**El modelo económico colombiano, que durante décadas fue puesto como referencia en la región mostró su verdadero rostro. Las inmensas movilizaciones populares, a partir del Paro Nacional del 21 de noviembre, puso al descubierto la debilidad de un sistema que agudizó la desigualdad, tal como como se demostró en Ecuador y Chile**

CIUDAD MCY.- El punto de partida: el Paro del 21N convocado por las centrales de trabajadores, movimientos sociales, artistas, partidos de oposición, organizaciones campesinas, indígenas, afrocolombianas, estudiantiles, de pensionados, entre otras, y por miles de personas a través de sus redes sociales, fue un total éxito porque se movilizó buena parte de la sociedad y se popularizó la disputa antigubernamental en los barrios y las ciudades.

No fueron efectivas las acciones estatales para amedrentar a la población con allanamientos ilegales, detenciones, cierre de fronteras, acuartelamiento de las fuerzas militares, toques de queda, detenciones ilegales o deslegitimar la protesta con el argumento de la desestabilización del Gobierno, promovida desde el Foro de Sao Paulo.

En todo el país se desarrolló el paro, manifestándose con grandes movilizaciones durante el día; a la noche, luego de una gran represión policial, la gente, desde sus casas, se autoconvocó por redes sociales logrando un contundente cacerolazo en todo el país.

RAZONES POLÍTICAS

Existen diversas motivaciones para entender esta masiva e impactante reacción social. Todas ellas se resumen en el hastío de la mayoría de la población a una política neoliberal que propone seguir reduciendo derechos sociales y económicos.

El presidente de Colombia, Iván Duque, que ganó las elecciones con 54% de los votos a mediados de junio del año pasado, acumula el desgaste de la fuerza de centroderecha que está desde hace muchos años en el poder.

Las últimas encuestas revelan que Duque ha venido perdiendo apoyo de forma acelerada, puesto que la aprobación a su gestión es de 26% y la imagen negativa de 69%.

Se añade también el desgaste discursivo del partido que lo respalda, que se sustenta en lemas más huecos cuanto más repetidos, y por unas tesis cuyas razones de ser son una falacia, o hace rato que desaparecieron o se transformaron, como la guerrilla de las FARC, el castro-chavismo, el comunismo, el Foro de Sao Paulo o la Unión Soviética.

RAZONES SOCIALES

Las demandas sociales se concentran en el rechazo del neoliberalismo, contra la corrupción, el deficiente sistema de salud y la precarización laboral.

Duque presentó dos proyectos de reforma. El primero, en materia de pensiones, con el objetivo de establecer un sistema previsional único de ahorro individual, debilitando el actual régimen de solidaridad intergeneracional.
Si prosperara, sería eliminar el fondo estatal de jubilaciones (Colpensiones); además, el plan propone aumentar la edad para jubilarse.

Es un proyecto similar al del modelo jubilatorio chileno, que hoy está en crisis por las deficientes prestaciones que entrega a los trabajadores al momento del retiro.

El segundo proyecto es el laboral, profundizando la precarización, al permitir el contrato por horas o por días, como también la cobertura del servicio de salud y pensiones por días. Plantea también la posibilidad de pagar 75% del salario mínimo a jóvenes menores de 28 años, mujeres mayores de 57 años y hombres mayores de 62 años.

Esta reforma puso en alerta al movimiento sindical, que representa a apenas 4,5 % de los trabajadores y también provocó el rechazo de la población joven y de mediana edad.

RAZONES HUMANITARIAS

En un contexto de continuos asesinatos de líderes sociales, que ya superan los 800 desde noviembre de 2016, y de excombatientes de las FARC, que ya suman 168 desde la firma de los acuerdos de paz en noviembre de 2016.

El incumplimiento de los acuerdos suscritos con las guerrillas y los anuncios de profundización del modelo neoliberal son motivos más que suficientes para salir a protestar.

RAZÓN DE MAYOR PESO: PRIVATIZACIÓN

En un claro desafío y en desconocimiento del pueblo, tres días luego del Paro Nacional, el ministro de Hacienda de Duque aprobó la creación del Grupo Bicentenario por medio de un decreto ley. Esta medida había sido incluida en lo que se denominó el “paquetazo neoliberal” de Duque y consiste en crear un conglomerado de empresas públicas relacionadas con el sector financiero, con el fin de “mejorar eficiencia y optimizar” los recursos del Estado.

Sin embargo, esta figura lleva a profundas reformas de las empresas públicas, sus objetivos, su funcionamiento y su relación con el mismo Estado, lo cual implica un cambio en las condiciones de los trabajadores e incluso potenciaría la inestabilidad laboral, propia del sector privado.

Como un conglomerado de empresas, este pool financiero deberá operar sujeto a las reglas que controlan otros conglomerados financieros privados. Las empresas públicas colombianas que harán parte de este holding pasarán a regirse por reglamentaciones del sector privado, en contraposición al bien común de los recursos públicos del Estado.

Bajo estas reglas, las empresas públicas se verán obligadas a desechar cualquier propósito social o económico que se salga de los intereses de los inversores privados, afectando así a las clases más empobrecidas. El holding operará de la misma forma que el mayor grupo financiero, Grupo AVAL, lo cual implica un proceso de privatización masiva de las empresas públicas, afectando los ingresos que generan éstas a los recursos públicos.

El sector obrero, los grupos sociales y el magisterio han advertido acerca de los peligros de la creación del Grupo Bicentenario. En este sentido, reiteraron el llamado continuar con el Paro Nacional como rechazo a este decreto y a las medidas neoliberales implementadas por el gobierno de Iván Duque.

REORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

Ahora el reto es para las organizaciones y movimientos sociales que han estado a la defensiva durante todos estos años. Deberán afinar sus propuestas ante el paquetazo neoliberal de Duque que si bien tuvo que retirarlo así sea temporalmente no cesará en sus intentos por imponerlo.

La unidad y la coordinación de las fuerzas subalternas serán claves, así como la defensa de lo poco que viene quedando del Estado Social de Derecho desmantelado por los gobiernos desde los años noventa del siglo pasado.

Ese es el reto mayor y un segundo reto es el de las fuerzas políticas alternativas que tuvieron un resonante triunfo en las recientes elecciones regionales. No solo deberán gobernar bien en los territorios en los que ganaron, sino que deberán superar su fragmentación, los caudillismos y personalismos que dominan en sus prácticas.

La garantía del triunfo y de la derrota de las políticas neoliberales dependerá de la capacidad de confluir, de unirse de cara a las elecciones del año 2022 que está a la vuelta de la esquina. La unidad que se respira en los movimientos sociales de las clases populares deberá trasladarse a la esfera política. La unidad del centro izquierda es clave para la contraofensiva democrática. No hay otro camino. Hay que empeñarse en construirla.

MARCOS GAVIDIA