A 13 años de su tránsito a la inmortalidad, el ideario del Comandante Eterno se consolida como el escudo inexpugnable de la soberanía venezolana y el faro de la integración regional

CIUDAD MCY.- El 5 de marzo de 2013, a las 4:25 de la tarde, el reloj de la historia de Venezuela se detuvo por un instante para luego comenzar a andar con una fuerza renovada. No era un adiós, sino una «siembra». Hoy, al cumplirse 13 años de aquel momento que estremeció los cimientos de la geopolítica mundial, la figura de Hugo Rafael Chávez Frías no se recuerda como una ausencia, sino como una presencia vibrante que habita en las comunas, en las aulas de las misiones y en la resistencia gallarda de un pueblo que se niega a ser colonia.

​El destino de Venezuela cambió para siempre con dos palabras que hoy son leyenda: «Por ahora». Aquel 4 de febrero de 1992, un joven Teniente Coronel nacido en la humildad de Sabaneta de Barinas, asumía la responsabilidad de una rebelión necesaria contra el puntofijismo decadente. Chávez no solo trajo una propuesta política; trajo una identidad.

​Desde su llegada al poder en 1999, inició una transformación telúrica. Su formación, forjada entre el olor a tierra mojada del llano y la disciplina de la Academia Militar, lo convirtió en un «abanderado» eterno. Fue el hombre que, con una asombrosa capacidad de memorización y una inteligencia emocional sin parangón, logró que el venezolano de a pie se viera reflejado en el Palacio de Miraflores.

​BITÁCORA PARA LA ETERNIDAD

​Chávez no improvisó el futuro; lo diseñó. Su legado político-estratégico quedó blindado en el Plan de la Patria, un documento que trasciende la gestión administrativa para convertirse en un manifiesto de supervivencia humana. Sus cinco objetivos históricos —la independencia, el socialismo, Venezuela como potencia, la multipolaridad y la preservación de la vida en el planeta— son hoy la hoja de ruta que permite al país navegar las tormentas de las sanciones y el bloqueo.

​»Yo ya no soy yo, yo soy un pueblo», sentenció en su última campaña de 2012. Esa frase no fue un eslogan, fue una transferencia de poder espiritual.

​​COMUNICADOR DE LA ESPERANZA

​Chávez revolucionó la comunicación. Desde el «Aló Presidente» hasta su último discurso del 8 de diciembre de 2012, utilizó la palabra como un arma de concienciación masiva. En 49 segundos —el tiempo que duró su intervención tras la rebelión del 92— logró lo que siglos de retórica no pudieron: sembrar esperanza en la derrota. Hoy, su voz sigue retumbando en cada «redifusión», recordándole a los patriotas que la clave es: «Unidad, Lucha, Batalla y Victoria».

​UN LEGADO QUE NO SE RINDE

​A más de una década de su siembra, la derecha global que apostó por el resquebrajamiento del chavismo se ha topado con un muro de lealtad. El presidente Nicolás Maduro, a quien el propio Chávez señaló con la claridad de una «luna llena», ha conducido el barco en medio de las más brutales agresiones, manteniendo viva la llama de la justicia social.

​El Comandante Eterno cumplió su juramento de 1975. Amó a la patria hasta perder la vida. Hoy, su recuerdo es tinta indeleble y su pensamiento es el aire que respira una nación que se sabe libre, soberana e irrevocablemente socialista. Chávez no murió; se multiplicó en millones, y esa es una fuerza que nada ni nadie le arrebatará a Venezuela.

REINA BETANCOURT 

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