Asalia Venegas

Los persistentes ataques contra Venezuela, su Gobierno y su presidente no cesan. Son variados y se abren frentes de batalla en Europa, en el norte de América y en la Latinoamérica gobernada por la derecha. Venezuela es un plato apetitoso, todos se lo quieren comer, con o sin su permiso. Todos opinan, meten sus narices, dan consejos al Gobierno gringo para que actúe sin dilación en contra nuestra.

Lo irónico es que nuestro país ve con asombro los desmanes de la política de los gobiernos de Brasil, Argentina, México, Colombia y Perú, entre los que puntean frente al nuestro, y condena tales situaciones. Temer, Macri, Peña Nieto, Santos y Kuczynski cuestionan todas las decisiones constitucionales y soberanas que se toman en este territorio, como la convocatoria a la ANC. Califican de antemano lo que llaman “la dictadura de Maduro”.

En Brasil –su presidente es el peorcito– adalid de toda la tramoya que montó la derecha corrupta contra Dilma Rousseff para despojarla del poder y ahora contra Lula Da Silva para evitar que gane las próximas elecciones; se postergó por 20 años la inversión social. Los maestros y diversos sectores de la administración pública están en permanente protesta contra las medidas regresionistas aprobadas por el gobierno de Temer.

En Argentina el drama social es peor. Han eliminado casi 300 mil pensiones. Como en la España de Rajoy, con una reforma jubilatoria, modificaron la edad y la antigüedad para poder disfrutar de las pensiones. Aumentaron en casi 1000% las tarifas de los servicios públicos. De manera inhumana e inclemente han agredido y perseguido los sectores populares que apoyaban al kirchnerismo, entre ellos a las Madres de la Plaza de Mayo.

Kuczynski –que es un perrito faldero del imperio– y Santos, el renegado colombiano, no varían en el discurso injerencista contra la Patria de Bolívar.

Olvidan, a propósito, la libertad que les confirió el Libertador. Tanto Chávez como Maduro son gestores del proceso de paz que se llevó adelante en La Habana con las FARC y ahora con el ELN. La memoria es frágil y si el imperio está de por medio, los gobernantes claudican y quieren tender la alfombra roja para la intervención. El brioso pueblo venezolano dará la pelea en el terreno que sea.