Frente a una generación que crece entre la era digital, discursos violentos y conflictos sin resolver, la apuesta es por una salida poco vistosa pero eficaz: enseñar desde la infancia, a identificar el desacuerdo antes de que se convierta en agresión

CIUDAD MCY.- La paz no es solo la ausencia de guerra, sino una construcción diaria. Pocos lugares ilustran mejor esa tesis que el mismísimo salón de clases.

Mientras los titulares se concentran en anheladas treguas y complejas negociaciones en sonadas cumbres de países en organismos multilaterales, un movimiento silencioso conformado por especialistas, psicólogos escolares y organizaciones civiles insiste en que la verdadera prevención de la violencia empieza mucho antes de lo que la mayoría piensa, y es en la forma en que un niño aprende (o no) a manejar el enojo, la frustración y la diferencia.

EL AULA COMO CAMPO DE ENTRENAMIENTO

La comparación no es casual. Especialistas en educación para la paz describen el salón de clases como un laboratorio de convivencia en miniatura: ahí conviven a diario personalidades distintas, recursos limitados, jerarquías informales y roces constantes por la atención, el espacio o el reconocimiento. Es en pequeña escala, el mismo terreno donde después se libran las tensiones más grandes en la sociedad, en localidades y en el mundo global.

Por eso, cada vez más escuelas incorporan programas explícitos de resolución de conflictos como son los círculos de diálogo, asambleas de aula, espacios donde los estudiantes expongan algún desacuerdo antes de que se escape de las manos.

La apuesta no es eliminar el conflicto, sino enseñar a atravesarlo sin recurrir a la agresión. Un estudio de la investigadora Laura García-Raga, de la Universidad de Valencia, lo confirma al asegurar que los programas de mediación escolar más eficaces son los que convierten a los propios estudiantes en mediadores de sus compañeros. Un niño que aprende a darle un nombre a lo que le molesta, señalan especialistas, tiene menos necesidad de resolverlo a empujones.

MEDIAR ANTES DE PELEAR

El corazón de estos programas suele ser la figura del “mediador entre pares”, con estudiantes entrenados para ayudar a sus propios compañeros a resolver diferencias antes de que un adulto tenga que intervenir.

La lógica es sencilla y a la vez, poderosa cualquier conflicto atendido a tiempo por alguien de confianza rara vez necesita agravarse en una sanción o, lo que es menos se quiere, una pelea.

Estos programas no buscan formar jueces infantiles, sino intermediadores emocionales, jóvenes capaces de escuchar a ambas partes, identificar el malentendido de fondo y proponer una salida que no humille a nadie.

LA TENSIÓN SE HEREDA

El contexto en el que crecen los niños y jóvenes de hoy no ayuda. Crecen expuestos a un ecosistema digital donde la discusión se premia por lo viral, no por lo razonable; a discursos políticos polarizados y en muchos países, a la violencia directa del entorno. Heredan, en otras palabras, una cultura donde el desacuerdo se resuelve con frecuencia por la vía de la descalificación o la fuerza, no del diálogo.

Frente a ese panorama, educar para la paz deja de ser un valor abstracto y se convierte en una herramienta de supervivencia social. No se trata de proteger a los niños del conflicto (algo imposible), sino de darles un repertorio distinto al que probablemente verán modelado en otros espacios de su vida.

“Sembrar para no reparar”

La metáfora que más se adapta al tema viene de de la actividad agrícola y es “sembrar hoy para no tener que reparar después”. Es más humano y más eficaz enseñar a un niño a mediar un conflicto que intervenir años más tarde ante un adulto que solo conoce la violencia como lenguaje.

Aquí está el fondo del tema. El argumento más fuerte de la educación para la paz: no promete resultados inmediatos ni titulares virales, pero apuesta a que el futuro de la convivencia (que en la actualidad se negocia en cumbres y tratados) en realidad se está decidiendo sin que casi nadie lo note, en miles de aulas comunes y corrientes.

REINYMAR TOVAR| CIUDAD MCY

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