El 20 de junio se instituye para honrar la fuerza, el coraje y la resistencia de las personas y familias que, por un desplazamiento forzado de origen, sufren constantes vejaciones en puntos de control migratorios en los países de acogida

CIUDAD MCY.-“Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica”, reclamó el papa León XIV durante su más reciente visita oficial a España.

Sin embargo, la tendencia global en los países más industrializados ha sido cerrar sus accesos, ejecutar reclusiones masivas, implantar persecuciones, acelerar expulsiones y endurecer requisitos de entrada a los contingentes migratorios.

Ahora bien, no todo migrante es automáticamente un refugiado, ya que esta condición se otorga a personas que huyen de su país debido a un temor fundado en la persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad o por pertenecer un grupo social particular.

Si bien muchos migran forzadamente debido a crisis en sus países de origen, para ser considerados refugiados se deben acoger a la definición legal internacional; pero los migrantes, sí deberían ser protegidos y respetados todos sus derechos humanos en el país de acogida, sin ser detenidas ni obligadas a volver a su país sin una razón legítima y menos aún a un tercer país.

Por todo esto, los migrantes del mundo se enfrentan hoy a situaciones de indefensión y sin protección de los organismos internacionales destinados a ello, por lo tanto, es fundamental que el país de acogida, implemente mecanismos para garantizar su protección e integridad, independientemente de su condición de migración, pero lamentablemente no es lo que sucede en Europa o en territorio estadounidense.

EEUU: PAÍS DE MIGRANTES QUE CRIMINALIZA LA MIGRACIÓN   

EEUU se formó gracias a la migración y su expansión la acompañó el genocidio masivo de los pueblos originarios. En el desierto demográfico así creado se recurrió a dos políticas poblacionales drásticas: la esclavitud perpetua, y la temporal. Entre 1630 y 1755 el 48% de los migrantes ingresaron a América del Norte bajo este sistema, que proporcionaba la mayor parte de la fuerza de trabajo hasta que en 1864 la Enmienda 13 de la Constitución prohibió la esclavitud y la servidumbre involuntaria.

Las Leyes de inmigración de 1921 y 1924 fijaban cuotas máximas y privilegiaban a migrantes de Europa del Norte y del Oeste mientras restringían a los de Europa del Sur y del Este. Sólo en 1965 la Ley Hart Cellar eliminó nominalmente las cuotas racistas, y legalizó el ingreso de oriundos  de Asia y América Latina.

La población estadounidense de personas nacidas en el extranjero alcanzó un record de 47,8 millones en 2023, un incremento de 1,6 millones con respecto al año anterior, el mayor en veinte años desde el 2000.

Este grupo representa actualmente 14,3% de la población, casi el triple del 4,7% de 1970. Es la proporción más alta desde 1910, pero inferior al record de 14,8% de 1890. De ese total 23,4 millones, 49% se habían nacionalizado; 11,5 millones, 24% eran residentes legales; y 11 millones, 23%, eran residentes “no autorizados” o ilegales (www.pewresearch.org).

ANTES NECESARIOS, AHORA INDESEADOS

Toda nación que intenta hegemonizar y desestabilizar al mundo recibe flujos de migrantes de los países desestabilizados.

De dónde llegan hoy los migrantes a Estados Unidos? De México 10,6 millones, 23%; de India 2,8 millones, 6%; de China, 2,5 millones, 5%; de Filipinas, 2,0 millones, 4%; y de El Salvador, 1,4 millones, 3% (American Community Survey, IPUMS).

En EEUU los migrantes ilegales viven en 6,3 millones de hogares que cobijan 22 millones de personas, 4,8% de los 130 millones de hogares del país. En 86% de los primeros el jefe de familia o su esposa son “ilegales”, que viven con legales o nacionalizados. 4,4 millones de nacidos en el país conviven con ellos. El intento de separarlos crea dramas brutales.

Desde las estructuras del poder estadounidense se inició una campaña de acoso contra los migrantes materializada en decretos que violaban principios constitucionales, como la nacionalidad de los nacidos en territorio estadounidense, o el permiso de deportar supuestos enemigos del país, pero sólo en situación de guerra.

CACERÍA Y DEPORTACIÓN

El resultado fue una cacería humana indiscriminada de migrantes ejecutada por caza recompensas, con la subsiguiente deportación automática, no precedida de juicio, derecho a la defensa ni condena.

La cacería prosiguió por los más diversos ámbitos. La mayoría de republicanos y casi la mitad de demócratas opinaron que se debería permitir los arrestos en protestas y concentraciones; en los hogares, en centros de culto religioso y en los centros de trabajos. Medidas para suscitar terror, y lo lograron: La quinta parte de los adultos declararon preocupación porque ellos, un familiar o un amigo pudieran ser deportados; un tercio confesó extrema preocupación porque se les reclamara probar su ciudadanía o estatus migratorio, y casi la mitad de hispanos temen que ellos o algún allegado sea deportado (www.pewresearch.org/).

El escándalo mediático, la ilegalidad flagrante y la inhumana humillación que acompañan a la deportación de migrantes no tiene nada que ver con el volumen de migración de éstos.

El miedo ha pasado a ser el modo de vida de la mayoría de los migrantes en la potencia norteña. Vergonzosa situación para un país en el cual la casi totalidad de la población actual llegó de afuera.

Todos los seres humanos deben ser tratados con respeto y dignidad y garantizar los derechos humanos de los migrantes, además se les debe proporcionar respuesta jurídica, operativa y adecuada a su situación particular, para evitar que se omitan las responsabilidades que tienen los Estados hacia ellos.

MARCOS GAVIDIA

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