OLDMAN BOTELLO

Un libro del fallecido excanciller colombiano conservador Alfredo Vásquez Carrizosa, enemigo acérrimo de Venezuela, es diáfano y contundente al subtitular el texto “La historia atormentada de dos naciones”. La historia de ambos pueblos desde la disolución de la Gran Colombia y la creación de las Repúblicas bolivarianas, siempre han sido un estira y encoge, de amenazas, de desencuentros y en varias ocasiones hasta la ruptura de relaciones que no han pasado de muchos años.

La delimitación de Colombia y Venezuela desde ab initio ha sido un calvario, aunque lo muy cierto es que Venezuela ha perdido inmensa parte de su territorio original sin disparar ni un tiro. Un solo ejemplo: dan ganas de llorar cuando se ve el extenso mapa de Venezuela de Codazzi y los publicados un poco después, ese inmenso territorio hacia los llanos y el Amazonas y por la otra, la Península de la Guajira. Inclusive, Colombia nunca tuvo acceso al río Orinoco hasta que gracias al infame Laudo Arbitral de 1891, la frontera es la mitad del río entre ambas naciones y se perdió el caserío Maipures y el pueblo de San Felipe con su fuerte al suroeste de Amazonas y hasta el pueblo de Guzmán Blanco, fundado durante la administración del Ilustre Americano y nítidamente venezolano, lo reclamaron como suyo, sin éxito.

La primera ruptura abrupta vino de parte de Colombia cuando desconoció el triunfo de Guzmán Blanco en 1870 y el comienzo de su período de gobierno llamado el Septenio. Argüían que era ilegítimo el gobierno guzmancista “hasta que no se ratificara en una Convención Constituyente”. Guzmán lo consideró un gesto inamistoso e inaceptable y se rompieron las relaciones que no se restablecieron hasta mediados 1882, doce años después a pesar de los comisionados que iban y venían buscando un arreglo. Había pasado el primer gobierno de Guzmán, el breve de Linares Alcántara y una conversación del propio caudillo en la lejana península de Paria con un diplomático colombiano logró el ábrete sésamo durante su segundo gobierno. También hay que decir que el clero colombiano metía baza en el problema. Su gobierno era conservador y el de Guzmán liberal radical que cerró seminarios y congregaciones religiosas y expulsó a un arzobispo de Caracas.

Una nueva ruptura ocurrió en 1901, aunque de hecho ya estaba en ejecución cuando se dieron las invasiones, primero la del venezolano doctor y general Carlos Rangel Garbiras, conservador, desde Colombia con personal militar colombiano derrotado en San Cristóbal y la que después ordenó en 1901 el general Cipriano Castro desde el Táchira a Colombia, comandada por su hermano Celestino Castro y el general colombiano liberal Rafael Uribe Uribe, que destrozaron al ejército colombiano. En el año 1901 hubo otra invasión, infeliz desde todo punto de vista, por Carazúa en la Guajira colombo-venezolana. Los soldados y oficiales criollos al mando del general José Antonio Dávila fueron diezmados por los colombianos, sedientos, muertos de hambre en aquellos desiertos. Allí participó un aragüeño de Turmero, el coronel Andrés Pacheco Miranda, que nos echó el cuento completo cuando cumplió sus 100 años en 1988, en Caracas y consideraba que esa invasión por la Guajira fue una temeridad y un error inexcusable del Cabito Castro.

El 16 de noviembre de 1901 vino la orden en la Gaceta Oficial colombiana, firmada por el Presidente encargado, el ministro de Hacienda José Manuel Marroquín y refrendada por el Canciller encargado Miguel Abadía Méndez, ambos luego Presidentes de la República de Colombia. En su artículo primero establece el decreto: “Declárense interrumpidas las relaciones diplomáticas entre Colombia y los Estados Unidos de Venezuela. En consecuencia, queda suprimida la Legación de Colombia en Caracas; no serán recibidos Agentes Diplomáticos venezolanos, y se cancelará el exequátur a los Cónsules, Vicecónsules y Agentes consulares del Gobierno de Venezuela”.

Verdaderamente, una historia atormentada las relaciones de ambos países. Así que lo que disponga el presidente Juan Manuel Santos, habilidoso e hipócrita como siempre, será como echarle más leña al haz como desde 1830, en tiempos del terrible Francisco de Paula Santander, el mismo que atentó contra Bolívar en 1825.

oldmanbotello@hotmail.com