Reverón es una de las figuras más destacadas del arte venezolano | FOTOS ARCHIVO

**Inspirado en el vuelo de las mariposas, “El Loco de Macuto” plasmó en sus obras insignes reflejos de lucha contra la derrota.

CIUDAD MCY.- Lienzos, luces y pinceles recuerdan con orgullo y nostalgia, la sensible, humanista e incomparable genio de Armando Reverón quien, inspirado en el vuelo de las mariposas, encontró vías hacia la luz espiritual del trópico venezolano, plasmando en su icónica plástica, estructuras dinámicas y filosóficas internas que conciben la Razón, como pensamiento que no retrocede ante contradicciones existenciales.

Su vida y obra son imaginación lúdica que milita fantasías revolucionarias, con la idea de transformar al mundo con su capacidad sui-géneris de amar locamente. Sus pinturas y muñecas, se tornan en fieles reflejos de luchas de clase, placeres incómodos para la burguesía, objetividad dialéctica de combates contra la derrota y la huida. Potente fuerza filosófica capaz de modificar y predisponer la vida en una síntesis de tonalidades emocionales para luchar contra la liquidación burguesa del imaginario revolucionario.

Esta es su finalidad práctica y uno de sus saltos cualitativos predilectos contra embates del perverso capitalismo, fantasía tributaria del arte popular. Fantasía real.

“El Loco de Macuto” muestra su insigne obra creadora bajo una coartada lógica, coherente, irrefutable, incapaz de explicarse sin las debilidades que la vuelven poderosa, y sin sus errores más acertados.

El artista plástico fue apodado por sus más cercanas amistades “El Loco Genial”.

Sus lienzos constituyen textos filosóficos electrizantes y vivos, magullados por desplantes de mil manías burguesas, que el artista exhorta de manera poético-truculenta, sobre el calvario de una clase social enferma y desahuciada. Como cuando tuvo que “montarle guardia” a Rómulo Betancourt al frente de su hogar, para que el tristemente célebre “procónsul adeco pitiyanqui”, accediera a pagarle una pintura.

Su existencia sencilla, bucólica y desprendida, motivó a Reverón a construir su taller en “El Castillete” de Macuto, edificación construida con caneyes y palmas. Allí compartió insólitas experiencias de vida con Juanita, su modelo y compañera, y su entrañable amigo, el artista plástico ruso, Nicolás Fernindanov, admirador de los profundos conocimientos del genio criollo, sobre dadaísmo, impresionismo y expresionismo, que lo convirtieron en maestro de Pablo Picasso, en lo concerniente a planteamientos de color y composición.

En cierta ocasión “El Pintor del Ávila”, Manuel Cabré acotó: “Lo único que le faltó a Armando Reverón para obtener reconocimiento mundial, fue haber nacido en París, porque sus obras son infinitamente superiores a las de prestigiosos Maestros europeos, íconos de las artes universales”.

En su obra “Autorretrato con Pumpá”, el innovador artista venezolano incursiona en novedosas miradas introspectivas, comprendiendo las Artes Plásticas, como suprema forma de unificar lo absoluto a través de filosofías deductivas y constructivas trasladadas al lienzo.

La triste historia cuarto- Republicana, tergiversó muchos aspectos sobre la vida de Armando Reverón, creándole fama de gran bebedor, cuando el Maestro no tomaba aguardiente. Lo que hacía, era canjear “cañita” a los pescadores, por sardinas y cazones que buscaba Juanita todas las mañanas.

Luego de cocinar suculentos sancochos populares, el “Genio de la Luz”, reutilizaba carbón y leña quemada, para pintar bosquejos de famosas modelos, eliminando la utilización de colores tradicionales por cal y yeso. También empleó la frutica del “caujaro” como novedoso elemento fijador para sustituir costosos pegamentos y resinas. Reverón mostraba al mundo, su inquebrantable apego a la Naturaleza.

Su lucha existencial se abocó a la búsqueda incesante de placeres y sentires, para nombrar silencios y expresar al universo, las concepciones de su propia existencia, siempre al lado de Juanita, retratada entre carbones, tizas y ladrillos, contando siempre, nuevas y sorprendentes historias cotidianas.

Armando Reverón se convierte en una revolución filosófica tangible de carne y hueso. Bofetada y beso revolucionario, contra una sociedad capitalista, llena de ignominia, explotación y barbarie. Reconciliación intimista con las urgencias del pueblo, tramitadas emocionalmente entre sensaciones, virajes de ánimo y desgarraduras políticas y psicológicas.

Lo de afuera, adentro. Lo de adentro afuera. Esperanza, desesperación y furia. Humor negro, honesto, seductor y revolucionario. Le imprimió a su arte, una fascinación irreverente que corta con su filo fino, todo paradigma de sumisión o esclavitud.

A 130 años de su natalicio, cada 10 de mayo, comunidades populares observan atentamente, el renacer del inolvidable muñequero.

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