Venezuela sumida en pobreza sobre el 74%, la implementación de un “paquetazo» económico neoliberal y las directrices del FMI fueron el detonante final de la rebelión popular más grande conocida en el país.

CIUDAD MCY.-El 27 de febrero de 1989 no fue un día común en el calendario venezolano; fue el momento exacto en que la historia de nuestra patria cambió de rumbo para siempre. Aquella mañana, una oleada de protestas que se originó en las afueras de Caracas, específicamente en Guarenas, se extendió como fuego incontenible por todo el territorio nacional. Para quienes lo vivieron, quedó grabado en la memoria como el día en que un pueblo valiente, humillado por décadas de abandono, bajó de los cerros para luchar contra un gobierno opresor.

El denominado “Caracazo” no fue un evento aislado, sino el resultado de un sistema agotado. Venezuela estaba sumida en una pobreza que superaba el 74%, un país donde las mayorías sufrían mientras las élites gobernaban de espaldas a la realidad. La implementación del “paquetazo” económico neoliberal por parte del entonces presidente, Carlos Andrés Pérez, bajo las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue el detonante final.

La liberación de precios, el aumento desmedido del valor de gasolina y el acaparamiento de productos de primera necesidad, generaron un desabastecimiento crítico e inflación galopante. Sin embargo, la chispa que disparó la revuelta popular fue el aumento del pasaje estudiantil, golpe directo al bolsillo de los más vulnerables que desató un estallido social espontáneo y sin precedentes.

REPRESIÓN Y TRAICIÓN

Lo que comenzó como una protesta por dignidad fue respondido con balas. El gobierno de la época, incapaz de dialogar con el soberano, suspendió las garantías constitucionales y suspendió las garantías elementales, el Ejército fue enviado a las calles no para proteger, sino para reprimir brutalmente a su propio pueblo.

Testigos de aquellos días trágicos afirman que Caracas se llenó del eco ensordecedor de disparos de rifles y ametralladoras. Al cesar el fuego, la realidad era dantesca: las morgues estaban colmadas de cadáveres y los hospitales eran insuficientes para atender la magnitud de la tragedia. Fue una masacre que dejó miles de víctimas y una herida abierta en el corazón de la nación, marcando el colapso definitivo del sistema bipartidista conocido como el “puntofijismo”.

DE LA REBELIÓN A LA REVOLUCIÓN

El líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, reconoció siempre que los eventos de 1989 fueron el motor que impulsó el plan para transformar el país. El Caracazo fundó las bases de una nueva conciencia nacional; hizo comprender a los venezolanos que era necesario un cambio trascendental para sacar al país del foso neoliberal. Aquella rebelión popular fue el precedente directo de la gesta del 4 de febrero de 1992.

Con Chávez al frente, surgió la figura carismática y valiente necesaria para recuperar la imagen de un ejército patriota, unido al pueblo y no contra él. El Comandante ratificó su compromiso de transformar la patria, llamando a la conformación de un frente nacional que hoy, años después, continúa su marcha.

A más de tres décadas de esta revuelta que pasó a ser historia, el mensaje es claro: los venezolanos que aman la patria deben mantener la convicción de lucha. El Caracazo se recuerda como la primera gran rebelión mundial contra el FMI, y hoy seguimos encaminados en la construcción del socialismo como único camino hacia la justicia social y la verdadera independencia.

ELIMAR PÉREZ 

FOTO:ARCHIVO