Eddy Gómez Abreu

El imperialismo trata de imponer al mundo una agenda bélica para hacerse del poder en países con riquezas naturales y estratégicas, y al mismo tiempo, mantener la hegemonía imperial en el planeta y lograr mayor acumulación de capital, a través de los negocios de la guerra: venta y tráfico de armas, empresas privadas proveedoras de mercenarios, hacerse de los contratos para reconstruir países devastados por las bombas de sus propios aviones y apropiarse de las fuentes energéticas como el petróleo, gas y carbón. Cuentan con la complicidad de las oligarquías y los cipayos y vendepatrias de los países agredidos.

Los pueblos resisten anteponiendo su voluntad de paz y negando la violencia. Así, Ghandi, con su pasividad y pacifismo logró echar de la India a los colonialistas ingleses. Ni el poder de tecnología militar, ni la mediática pueden contra la voluntad de los pueblos cuando deciden ser libres. Solo los pueblos optan por defenderse cuando la irracionalidad de los colonialistas y clases dominantes no le dejan otra alternativa, como ocurrió en Venezuela en el proceso independentista y a los vietnamitas contra los franceses y los estadounidenses, los cuales lograron derrotar en el campo militar.

Los gringos pensaban que en Venezuela, después de la muerte del Comandante Eterno, Hugo Chávez, el control del poder era cosa de poco tiempo. Con una persistente campaña de descrédito y desinformación trataron de someter al desprecio público al reciente presidente electo, Nicolás Maduro. Luego acentúan una despiadada guerra económica expresada en especulación, desabastecimiento, contrabando y cartelización de los precios de los alimentos, rubros para la higiene personal, medicamentos, repuestos, etc, aunado al alza fraudulenta el dólar paralelo, cuyo propósito es aumentar los precios de los insumos y producir más descontento contra el Gobierno de Maduro. Pensaban los opositores que el descrédito mediático y la guerra económica eran suficiente para generar un levantamiento popular que pudiera dar al traste con el Gobierno. Inician una escalada de violencia que no se había conocido antes en el país: cierre de calles con obstáculos incendiados, árboles derribados, asesinatos por francotiradores o quemados con bombas molotov, asaltos y destrucción de escuelas, ambulatorios e instalaciones militares y de acopio de alimentos. Esta desenfrenada actividad terrorista estaba signada por el odio clasista y racista, representado por el chavismo. El pueblo lejos de acompañarlos, rechazó la violencia y acogió la propuesta de Maduro de ir a una Asamblea Nacional Constituyente.

La escalada de violencia dejó un saldo de 110 muertos y miles de heridos y contó con el apoyo de los alcaldes opositores y la complicidad del Ministerio Público. Pero el pueblo sabiamente dijo, NO, a los terroristas, y contra viento y marea salió masivamente a votar. Con la Constituyente llegó la hora de la justicia y tendrán que pagar sus crímenes.

eddygomezabreu@yahoo.es