La voz de Mirian Naguanaua, es un recordatorio urgente de que la salud no se descuida y de que explorar el cuerpo a tiempo es, en definitiva, un acto irrevocable de amor propio y supervivencia
CIUDAD MCY .-Bajo el compás festivo de una jornada comunitaria en el estado Aragua, donde los globos y las cintas rosadas desafían al olvido, la voz serena de Mirian Naguanagua se eleva como un testimonio vivo de resiliencia; una mujer que, sin buscarlo y desprovista de todo síntoma aparente, descubrió que la prevención médica oportuna es el hilo invisible que separa la penumbra de la vida.
El calendario marcaba una rutina médica aparentemente normal. Quince días antes de aquel hallazgo que cambiaría su perspectiva del tiempo, Mirian se había sometido a revisiones de rutina en un centro centinela. Todo parecía marchar bajo el manto de la tranquilidad: la tensión arterial regulada, los exámenes de rigor en orden y una exploración física inicial que no delataba indicios de alarma.
Sin embargo, impulsada por la intuición y el llamado constante de las campañas preventivas que recuerdan incansablemente la consigna de tocarse y acudir al especialista, su médica de confianza sugirió un paso crucial e infaltable: una ecografía mamaria de control.
«Doctora, tengo como tres años que no me lo hago», respondió Mirian con la confianza habitual de quien se siente sana. La respuesta médica fue una directriz firme que salvó su vida: «Vamos a mandártelo a hacer, porque se acerca octubre y las campañas contra el cáncer». Aquel eco preventivo destapó lo sigiloso.
De inmediato, el protocolo se activó hacia el diagnóstico en el Anticanceroso. Lo que parecía un chequeo rutinario se transformó en un proceso complejo de dos años de lucha férrea, matizado por intervenciones quirúrgicas, sesiones de quimioterapia y radioterapia.
UNA LUCHA SUPERADA
Lejos de quebrantarse, Mirian transformó su experiencia en una trinchera de esperanza. Hoy, superado aquel trance y bajo controles médicos estrictos cada seis meses, su mensaje resuena con la fuerza de quien ha mirado de frente a la adversidad: la enfermedad no avisa, no duele en sus primeras fases y no discrimina, pero la detección a tiempo cambia por completo el destino.
Entre aplausos y sonrisas compartidas en medio de la marcha rosa, Mirian sostiene firme el micrófono con la autoridad moral que otorga la victoria. Su historia se erige como un faro para cientos de mujeres que aún guardan temor a los consultorios.
REINA BETANCOURT | CIUDAD MCY
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