UN CORAZÓN QUE PALPITA DE NUEVO

Isaías 55:11 así será la palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié”.

***Es inspirador ver como la fe y la determinación de Iris y Miguel los llevaron a superar los obstáculos y encontrar ayuda en momentos difíciles. Es maravilloso ver como la gobernadora Karina Carpio y su equipo se involucraron y brindaron apoyo para que Miguel pudiera recibir la cirugía que necesitaba. Es un testimonio de como las acciones solidarias pueden marcar una gran diferencia en la vida de las personas

CIUDAD MCY.-Toparse con historias como la que a continuación contaré a través de este espacio, “Dejando Huellas”, en ese camino en el que las obras hacen amores y no malas razones, definitivamente certifica la fe y abre la esperanza para muchos que andan por la vida sin conocer que existe un Dios que todo lo puede y que sólo tenemos que creer para recibir un milagro.

Miguel David González, un chico de apenas 15 años, oriundo de Guanarito, municipio Santiago Mariño del estado Aragua, junto a su madre, Iris Adrián, contaron la historia que vivieron hace un año cuando descubrieron que Miguel padecía de Wolff – Parkinson tipo 2, una patología en su corazón que lo puso entre la vida y la muerte y como lograron atravesar la adversidad que los mantuvo en estado de angustia.

“El síndrome de Wolff – Parkinson – White es una afección en la que existe una ruta eléctrica adicional del corazón que lleva a períodos de frecuencia cardíaca rápida (taquicardia). Para que lo entiendan bien, es como una manguerita con una fuga por un ladito y eso hace que se reste potencia y se esfuerza el corazón”, explicó Iris para hacernos entender el padecimiento.

La señora Iris relató que esto comenzó cuando Miguel tenía 14 años, amante del fútbol y como todos los días iba a sus prácticas. “Un día cuando estaba jugando fútbol, mi corazón se empezó a acelerar, comenzó un dolor, me pasó una vez y no presté atención y fui a practicar así y la semana siguiente me empezó a pasar lo mismo, el dolor era más grande y entonces le comenté a mi mamá”, apuntó el muchacho, siempre de la mano de su madre con expresión nerviosa.

Su madre de inmediato tomó la palabra para seguir el relato y cuenta que “cuando Miguel llega de su práctica bien temprano me sorprende y me dice mamá tengo un dolor y yo le pregunto ¿dónde?, ¿te caíste?, ¿te aporreaste?, ¿tuviste un accidente?, él dijo mamá no aguanto el dolor y se me desmaya. Salgo rápido hasta el ambulatorio de Turmero, cuando lo llevo allí había que hacerle un electrocardiograma, se lo hicimos rápido y allí es cuando indican que lo lleve rápido a un cardiólogo, porque este niño estaba infartado”.

Iris quedó sorprendida porque Miguel fue un niño sano, Miguel fue un niño bien alimentado, tuvo su control de niño sano, siempre ha estudiado, ha hecho deporte, desde los tres años está jugando futbol.

“Para mí fue una sorpresa porque jamás mi hijo había presentado nada de eso y desde ahí comienza mi recorrido, mi angustia”, recordó visiblemente afectada.

“En eso me seco mis lágrimas y dije mi hijo me necesita, lo llevamos rápido a un cardiólogo y cuando lo revisó me dijo el niño tiene esto, fue la sentencia que le hizo estremecer porque nos dijeron que el niño se nos estaba muriendo, fue un diagnóstico devastador”, dijo.

De allí cuenta que comenzó a buscar soluciones y consulta dos cardiólogos, y le dan el diagnóstico definitivo, la doctora Verónica Carusso, quien le recomendó al doctor Carlos Quiñónez, quien le dice que tenía el síndrome de Wolff – Parkinson tipo 2 y que requería una cirugía.

“Aunque en ese momento me sentía en una encrucijada y devastada, comenzamos a buscar los recursos, porque la operación era costosa, unos 12 mil dólares que no tenía”, exclamó.

Detalló que hicieron rifas, que la familia y la gente se solidarizó para ayudar, llevaron solicitudes a empresas privadas, la llevamos a la Alcaldía, Gobernación, todos esos sitios, Corposalud, Simoncitos y todo cuanto podía presentarse como una ayuda era tomado. Pero en todo ese ínterin la oración cada día, cada noche, en todo instante invocaba, clamaba y suplicaba a Dios para que no le quitara su niño.

“Hasta que una mañana me dicen que fuera a ayuda social de Remavenca que allí podrían ayudarme, allí mi esperanza renació y caminé confiada hasta llegar allí, hice una cola y cuando logro llegar a la puerta el vigilante me dice: no se están gestionando esas ayudas por ahora. Me senté a llorar desconsoladamente”, contó llorosa Iris.

Luego, señala que algo le decía que siguiera luchando, que buscara, y entre lágrimas, sollozos y desaliento caminó y caminó, paró en el cementerio lloró desconsolada sobre la tumba de su padre, salió de allí a seguir caminando sin rumbo, se paró frente a la Escuela “José Rafael Revenga”, recuerda que en ese momento había un acto de grado y más lloró al pensar que su hijo no podía llegar a graduarse y se arrodilló a clamar a Dios por su muchacho.

Continuó el camino y llegó a la plaza de Turmero, comenta que había mucha gente, muchos toldos, había como una jornada, una amiga la vio le dijo “que te pasa, porque estas así y le dijo mi hijo se me muere”, esta amiga la consoló y siguió, en ese momento escucha que está llegando la gobernadora Karina Carpio y la alcaldesa del municipio Mariño.

Allí fue el momento en el que sintió una fuerza y una determinación que la lleva a romper los cordones de seguridad y corrió tras la mandataria, a quien le gritaba ¡Gobernadora!, ¡Gobernadora!, ¡Gobernadora, ayúdeme! Esos gritos hicieron voltear la mirada de la mandataria aragüeña, quien desde lejos le preguntó: Mujer, ¿En qué te puedo ayudar? Y ella respondió entre llanto: “mi hijo, tengo que operarlo y no tengo cómo. Carpio le pregunta ¿Qué tiene tu hijo? y ella le señaló, “el corazón lo tiene mal, se me muere”.

De inmediato, la gobernadora ordenó que la dejaran pasar y le abrazó diciéndole que se calmara que la ayudaría. Giró instrucciones para que atendieran el caso y ella fue a casa a seguir con su niño.

Así pasaron los días y noches sin dormir, preocupada y arrodillada ante Dios, en oración, hasta que como a eso de la 1:00 de la madrugada recibió la llamada milagrosa. Era la gobernadora que le decía: “mujer, ya todo está listo para que operen a tu hijo, será en Barquisimeto, donde se gestionó, ya todo está listo”.

Allí se consolida el gran milagro y la bendición para Miguel y que me lleva a recordar historias bíblicas como la de la mujer del flujo de sangre (Lucas: 8; 43-48) un relato que nos cuenta la inmensa fe que tuvo una mujer que padeció por 12 años de “flujo de sangre”, y quien había visto muchos médicos. Así también la historia del ciego Bartimeo, cuando el ciego se le acerca, Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?” (Mc 10,51).

Ahora ya, Miguel con su corazón sano, junto a su madre, agradece a Dios y a la gobernadora Karina Carpio esa acción de amor que lo devuelve a la vida con un corazón dispuesto a seguir soñando con ser un jugador de futbol profesional y arrancar con el Aragua Fútbol Club.

Además, sueña con ser médico, porque quedó admirado y agradecido con el doctor Carlos Quiñónez, quien lo ayudó incondicionalmente y sigue siendo su médico tratante.

Para cerrar esta historia de vida que refleja la misericordia y bondad de los hijos de Dios en la tierra Miguel hiló otro relato que habla de una cadena de favores, porque mediante su estadía en el Hospital de Barquisimeto, donde fue intervenido, estaba una niña con Síndrome de Down, paciente del doctor Carlos, que requería con urgencia un marcapaso y en busca de esa ayuda tocó la puerta de la gobernadora Karina Carpio, a quien ya había tratado a través de Miguel, y ésta gestionó la consecución de ese marcapasos que salvó la vida de la pequeña.

Jeremías 33:3 “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

YAJAIRA DÍAZ