Desde sus raíces en la lucha civil hasta las complejas estructuras familiares contemporáneas, la figura materna atraviesa una transformación marcada por nuevos desafíos sociales, el reconocimiento de la crianza compartida y el valor de quienes asumen el cuidado de forma voluntaria.

CIUDAD MCY.- ‎El origen etimológico de la palabra mamá proviene del latín «mamma», que surgió del balbuceo infantil y significaba pecho. En la actualidad, aunque suene redundante, se conceptualiza como una manifestación de amor profundo y sincero, la figura femenina de la crianza.

‎Tal es su importancia que gran parte del mundo reconoce su labor diaria y sin descanso cada segundo domingo de mayo; sin embargo, el origen de esta data
va más allá de la «efervescencia comercial y los arreglos florales», pues resulta necesario reflexionar sobre como la biología y conciencia colectiva impuso un ejercicio de resistencia, adaptación e incondicionalidad

‎ORIGEN DE LA FECHA

‎De forma contraria a la creencia popular de que su origen es comercial, esta efeméride tiene bases ligadas al feminismo y la búsqueda de justicia. ‎En Estados Unidos, tras la Guerra de Secesión, Ann Reeves Jarvis organizó grupos de mujeres para atender a los heridos y mejorar la salud pública. No obstante, fue su hija, Anna Jarvis, quien tras la muerte de su madre, en 1905, inició una campaña incansable para oficializar un día que honrara el sacrificio de las progenitoras.

‎En 1914, el presidente Woodrow Wilson firmó el decreto oficial, pero la historia posee un matiz irónico, Jarvis pasó el resto de su vida en la denuncia constante de la comercialización, ya que su intención original era una celebración espiritual y privada.

‎En otros contextos, como el europeo, las raíces se provienen del «Domingo de las Madres» en el siglo XVII, una jornada donde los siervos recibían permiso para visitar a sus madres y acudir a la iglesia matriz.

LA NUEVA REALIDAD DE MATERNAR

‎En los tiempos modernos, la maternidad enfrenta un cambio de realidades. Las mujeres del siglo XXI ya no solo se definen por su capacidad reproductiva, sino que deben navegar en la conciliación laboral y personal.

‎La presión social por alcanzar la «perfección» dio paso a una visión humana y cruda: la de la madre que admite el cansancio, reclama tiempo propio y que lucha contra la brecha salarial.

‎El auge de la tecnología e hiperconectividad añadió otra carga. La exposición en
redes sociales genera comparaciones constantes, lo que alimenta la ansiedad sobre si se cumple «correctamente» con el rol de crianza.

‎A pesar de esto, existen factores positivos como una mayor conciencia sobre la
salud mental posparto y una creciente exigencia de corresponsabilidad, donde la figura del padre deja de ser un «ayudante» para convertirse en un pilar equitativo.

Tradicionalmente, «ser madre» era una etiqueta estática. Maternar, en cambio, es un oficio que se ejerce. Implica cuidar, nutrir (no solo con comida, sino emocionalmente), proteger y guiar. Lo interesante es que esta acción no es exclusiva de quien tiene hijos biológicos, se puede maternar un proyecto, una idea, una comunidad o incluso a uno mismo.

‎MATERNIDAD POR ELECCIÓN

‎Uno de los aspectos más nobles de la sociedad contemporánea es la desmitificación del vínculo sanguíneo como requisito para la maternidad. Hoy se reconoce con fuerza a quienes asumen este rol sin tener un lazo biológico.

‎Existen tías que crían, abuelas que regresan a la etapa de pañales para proteger a sus nietos, madrastras que construyen puentes de afecto y madres adoptivas que eligen el camino de la legalidad y el corazón para formar una familia. Estas figuras demuestran que la maternidad es, ante todo, un acto de voluntad.

‎Existen infinidad de casos en el mundo, pero en Ciudad MCY hay uno particular. Marena Mendoza, quien se desempeña en Servicios Generales no tuvo hijos propios, pero sus jóvenes compañeras la ven como una guía, cuyo afecto y sabiduría trasciende las generaciones para conectar y llevar en anécdotas, risas y abrazos consejos para la vida.

‎Si bien Juana Peña solo tuvo dos hijos biológicos, se encargó de la crianza de sus hermanos y sobrinos. Asimismo, recibe con los brazos abiertos y todo el cariño posible a quienes de alguna u otra manera llegan a su núcleo. Quien tiene la oportunidad de conocerla se nutre con su solidaridad y gratitud ante Dios.

‎De ellas es posible entender que, el cuidado y acompañamiento no dependen de un código genético, sino de la capacidad de entrega y la decisión de proteger la vida de otro ser humano.

REVISIÓN ETIMOLOGÍCA

Tradicionalmente, «ser madre» era una etiqueta estática. Maternar, en cambio, es un oficio que se ejerce. Implica cuidar, nutrir (no solo con comida, sino emocionalmente), proteger y guiar. Lo interesante es que esta acción no es exclusiva de quien tiene hijos biológicos.

Hoy se entiende que maternar no es solo «estar ahí», sino estar presente. Es la capacidad de validar las emociones del otro. En un mundo tan acelerado y lleno de pantallas, maternar se ha convertido en el acto de crear un «refugio seguro» donde el otro (o lo otro) pueda crecer sin miedo.

‎THAIMARA ORTIZ 
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