CIUDAD MCY.- A todos los aficionados del rock, desde que éramos niños o adolescentes, siempre nos llamó la atención ver en las carátulas de discos, fotos de revistas o en los afiches, las altas paredes de cornetas negras apiladas detrás de nuestras bandas favoritas en sus presentaciones, con una palabra que se leía de manera repetitiva: “Marshall”.
De eso se trata hoy, años después, saber sobre esa palabra en los parlantes, indagar qué es, quién es, o qué historia habría detrás de la repetida palabra Marshall. Para muchos panas músicos le ha sido tan común contar con cornetas, amplificadores o plantas de sonido con esa marca en el frontal de sus equipos. Nada de extraordinario, para ellos.
Sin embargo, la historia de Marshall es la narrativa de cómo una pequeña tienda de baterías en Londres, regentada por Jim Marshall, un baterista, “The Father of Loud” (El padre del ruido), quien desde principios de los 60 hizo historia.
Músicos como Pete Townshend, de “The Who” y Richie Blackmore, de “Deep Purple”, visitaban la tienda de Jim quejándose de que los amplificadores de la época (Fender) no tenían el volumen ni el “gruñido” que ellos buscaban para el rock emergente.
Jim, junto con su equipo de técnicos, decidió crear su propio amplificador. El resultado fue el JTM45, que entregaba un sonido mucho más pesado y distorsionado.
Fue la invención del sonido que se convirtió en la columna vertebral del rock and roll. Marshall no solo vendía un equipo, sino la capacidad de llenar estadios, generar culto a la amplificación de sonidos más poderosos. Su estética de “paredes de amplificadores” apilados (los famosos Marshall Stacks) se volvieron un ícono visual de rebeldía.
Desde entonces, esa pared negra no solo se oyó, sino que se volvió un símbolo de escenario, usado por artistas como Townshend, Clapton o Hendrix en la era dorada del rock.
En 2003, Jim Marshall recibió un OBE, el más alto honor otorgado por el monarca británico por servicios brindados a la historia de la música. Marshall falleció el 5 de abril de 2012.
Por eso, cuando aficionados, rockeros y usuarios de sus equipos dicen “Marshall”, ya no hablan de una marca, hablan del idioma del rock que nos enseñó a que el volumen en vivo nunca será suficiente.
MARCOS GAVIDIA │GUILLERMO CARUCI

