Fuentes: REBELIÓN.ORG/RESUMENLATINOAMERICANO.COM/GRANMA

**Una vez más, Estados Unidos causa un conflicto de incalculables consecuencias para la paz y la seguridad internacional. En esta ocasión, los dardos del imperio pretendieron acertar al blanco dibujado por la Casa Blanca y el Pentágono: Irán.

CIUDAD MCY.- El pasado viernes, el presidente estadounidense, Donald Trump, autorizó una acción militar con bombardeo incluido en Bagdad, capital de Irak, durante la cual cayeron el comandante de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución de Irán, Qasem Soleimani, y el subcomandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak, Abu Mahdi al-Mohandes.

Esta vez, la infame excusa para cometer esta acción violenta, unilateral, arbitraria y violatoria del derecho internacional y de la soberanía iraquí, fue informada por la propia Casa Blanca a través de un escueto e institucional mensaje en su cuenta oficial en Twitter.

“Bajo la dirección del Presidente, el Ejército de EEUU tomó medidas defensivas decisivas para proteger al personal de EEUU en el extranjero al matar a Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní Quds”, reza el tuit.

Washington no perdió la oportunidad de calificar a la referida fuerza de la manera más comúnmente empleada cuando no le asiste la razón: es terrorista.

Irán respondió, tal como lo había declarado, con un ataque de al menos una decena de misiles contra la base aérea de Al Asad en Irak, que alberga fuerzas militares estadounidenses.

El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán confirmó la autoría del ataque, mientras que la Secretaría de Prensa de la Casa Blanca, aseguró: “Somos conscientes de los informes de ataques contra instalaciones estadounidenses en Irak. El Presidente fue informado y monitorea la situación de cerca y consulta con su equipo de seguridad nacional”.

RAZONES DEL ASEDIO IMPERIAL A IRÁN

Definitivamente, las acciones recientes de la Casa Blanca están motivadas por intereses imperiales de política externa e interna.

Las relaciones entre EEUU e Irán han estado caracterizadas por la hostilidad imperial. En la actualidad, tanto Estados Unidos como su más importante aliado en esta área geográfica, Israel, enfrentan un comprometido contexto regional para sus ambiciones políticas, económicas y militares, que acorta su influencia.

EN LO GEOPOLÍTICO

En la realidad geopolítica del momento, Irán es un factor clave en el Medio Oriente, cuenta con sólidas relaciones con la Federación Rusia y gozó del apoyo de la Unión Europea hasta la retirada unilateral e injustificada de EEUU del acuerdo nuclear con la nación persa.

Por otra parte, las prósperas relaciones entre Irak e Irán, especialmente tras el asesoramiento militar de Teherán al Ejército iraquí, no eran bien vistas ni por Washington ni por Tel Aviv.

Así, el asesinato selectivo de Soleimani constituyó una demostración de fuerza imperial, un intento desesperado por recuperar el terreno perdido en la estratégica zona y un mensaje con el fin de darle un “parao” Irán y prevenir el avance del Hezbolá, la importante organización libanesa de resistencia a la ocupación de Israel sobre los territorios palestinos y de muchas de las tierras árabes en Egipto, Siria y Jordania.

Tampoco puede descartarse el papel de Irán como punto de comunicación entre Oriente Medio, Asia Central y Asia del Sur. La cercanía a vías comerciales internacionales como el estrecho de Ormuz, por donde pasa casi 20% del petróleo mundial y casi el 35% de la comercialización marítima, el canal de Suez, el golfo Pérsico y el golfo de Omán, entre otros, certifican al país persa como un enclave de poder y decisión estratégica.

EN LO COMERCIAL

Comercialmente hablando, Teherán es un significativo elemento en el proyecto de China y su nueva Ruta de la Seda, de gran interés para Beijing, pero que generaría importantes cambios, si se le da fin al dominio económico y financiero estadounidense mediante el intercambio comercial en divisas nacionales y no en dólares.

China y los países de Asia Central tendrán acceso al Golfo Pérsico a través de la red ferroviaria iraní. De esta manera, el recorrido de un tren, con 32 contenedores de productos comerciales tardó 14 días desde la provincia de la costa china de Zhejiang hasta Teherán, atravesando Kazajistán y Turkmenistán.

Esta ruta, con respecto al transporte marítimo, por lo general tarda entre 25 y 30 días hasta el puerto iraní de Bandar Abbas y otros siete días hasta Teherán, mientras que por ferrocarril llegó en 14 días y el costo también es bajo en comparación con el transporte aéreo de carga.

Por esto, el ataque de EEUU a Irán es también un golpe al megaproyecto chino y a sus infraestructuras, y Washington ya desató una guerra comercial y arancelaria contra el gigante asiático, en busca de la hegemonía económica planetaria.

EN LO ENERGÉTICO

No puede obviarse, ni por un instante, qué está en juego en la región: enormes reservas de petróleo y gas, y el control de puntos geográficos de gran trascendencia en el comercio mundial.

Irán posee las cuartas reservas de petróleo y está en los primeros lugares de las de gas nivel mundial. Además, la nación persa es el segundo productor de la OPEP, después de Arabia Saudita; y comparte con Catar el mayor campo de gas del mundo. Recientemente, el Gobierno iraní anunció el hallazgo de nuevas reservas petroleras, de gran trascendencia en el área. Estos recursos despiertan el apetito imperial.

EN LO INTERNO DE EEUU

Con el bombardeo a Bagdad y el asesinato de Soleimani, el Presidente estadounidense, Donald Trump, persigue dos objetivos al interior de su país.

Por una parte, en un contexto comicial marcado por un juicio político en su contra, desvía la opinión pública hacia una razón de mayor peso en EEUU, como lo es la seguridad nacional, debilitando así el escándalo político de su administración.

En segundo término, al asesinar a Soleimani, Trump pretende asegurar su reelección en noviembre de este año. Con este acto guerrerista, Trump se erige desafiante y con fortaleza ante sus connacionales, y con esta maniobra busca obtener un nuevo triunfo electoral.

Existe un axioma, “un presidente en guerra jamás es cambiado en EEUU”. A Trump, este conflicto planteado en el terreno y en el tiempo, lo habilita para seguir en el poder. La idea es “apoyar a quien nos defiende”, y eso les ha resultado históricamente a todos los presidentes gringos.

Sin embargo, a los halcones del Imperio le fallaron algunos cálculos: La dura venganza anunciada por Irán, el Parlamento iraquí con una resolución que pone fin a la presencia de tropas extranjeras lidereada por EEUU y la reducción de Teherán de sus compromisos en el marco del acuerdo nuclear de 2015.

Esta serie de claves, unida a la pérdida de influencia del Gobierno de Trump en Oriente Medio tras la decisión de la salida de casi todas las tropas de su país de Siria, debido a la acción militar iniciada por Turquía el 9 de octubre de 2019 en el norte de Siria, confirman que EEUU debió cambiar sus estrategias para recuperar su poderío.

La infame excusa de la agresión: Protección al personal en el exterior

La administración Trump, con el ataque a Soleimani, pisoteó de nuevo la Carta de las Naciones Unidas e invocó la acomodaticia figura de la “protección de su personal en el exterior”, como ya lo ha hecho históricamente empleando tretas para agredir como le da la gana, sin presentar pruebas ni argumentos creíbles.

La explosión del Maine desencadenó la guerra contra España e intervención en Cuba en 1898, el incidente del golfo de Tonkín en Vietnam, la lucha contra el terrorismo del movimiento Talibán en Afganistán, el falso arsenal de armas de destrucción masiva que “ocultaba” Sadam Hussein en Irak, la supuesta “democratización” (Libia) y el imaginario ataque con armas químicas en Siria, entre otros aberrantes episodios en el expediente bélico de los gringos.

MARCOS GAVIDIA