Las cinco cofradías del estado Aragua consolidan la herencia cultural afrovenezolana de Corpus Christi, al cumplirse 277 años de la expansión de saberes ancestrales reconocidos por la Unesco

CIUDAD MCY.- Cada junio, las costas del estado Aragua se convierten en epicentro de una de las manifestaciones religiosas, culturales y afrovenezolanas más fascinantes de América Latina: los Diablos Danzantes de Corpus Christi, tradición que se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección, según el calendario cristiano.

Esta festividad de la Iglesia católica romana, que conmemora la presencia de Cristo en el sacramento de la eucaristía, encuentra en el litoral aragüeño un territorio sagrado donde la fe, la tradición y los saberes ancestrales se conjugan en un solo encuentro de resistencia cultural

HISTORIA

 Con más de 400 años de historia arraigada en el sincretismo colonial, grupos de hombres adultos, jóvenes y niños  conocidos como «promeseros» desafiarán al maligno portando sus coloridas indumentarias y máscaras grotescas, rindiéndose finalmente sumisos ante el Santísimo Sacramento en un acto que simboliza el triunfo definitivo del bien sobre el mal.

El origen de esta tradición se remonta al siglo XVII, documentándose en algunas zonas desde el año 1646

Nacida durante la época colonial, la festividad es el resultado directo de la fusión cultural entre la imposición de las celebraciones católicas por parte de los colonizadores españoles y los rituales sagrados, danzas y toques de tambor de los africanos esclavizados y los pueblos originarios

En las pequeñas comunidades de la costa central venezolana, esta expresión se transformó en un baluarte de identidad comunitaria.

Ocumare de la Costa, Chuao, Cuyagua, Cata y Turiamo, cada una posee particularidades organizativas e indumentarias únicas que reflejan el fuerte legado afrodescendiente de sus localidades.

SON CINCO

Ocumare de la Costa: Su cofradía data formalmente de 1610 y destaca por bailar dos días durante la semana de Corpus Christi. Para los promeseros de esta zona, el traje constituye una ofrenda sagrada y obligatoriamente debe ser confeccionado de estreno cada año; de lo contrario, el devoto tiene prohibido danzar. Sus máscaras emulan figuras de animales locales y portan cruces de tela bordada y palma bendita para protegerse de los espíritus malignos.

Chuao: Con más de 300 años de vigencia, es mundialmente famosa por su riguroso misticismo. Los diablos visten trajes multicolores y máscaras negras, blancas y rojas con cintas tricolores enlazadas en los cachos. La danza posee la distinción única de ejecutarse al ritmo del repique de tambor de costa, el cual lleva atado un cordón de plumas de zamuro conocido como «chirriador», que produce una vibración profunda acompañada del cuatro.

Cuyagua: Esta cofradía costera otorga una libertad creativa singular a sus afiliados, permitiéndoles decidir individualmente el diseño y los colores de su vestimenta cada año, lo que llena las calles de una vistosidad indomable y heterogénea.

Cata: Sus promeseros danzan dos veces al año: el jueves de Corpus Christi y un día festivo electo por la comunidad. Sus características máscaras son fabricadas con tela metálica, llevando los rasgos del rostro pegados directamente a la malla, complementados con largas capas de colores vivos y trajes estampados o floreados.

Turiamo: Son conocidos históricamente como «diablos exiliados», por pertenecer a la población desalojada forzosamente de su territorio ancestral en 1957, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez para instalar una base naval. Desde aquel destierro, mantienen viva su fe danzando parroquias urbanas de Maracay como “23 de Enero”, “El Recurso” y “La Coromoto”. A su indumentaria tradicional añaden «el mandador», un látigo de cuero con palo de madera que restalla contra el suelo.

ROL FEMENINO

La puesta en escena del Corpus Christi es un engranaje místico y comunitario perfectamente coordinado. Los bailarines ejecutan pasos de danza hacia atrás en una constante actitud de penitencia, mientras la jerarquía eclesiástica avanza portando el Santo Sacramento.

La procesión avanza al son de maracas, cajas y tambores utilizados para espantar las fuerzas de la oscuridad, mientras los danzantes cargan cascabeles, sonajeros, escapularios y pañuelos como escudos protectores.

Aunque tradicionalmente los hombres encarnan la figura de los diablos en el baile, las mujeres aragüeñas sostienen el soporte vital de la manifestación.

Ellas se encargan de la preparación espiritual de los niños, confeccionan los complejos trajes, organizan la logística del ritual, preparan las comidas comunitarias y levantan coloridos altares a lo largo del recorrido procesional.

En los últimos años, el dinamismo de la tradición, cambios sociales y el liderazgo femenino ha permitido que algunas comunidades de la costa comiencen a admitirlas formalmente dentro del grupo de danzantes.

RECONOCIMIENTO UNESCO

El ingreso de los Diablos Danzantes de Venezuela en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, el 6 de diciembre de 2012, marcó un hito histórico al blindar legal y culturalmente esta manifestación de más de 400 años de vigencia.

Este prestigioso reconocimiento internacional no solo puso los ojos del mundo sobre el valor estético de sus coloridas máscaras e indumentarias, sino que validó la dignidad y resiliencia de las cofradías costeñas ante procesos históricos de exclusión o destierro, como el caso de Turiamo.

Con este respaldo global, el salvaguardar la tradición se ha transformado en una política viva que obliga a las instituciones y a los propios cultores a masificar sus saberes, garantizando que el misticismo del litoral aragüeño continúe latiendo con fuerza con cada año que pasa.

RAFAEL VELÁSQUEZ

FOTOS : REFERENCIALES