En una mirada un poco más real y allegada al cómo se originó esta efeméride y cuáles son las razones que motivaron a la creación de un espacio para reconocer esta interesante cultura
CIUDAD MCY.- Este 24 de enero, la comunidad internacional conmemora el Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, fecha que suele presentarse bajo un halo de festividad estética y folclórica.
Sin embargo, un análisis profundo de la realidad histórica y social, como el propuesto por la doctora María Elena Álvarez Acosta sobre la «cultura de resistencia», revela que esta efeméride es, en esencia, un recordatorio de la lucha política y la supervivencia frente a un sistema que intentó deshumanizar a millones de personas.
Esta resistencia no fue un evento aislado, sino una práctica cotidiana mediante la cual las comunidades de origen africano preservaron, adaptaron y transformaron su identidad cultural a lo largo de los siglos.
DISCRIMINACIÓN INSTITUCIONALIZADA
El génesis de esta identidad en resistencia se encuentra en el desarrollo del sistema capitalista, que tuvo como uno de sus pilares el comercio triangular y la trata de esclavos. La concepción eurocentrista impuso una visión civilizatoria que justificó el despojo de los pueblos africanos.
En América Latina y el Caribe, esta estructura se mantuvo a través de lo que se denomina la «colonialidad del poder» y una matriz productiva que asegura la desigualdad social asentada en una cultura del privilegio. Esta discriminación institucionalizada condicionó un inmovilismo social que mantiene a las poblaciones afrodescendientes en condiciones de explotación y pobreza estructural.
La cultura de resistencia se manifiesta en la relación dialéctica entre la adaptación al nuevo entorno y el rechazo a la pérdida de los valores originarios. Ha sido un camino complicado donde lo africano y lo autóctono predominan en la visión de vida cotidiana, permitiendo a las comunidades conservar religiones, músicas, lenguas y gastronomía.
Esta capacidad de supervivencia espiritual ha sido un parámetro esencial de lo que constituye la civilización africana, demostrando una autenticidad que evoluciona aproximando lo tradicional y lo moderno.
En el ámbito político, esta resistencia trascendió fronteras mediante la intervinculación trasatlántica. El panafricanismo sentó las bases para una unidad que hoy se institucionaliza en mecanismos como la Sexta Región de la Unión Africana, reconocedora a la diáspora como parte integral del continente africano.
Este vínculo se traduce en acciones concretas, como el apoyo de los países africanos a los planes de reparaciones históricas por la esclavitud exigidos por la Comunidad de países del Caribe (Caricom) o la promoción de resoluciones sobre derechos humanos en foros multilaterales como la ONU.
A pesar de hitos significativos como la Conferencia de Durban en 2001, donde los afrodescendientes fueron reconocidos como sujetos de derecho internacional, el camino hacia la justicia racial sigue enfrentando obstáculos severos: los afrodescendientes en la región tienen 2,5 veces más probabilidades de vivir en pobreza crónica y enfrentan disparidades críticas en el acceso a la salud y la educación. Las mujeres afrodescendientes sufren una vulnerabilidad agravada por la violencia y el uso de su imagen como objeto sexual, realidades que a menudo son invisibilizadas en los censos oficiales.
Por tanto, el Día Mundial de la Cultura Africana no puede entenderse únicamente como una oda al pasado, sino como una plataforma de exigencia frente a una discriminación estructural que aún persiste en las agendas globales.
María Elena Álvarez Acosta – Cuba Profesora de Historia Universidad de La Habana en 1976; Master en Historia Contemporánea; Doctora en Ciencias Históricas.
Desde 1976 ha ejercido como docente de pregrado y postgrado; desde 2004 hasta la actualidad, ha trabajado como profesora en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”; Imparte docencia sobre temáticas afroasiáticas, (programa “Regiones y Países) sobre problemas globales y sobre las migraciones internacionales.
Es especialista en Historia de Asia, África y Medio Oriente y en Problemas Globales.
MARÍA JOSÉ PARRA
FOTO: CORTESÍA
