Una película que se ha hecho parte de la historia de los venezolanos | FOTOS CORTESÍA

CIUDAD MCY.- En 2018 se cumplieron 20 años del primer triunfo electoral del Comandante Hugo Chávez y el aniversario coincide con los 20 años del estreno de Amaneció de golpe, una de las películas emblemáticas del cine venezolano contemporáneo, que a través de un ramillete de historias de gente común supo retratar el alma de un pueblo ansioso por un cambio de época.

Una gran diversidad de actores participaron en este filme.

El filme es obra del realizador Carlos Azpúrua, quien parió la idea original a partir de sus propias vivencias. El guion fue el último para cine que escribió José Ignacio Cabrujas. La historia se ambienta en la madrugada del 4 de febrero de 1992, cuando una insurrección militar comandada por generales patriotas despierta con sobresalto a toda Caracas.

“Amaneció de golpe acompaña la historia contemporánea del país. Más allá del 4, es quizá una aproximación a la lectura de lo que fueron esas décadas. Pudiéramos integrar a esa película reflexiones que tienen que ver con nuestra realidad política desde el Caracazo, o la situación política expresada en los gobiernos de la cuarta República y las políticas neoliberales del Carlos Andrés con toda su crueldad, que están expresadas ahí”.

El filme es obra del realizador Carlos Azpúrua, quien parió la idea original a partir de sus propias vivencias.

Así lo contó Azpúrua, quien en entrevista con AVN valoró el papel que jugó el filme en la coyuntura en la cual se estrenó, en plena campaña electoral cuando Hugo Chávez aspiraba por primera vez a la presidencia del país, enfrentándose no solo a contendores que representaban al bipartidismo y a los grandes capitales, sino a una feroz campaña mediática que buscaba demonizarlo.

Para la derecha el filme era ventajismo electoral. Para el equipo político del MVR el largometraje podía ser contraproducente por sus escenas violentas. En ese escenario Azpúrua se lanzó al ruedo y convocó a un mar de espectadores. Más allá de la polémica, lo que sí movió la fibra del realizador fue la reacción del propio Chávez cuando vio la película. Hoy la considera un relato histórico cada día más vigente.

En la época la derecha dijo que el filme era ventajismo electoral.

EN PRIMERA PERSONA

Carlos Azpúrua ha desarrollado una carrera cinematográfica de varias décadas haciendo documentales y películas de profundo contenido social. Es conocido su trabajo de denuncia sobre las nuevas tribus y los crímenes ecológicos así como de reivindicación a los pueblos originarios, con audiovisuales como Yo hablo a Caracas (1977), Pesca de arrastre (1980), Caño Mánamo (1983), Amazonas, el negocio de este mundo (1986), entre otros. En ficción, con Disparen a matar (1991) habló de la impunidad.

En la entrevista, el cineasta rememoró que la idea de rodar Amaneció de golpe surgió a partir de su propia experiencia en la madrugada del 4-F, cuando escondido en un clóset escapó a las ráfagas de fuego cruzado que penetraron a su residencia de entonces, ubicada en las adyacencias de La Casona. En ese momento dilemático supo que de ahí salía una película.

“Yo vengo del 4 de febrero, estaba absolutamente al tanto de la conspiración. Era diputado y sabía claramente que había ese proceso de insurrección militar”, detalló.

El realizador aclaró que no manejaba detalles exactos de la operación, ni siquiera conocía a Chávez, pero a grandes rasgos estaba al tanto de que algo se agitaba. Una vez se desencadenan los hechos, confluyeron sus venas artística y de sensibilidad social.

Azpúrua se buscó a Cabrujas para que volcara al papel toda esa experiencia, que luego, perfilada junto a Jacobo Penzo, resultó en ese grupo de personajes arquetípicos que representaron diversas clases sociales y situaciones, en un marco discursivo que buscó hacer un retrato y una reflexión. “Es una metáfora de la violencia de la democracia en la cuarta República”.

Azpúrua también trabajó el texto y la historia con entonces compañeros de las lides políticas a quienes hoy ve desde la otra acera, como Pablo Medina y Tulio Hernández.

HISTORIA VIVA

Al hacer el largometraje, una preocupación era lograr el rigor que requiere un relato histórico genuino. Ya Cabrujas le había advertido a Azpúrua que no haría una apología de la insurrección, prerrogativa que el realizador considera haber cumplido.

“Fue una película temeraria por aquello de que mucha gente exige un tiempo para narrar la historia, verla en perspectiva, que no fue mi caso”, subrayó.

Azpúrua pone de relieve que el cine, cuando se avoca a la reflexión política, funciona como una crónica, y más en una obra como esta que mezcla ficción y realidad.

Sobre el rodaje, contó Azpúrua que se realizó con Chávez aún en prisión y no estuvo exento de dificultades y anécdotas. Se filmó completamente en horas nocturnas, y el cronograma que se había calculado para ocho semanas se extendió hasta once. “De verdad que no sé cómo quedé vivo de la inmensa energía y fuerza que tuve que aplicar”, señaló.

No faltaron los problemas de producción. Por ejemplo, el sector militar que inicialmente apoyaría con el préstamo de fusiles a última hora se echó para atrás y el equipo tuvo que resolver con armas de utilería y otras prestadas. Más allá de esto el cineasta afirmó que la obra llegó a feliz término gracias a la inmensa manifestación de solidaridad que convocó.

LÁGRIMAS DE UN GIGANTE

Con Chávez ya libre se hizo la postproducción del filme y el estreno se llevó a cabo en medio del torbellino de la campaña. Casi nadie consideró oportuna la llegada de la película pero la historia le dio la razón a Azpúrua y a su empeño.

A los representantes de la derecha tampoco les hacía gracia que la película llegara para promocionar a Chávez desde la gran pantalla.

“Carlos Andrés y toda su influencia le solicitaron a Blancica que no exhibiera la película porque según ellos iba a ayudar a que Chávez ganara, y yo entre esos dos fuegos, ya había firmado el contrato. Eso habla muy bien de la película, digo yo. Se exhibió y tuvo una extraordinaria audiencia y en lo personal un tremendo regocijo, más de 15 premios internacionales”, valoró.

“Más allá de todo eso es la satisfacción de haber logrado una película tan particular que exigía una cierta perspectiva en el tiempo para hacerla, y se logró una aproximación que creo que con el tiempo ha tomado fuerza”, apuntó.

Con emoción, Azpúrua recordó el momento en que Chávez finalmente pudo ver la cinta. Fue después de su primer acto de masas en la avenida Bolívar de Caracas. La proyección se hizo en la oficina del cineasta.

“Fueron Maripili Hernández, Juan Barreto, Carlos Melo, Chávez, mi esposa, Cilia Reyes, y yo. Me acuerdo que en la escena de la escalera donde es ajusticiado un soldado —allí recreo un ajusticiamiento cerca de la Disip—, cuando yo volteo está Chávez llorando quebrado. Obviamente tenía un inmenso dolor por los compañeros militares caídos, y verlo así fue fuerte”, evocó.

Azpúrua resume en una sola frase esa épica política y artística que significó el rodaje de esta película, y también lo que vino después, dos historias en una que ya cuentan con dos décadas: “Soy hijo de esa historia del 4-F”.

Información AVN