Desde los errores históricos hasta los desafíos de la inteligencia artificial, la corrección de textos resguarda la precisión del lenguaje y la intención de cada escrito

CIUDAD MCY.-En 1631, los impresores del rey de Inglaterra publicaron una edición de la Biblia que pasó a la historia por una omisión de tres letras. En el mandamiento sobre el adulterio faltaba el “no”, de modo que el texto sagrado ordenaba cometerlo.

Según los registros históricos, las autoridades retiraron los ejemplares, multaron a los responsables y el material que sobrevivió se conoce desde entonces como la “Biblia perversa”. Casi cuatro siglos después, el episodio sigue siendo la mejor definición de lo que está en juego cuando alguien corrige: una palabra de más o de menos puede decir lo contrario de lo que se quiso decir.

FECHA Y SU ORIGEN

Cada 27 de octubre se celebra el Día Internacional del Corrector de Textos, o de la Corrección. Lo propuso en 2006 la Fundación Litterae, institución argentina dedicada a difundir el estudio de la lengua española, y desde entonces lo adoptaron editoriales, universidades y asociaciones de buena parte del mundo hispanohablante. El día elegido recuerda el nacimiento de Erasmo de Róterdam, el humanista neerlandés nacido en 1466.

ÚLTIMO LECTOR ATENTO

En una redacción, el corrector es casi siempre el último en leer una nota antes de que llegue al público. Mientras el periodista busca la primicia y la jerarquiza, él lee como lo hará quien no estuvo en la escena, podría desconfiar de la cifra, verifica la grafía, advierte que el titular dice algo distinto de la nota. Su trabajo se mide por lo que no ocurre.

Cuando acierta, el texto fluye y nadie piensa en él, pero cuando falla, el error queda a la vista desde el título. Quizás por eso es uno de los pocos oficios en los que el reconocimiento llega solo en forma de reproche.

NO A LA SIMPLIFICACIÓN

La inteligencia artificial y los autocorrectores marcan en segundos faltas que antes exigían horas de lectura, muchos piensan que la profesión está condenada pero la experiencia dice otra cosa.

Una herramienta digital puede señalar que una palabra no existe, pero le resulta muy difícil advertir que si existe y está mal usada, o que una frase es técnicamente correcta y a la vez ambigua, o qué norma conviene aplicar en un texto concreto.

NOMBRAR LO INVISIBLE

El Día del Corrector recuerda algo que suele olvidarse, como es, la confianza de lo que leemos es un trabajo, y ese trabajo lo hacen personas.

Cada texto que se lee sin errores esconde decenas de decisiones que nadie va a notar. Lugar correcto de una coma, qué palabra sobra, si un dato resiste una segunda mirada. Alguien las tomó antes de que el lector llegara.

Por eso, la fecha importa menos como homenaje que como constancia. Hay un oficio que existe para que otros no tengan que dudar y es valioso saber quién lo ejerce.

La Paradoja de Erasmo

Erasmo conocía las imprentas desde adentro. Aun así, su edición del Nuevo Testamento de 1516 se publicó con errores que él mismo reconoció.

Su edición del Nuevo Testamento en griego publicada en 1516, salió con tanta urgencia que el propio Erasmo admitió después que había sido más apresurada que editada y estaba repleta de errores.

El patrono de los correctores fue entonces, un autor que sufrió la prisa de una imprenta. La anécdota explica mejor que cualquier homenaje de porqué existe la profesión, simple, porque quien escribe no puede ver sus propios errores y porque la velocidad, tanto en 1516 como hoy, es su principal enemigo.

REINYMAR TOVAR | CIUDAD MCY

FOTOS | REFERENCIALES