*** Poner en marcha un “Gobierno de transición” con apoyo de la “comunidad internacional” propició la creencia de que era cuestión de días para que el producto Guaidó materializara un cambio gubernamental en Venezuela, sin embargo, las acertadas estrategias diplomáticas venezolanas dieron al traste con la encomienda de EEUU ***

CIUDAD MCY.- La autoproclamación de Juan Guaidó comprobó que la esencia del antichavismo está en el extranjero y sus operadores locales no son autónomos.

El levantamiento de un “Gobierno de transición”, como excusa para disparar el caos institucional, fue ideado en la Casa Blanca, tomando visibilidad los principales voceros de la política estadounidense: Mike Pompeo, Marco Rubio y John Bolton, con el presidente Donald Trump a la cabeza.

Con un modelo de insurrección ensayado antes en el Medio Oriente y el apoyo adecuado de la comunidad internacional, era cuestión de días, o semanas, se promovió la creencia de que el producto Guaidó materializaría el cambio de régimen en Venezuela. Sin embargo, desde el Gobierno venezolano se ideó una contra agenda para detener el conflicto internamente, unido a una estrategia diplomática que desarmó los argumentos de gobiernos que, en las primeras de cambio, parecieron apoyarla sin cuestionamiento.

Diversas claves de la Diplomacia de Paz venezolana sirvieron para entender qué es Venezuela hoy, y lo que queda de aquel apoyo internacional que validó el interinato anunciado en enero.

JURAMENTACIÓN DE MADURO

Nicolás Maduro asumió el cargo presidencial correspondiente al período 2019 – 2025, así, el primer mensaje enviado al resto del mundo fue: Venezuela no cede ante las presiones de EEUU. Maduro no estaba actuando fuera de la Constitución, a diferencia de la maniobra opositora, pues el Tribunal Supremo de Justicia ratificó el desacato de la Asamblea Nacional y, por lo tanto, ese poder quedaba aislado en el intento de institucionalizar la autoproclamación de Guaidó.

Luego se dio una división en el plano internacional, reflejo de las discrepancias entre bloques de poderes en su forma de abordar las relaciones bilaterales con otros países.

Mientras que, a EEUU se le unían 14 países, entre miembros de la Unión Europea y países del Grupo de Lima, para brindar apoyo mediático al “Gobierno de Guaidó”, las potencias emergentes de Rusia y China reconocieron la legitimidad del presidente Nicolás Maduro. Del lado euroasiático, Turquía enviaba también un sólido respaldo.

Por último, Bolivia, México, Uruguay, Nicaragua, Cuba y países del Caribe rompían con el consenso de la región, trabajado por la OEA, hasta el punto de que llegó a existir vacilaciones de algunos gobiernos de derecha, por el planteamiento de intervención militar en la región, lo que dejó ver un quiebre de la unidad ante la crisis venezolana.

MANIOBRAS EN SEDES DIPLOMÁTICAS

A la creación del Estado virtual le siguieron órdenes guiadas hacia el extranjero, para sustituir a miembros de las embajadas venezolanas con el aval de los gobiernos sedes.

Fue en Washington donde escaló violentamente el asedio a la sede de la embajada de Venezuela, defendida por activistas estadounidenses quienes finalmente fueron desalojados bajo órdenes del Departamento de Estado para luego entregarle el territorio invadido a socios de Guaidó. La cobertura mediática que tuvo el hecho resquebrajó el relato de la “dictadura venezolana” y posicionó, en cambio, la denuncia de los movimientos contrainjerencistas.

El personal del Gobierno de Iván Duque corrió con la misma suerte, tras la operación ejecutada el 23 de febrero en la frontera con la ciudad colombiana de Cúcuta. Fueron expulsados por promover el ingreso de fuerzas irregulares al país, vía camiones con “ayuda humanitaria”. Carlos Holmes Trujillo, entonces canciller de Colombia, intentó disfrazar la expulsión porque reconocía a Juan Guaidó como el “mandatario”, sin embargo, retiró a sus funcionarios de Caracas.

Medidas contundentes tomadas por parte del Gobierno de Nicolás Maduro a nivel diplomático hicieron cambiar el apoyo de la región latinoamericana y de la Unión Europea al radicalismo de la administración Trump, viendo que, en la realidad, el “Gobierno” de Guaidó no gobernaba.

RETIRO DE LA OEA

El retiro de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA) anunciado en 2017, se cumplió este año, cumpliendo con el lapso estipulado para validar la decisión y con el pago de los compromisos adquiridos.

El país caribeño se convirtió en el primero en salir voluntariamente de la organización. La solicitud hecha por la Cancillería venezolana responde a los actos de injerencia y presión que asumió la OEA, en manos del secretario general Luis Almagro, alineado a los intereses de la Casa Blanca.

EEUU RESBALA EN LA ONU Y DESEMPOLVA EL TIAR

Hasta tres veces se reunió, por solicitud de la misión de EEUU, el Consejo de Seguridad de la ONU para dirimir la confrontación en Venezuela, bajo la amenaza de una guerra prepagada en el territorio y monitoreada por la Casa Blanca con la operación en la frontera colombo-venezolana.

EEUU preparaba una resolución, denunciada por Samuel Moncada, representante de la delegación venezolana, para que la ONU reconociera el falso interinato de Juan Guaidó, como ocurrió en la OEA. Sin embargo, la intención no tuvo el mismo efecto vasallo en el Consejo, pues se atravesó el veto de Rusia y China, dos polos consistentes en oponerse a la intimidación guerrerista de las élites occidentales en la región latinocaribeña.

La recurrencia diplomática tuvo un nuevo repunte a mitad de año con la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y el supuesto ingreso de Venezuela a ese mecanismo mediante acciones conjuntas de Luis Almagro y el representante de facto en la OEA, Gustavo Tarre Briceño. Los meses anteriores, pese a las sanciones sobre el entorno económico venezolano y las conspiraciones golpistas, quedó estancado el objetivo de socavar la cohesión del país respecto a la investidura de Nicolás Maduro.

LEGITIMIDAD DEL GOBIERNO BOLIVARIANO

En la 74a Asamblea General de la ONU, y luego del fracaso de los emisarios de Guaidó para suplantar la representatividad del cuerpo diplomático venezolano en los foros del evento, los Estados miembros del TIAR se reunieron con Julio Borges y Carlos Vecchio. Allí emitieron una resolución que se sumaba a los pretextos para desencadenar una intervención militar a largo plazo.

Trinidad y Tobago se abstuvo de votar la polémica medida y Uruguay se retiró del tratado, denunciando que pasar al uso de la fuerza violaba flagrantemente el derecho internacional y marcaba un precedente en el que no estaban dispuestos a participar.

Por su parte, el cuerpo diplomático venezolano pudo desempeñar su agenda en el organismo multilateral sin reveses y la vicepresidenta Delcy Rodríguez cerró la jornada con su intervención en el debate. Otra expresión de la derrota a la pretensión de inmovilizar las relaciones diplomáticas de la República Bolivariana.

MNOAL Y CONSEJO DE DDHH, MÁS VICTORIAS

En tres años de dirección del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), Venezuela reforzó la denuncia del bloqueo financiero instrumentado desde EEUU hacia naciones soberanas y del riesgo de la existencia de instituciones internacionales que funcionan como vasallos de la política unilateral estadounidense.

Además, con los países miembros, formó un bloque antibelicista que abogó por la respuesta pacífica a las principales confrontaciones en el mundo.

Como resultado de las tareas de la Cancillería en el Mnoal y las giras internacionales se concretó la victoria en el Consejo de Derechos Humanos: 105 delegaciones votaron para que Venezuela ocupase uno de los 46 puestos del organismo de la ONU, contraviniendo la desgastada narrativa que señala a funcionarios e instituciones venezolanas como “violadores de los derechos humanos”, basados en informes amañados por miembros de las Naciones Unidas.

MARCOS GAVIDIA