Algunas semanas antes la naturaleza hizo un llamado de advertencia a los habitantes de Las Tejerías.

CIUDAD MCY.- La tarde del sábado ocho de octubre pintaba como un día más en la población de Las Tejerías y un colorido arcoíris se asomaba entre sus montañas, mientras los habitantes de la zona desconocían que esa maravilla de la naturaleza anunciaba la calma antes de la tormenta.

No paso mucho tiempo para que el cielo se volviera gris y comenzara a llover. Lo que creían como una simple lluvia pronto se tornó en diluvio, algunos atendieron el llamado de la intuición que les advertíala salida de sus hogares… Sin embargo, otros no corrieron con la misma suerte y sin emitir ruido alguno, el río sorprendió a más de uno con la llegada a sus casas.

Muchos haciendo las cosas cotidianas fueron abrazados por el agua, luchando contra la fuerte corriente para ponerse a salvo, a sus familiares, he incluso mascotas. A otros el río los sorprendió solos en su trabajo o en sus hogares, en medio del desespero y el miedo que fueron cruciales para que algunos aprovecharan la euforia del momento para salir o al menos ponerse a salvo.

 

Lo que habían construido con esfuerzo y dedicación fue arrasado por el río en segundos.

Los más pequeños no sabían lo que sucedía y solo veían el esfuerzo de sus padres, abuelos o representantes en una intensa lucha para mantenerlos fuera de peligro, lejos del río o cargados en lo más alto posible, donde el agua no los alcanzara.

Los que lograron salir a tiempo solo con la ropa que cargaban puesta y no más, les quedó ver como las aguas arrasaban con lo que anteriormente era su hogar e incluso, ver como a los vecinos y familiares los arrastraba el río, sin poder hacer mucho para socorrerlos. En un simple parpadeo todo había desaparecido ante sus ojos.

Lo que los habitantes no percibieron fue que, algunas semanas antes la naturaleza les hacía un llamado de advertencia. Las lluvias en todo el país habían provocado que la quebrada cercana elevara su nivel más de lo normal, sin embargo, solo lo tomaron como una simple crecida y los días posteriores transcurrieron con una falsa normalidad sin saber que no duraría mucho tiempo.

Supermercados, bodegas, centros de conexión a internet, tiendas de ropa, panaderías, talleres de autos, iglesias… Todo ahora está cubierto por una capa lodosa de casi dos metros y debajo de ella, lo que quedó de la cotidianidad de miles de seres.

 

Todo quedó cubierto por una capa lodosa de casi dos metros

Ha pasado más de una semana donde muchos aún siguen con la pena de los familiares y amigos fallecidos, con desesperación, angustia y el dolor por los desaparecidos, pero sobre todo con la incertidumbre de lo que sucederá con sus vidas en los próximos días, meses e incluso años, todo lo que habían construido con esfuerzo y dedicación, el río se lo había llevado en segundos y con ello, la normalidad de sus vidas.

Lleva tiempo acostumbrase a lo sucedido y en un lugar donde ya no hay nada material que empacar, lo único que resta son las esperanzas de resurgir. Algunas comunidades están conscientes de que la naturaleza reclamó su espacio y  lo mejor es buscar otros rumbos donde eventos como este no los atormenten en un futuro.

GABRIELA MARACARA

Fotos: Yorman Pernalete/ María Fernanda Gil