La principal acción de la humanidad es actuar en armonía y no en guerra contra su propia casa
CIUDAD MCY.- La Pachamama no es solo el suelo que pisamos; es un ente vivo, femenino y generoso que sostiene cada suspiro de existencia, sin embargo, lo que históricamente fue venerado como la cuna de la vida, hoy enfrenta una encrucijada crítica, mientras la ciencia predice un fin astronómico en miles de millones de años, la actividad humana está adelantando el reloj del desastre a un ritmo alarmante.
La Madre Tierra representa la interdependencia absoluta, no es un recurso a explotar, sino una esfera viva con la que se dialoga; esta visión ecológica, que subraya la necesidad de reciprocidad y respeto, choca frontalmente con el modelo de desarrollo actual.
Este 22 de abril, el mundo celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha que este año no busca solo la contemplación, sino una denuncia urgente sobre su deterioro.
MOTORES DE LA DESTRUCCIÓN
La degradación no es un proceso natural, sino antropogénico, donde el informe de situación es devastador, mostrando cada minuto deforestación y monocultivos, la tala masiva para la agroindustria no solo despoja a la fauna de su hogar, sino que erosiona la fertilidad del suelo mediante químicos e insecticidas.
También se aprecia la contaminación sistémica, que viene del uso indiscriminado de plásticos, aerosoles y la emisión de gases de efecto invernadero han envenenado el aire y el agua, alterando los ciclos vitales.
Por lo tanto la crisis climática junto a la reiterada quema de combustibles fósiles ha roto el equilibrio térmico, provocando fenómenos climáticos extremos que hoy ya cobran vidas humanas y extinguen especies.
FUTURO EN LA BALANZA
Si bien la astronomía nos dice que en 5 mil 500 millones de años el sol engullirá el planeta, la habitabilidad corre peligro en un plazo mucho más corto. La pérdida de biodiversidad y la evaporación de recursos hídricos son amenazas presentes. La ciencia y la espiritualidad coinciden en un punto, y es que, la Tierra es un sistema finito.
La transición hacia prácticas sostenibles y políticas públicas de protección ambiental no es solo una opción política, sino un imperativo para la supervivencia de la especie, es por esto que la Madre Tierra sufre, pero aún tiene la capacidad de regenerarse si la humanidad decide, finalmente, actuar en armonía y no en guerra contra su propia casa.
ELIMAR PÉREZ
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