Ángel Daniel González

Un kilo de harina de maíz cuesta Bs. 13 mil. Un kilo de queso cuesta Bs. 20 mil. La carne se consigue en 20 mil también. El kilo de tomate va por los Bs. 8 mil y la zanahoria por los 10 mil. Un kilo de azúcar cuesta Bs. 13 mil. El kilo de arroz, importado, lo venden hasta en Bs. 17 mil. Un cartón de huevos vale Bs. 18 mil. Un pan campesino lo venden en 6 mil, las canillas ni se consiguen. Si te dispones a comprar uniformes para que los niños vayan al colegio: un pantalón no baja de Bs. 30 mil, por una camisa también deberás pagar Bs. 30 mil. Por cada par de medias deberás pagar, al menos, Bs. 10 mil.Ahora, los zapatos más baratos no bajan de Bs. 150 mil. Para renovar un uniforme escolar, en total se debe contar, por la medida mínima, con más de Bs. 300 mil. En los útiles escolares generalmente se gasta una suma similar. El ingreso mínimo vigente de un trabajador a esta fecha es de Bs. 250 mil 531, dado en Bs. 97 mil 531 de salario y 153 mil en bono de alimentación.

Dijo Federico Engels, hace 134 años: “Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.”.

La Asamblea Nacional Constituyente tiene muchas tareas, grandes desafíos y poco tiempo. En términos de urgencia política, presenta lo que se podría llamar un cuadrilátero: 1. Legislar para estabilizar la economía. 2. Activar un proceso de justicia por la violencia social y política vivida en los últimos meses y consolidar la paz. 3. Establecer las bases para la defensa integral del país ante las amenazas externas. 4. Garantizar el escenario para la plena realización de los procesos electorales por venir. Evidentemente, a esto se suma la gran tarea de elaborar una nueva Constitución que marque el rumbo de una nueva etapa de procesos políticos sociales y culturales para el país. Pero, dentro de este cuadro, lo impostergable son las decisiones económicas, sobre todo aquellas que en el cortísimo plazo les brinden un poco de tranquilidad a las familias de los trabajadores venezolanos.

Estabilizar el acceso a los bienes esenciales para la vida, es decir, regular los precios de las cosas, frenar el caos que existe en la comercialización, pasa por poner orden y control firme en las cadenas de distribución y venta de productos. La primera decisión debe ir al desmantelamiento de la economía mafiosa que domina esta área del circuito económico. Se trata de espirales delictivas que despegan el valor nominal de las cosas de su valor real, y ameritan acciones ejecutivas de orden económico, policial y penal.

Postergar estas urgencias, o invertir el orden de las tareas del cuadrilátero, equivaldría a actuar, como dijo el Libertador en 1812, “… imaginándose repúblicas aéreas”, así como aéreos son los precios con que la gente, el pueblo, configura la definición del día a día. Actuar sobre y desde la realidad concreta, para cerrar la brecha entre las palabras, los precios y las cosas, es la única vía para sortear el laberinto.

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