestros pasos por esos caminos de la hermandad, de la justicia y de la libertad”. Hugo Chávez.

Un 19 de septiembre de 1775 nació en la ciudad de Caracas el General José Félix Ribas, hijo de Marcos Ribas y Petronila de Herrera. El menor de once hermanos que se convirtió en uno de los soldados más importantes de la lucha independentista. A los 20 años de edad unió a su familia con la del futuro libertador, pues se casó con Josefa Palacios, tía de Simón Bolívar. Más tarde inicia actividades republicanas: invita al pueblo caraqueño a participar en los acontecimientos del glorioso 19 de Abril de 1810, integra la Junta Suprema de Caracas y también la Sociedad Patriótica. Con el grado de Coronel lidera el batallón Milicias Regladas de Blancos de Barlovento y lucha bajo las órdenes del General Francisco de Miranda en diferentes partes del país. Es así como obtiene el 2 de junio en Niquitao, el 11 de julio en los Horcones y el 25 de noviembre de 1813 en Vigirima, sus primeras victorias militares. Con el mismo ímpetu de vencedor, el 12 de febrero de 1814 recluta a jóvenes seminaristas y universitarios para enfrentar el ejército realista comandando por José Tomas Boves; una batalla donde la principal arma fue aquel compromiso patrio lleno de convicción y esperanza: “Soldados, lo que tanto hemos deseado va a realizarse hoy; he ahí a Boves, cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos, pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos, la vida de nuestros hijos, el honor de nuestras esposas y el suelo de la Patria, mostradles vuestra omnipotencia en esta jornada que va a ser memorable, ni aún podemos optar entre vencer o morir, ¡necesario es vencer! ¡Que viva la República!”. Palabras que junto al coraje de la juventud venezolana lo hicieron ganador de este histórico combate, consolidándose como héroe de nuestro municipio, de nuestras tierras, soldado valiente, estratégico y leal de nuestro libertador Simón Bolívar. 243 años de ejemplo, de heroísmo, coraje y dignidad.

Negra Matea

El 21 de septiembre de 1773 en el estado Guárico nació Matea, la nana del Niño Simón, la mujer que con tan solo diez años pero con mucha ternura se encargó de la crianza del Libertador. Cuando juntos corrían por los cañaverales, se subían a los árboles frutales, atravesaban a nado el río, contaban cuentos, entre otros juegos los sorprende la muerte de Doña Concepción Palacios y Blanco, momento en el que Matea asume junto a Hipólita la protección de Bolívar, velando con mayor compromiso su salud y bienestar. Años después con la llegada de la gesta emancipadora y con ella las embestidas de los realistas, vive con angustia de madre el ataque de Boves, el sacrificio del Capitán Antonio Ricaurte y la lucha patriótica del Libertador, a quien consideraba ya no su amo, sino su hijo, su familia, de hecho cuando Bolívar decretó la libertad de los esclavos en 1821, decidió continuar a su lado en la casa de María Antonia Bolívar, en Caracas. Se cuenta que Bolívar en 1827, al regresar a la capital, preguntó: “Dónde están mis negras. ¿Dónde está Hipólita que me dio de comer? ¿Dónde está Matea que me enseñó mis primeros pasos?” pues siempre estuvieron con él en los buenos y malos momentos. Tanto, que Bolívar las tuvo presente en sus encuentros con Alexander Petión, en el decreto de abolición de la esclavitud en 1817 y en el discurso de Angostura en 1819, cuando pidió que constitucionalmente se aboliera la esclavitud. Sin duda, ocupó un lugar especial en la vida y corazón de Bolívar. Razón por la cual el 28 de octubre de 1876 el General Antonio Guzmán Blanco invita a Matea al traslado de los restos de nuestro Libertador al Panteón Nacional, quien asiste a sus 103 años con el más noble amor para rendirle honores al sarcófago del Padre de la Patria. Al cumplir 112 años de edad muere la memorable nana, mujer que respondió las primeras preguntas del Libertador, quien huyó a La Habana por la persecución de los españoles, quien se entregó en cuerpo y alma durante la infancia, adolescencia y juventud de uno de los hombres más grande de América. Al escuchar su nombre la asociamos de inmediato con la historia bonita de Bolívar, con el calor de familia, con los valores humanistas, la ternura, la lealtad y el amor maternal. Sus imborrables huellas representan el gentilicio venezolano procedente de África, la independencia y el sentimiento nacionalista.

¡Viva por siempre el General José Félix Ribas, Vencedor de los Tiranos! ¡Viva la Negra Matea, maestra y madre del Libertador!

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