Además de su función ceremonial, es capaz de condensar su visión libertaria y justiciera que animó a los patriotas venezolanos en los inicios de la Independencia, y que hoy se entona como símbolo de resistencia, sobre todo cuando apremia recuperar el espíritu de la lucha popular
CIUDAD MCY.- El 19 de abril de 1810 se registraría uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Venezuela, toda vez que ejercimos por vez primera la soberanía. Era el inicio del trayecto que un año más tarde, el 5 de julio de 1811, nos conduciría a la declaración de nuestra Independencia del imperio español.
Aparte de las vivaces consignas políticas, el pueblo celebró aquellos sucesos de tan importante envergadura, que daban por primera vez libertad a esta tierra, a través de un ritmo, un canto, o en fin, una música.
Ya entre abril y julio de 1810, a pocas semanas de que Vicente Emparan fuera depuesto, se improvisaban cantos patrióticos que enaltecían en estrofas y en coros los logros de ese autogobierno venezolano.
Uno de esos cantos sería escrito por Vicente Salias y musicalizado por Juan José Landaeta, ambos contemporáneos de aquellos sucesos. Su título, “Gloria al bravo pueblo”, era una de tantas canciones patrióticas en las que el sentimiento independiente y soberano apenas daba sus primeras notas.
Sería el Gloria al bravo pueblo el que se extendería en la memoria, en la identidad; coreado rápidamente, se repetiría y se degustaría no solo rítmicamente, sino emocionalmente.
HIMNO Y SÍMBOLO
Sus estrofas y solemne coro se fueron fijando en la conciencia de la ciudadanía a lo largo de los años, al punto de convertirse en una canción nacional. El presidente Antonio Guzmán Blanco le conferiría el carácter de Himno Nacional por decreto del 25 de mayo de 1881. Setenta y tres años después, el general Marcos Pérez Jiménez llevó el “Gloria al bravo pueblo”, junto con el Escudo y la Bandera, a la condición de símbolo patrio.
El Gloria al bravo pueblo es lugar de memoria para todos. Entonar sus notas es abrir un espacio en el que se expresa nuestro más profundo sentimiento nacional.
El Himno Nacional no ha sido una pieza estática. A lo largo de su historia, su significado ha variado de acuerdo a la función política del momento, de los ideales dominantes y del uso institucional de los símbolos patrios:
Símbolo de legitimación y disciplina. Durante las dictaduras de Gómez (1908-1935) y Pérez Jiménez (1952 -1958), fue instrumentalizado como herramienta de legitimación del poder al convertirse en símbolo ritual estatal al imponer su ejecución en actos escolares, militares y cívicos como muestra de obediencia y disciplina.
Reafirmación de la soberanía popular. Luego de los sucesos del 1958, se interpretaba como afirmación soberana del pueblo, de la pluralidad política y la resistencia frente a la opresión, externa o interna. En actos oficiales, como sujeto activo de la historia y luego con el auge de los movimientos sociales y partidos de izquierda en los años 60 y 70, y su adopción por sectores progresistas como bandera de justicia social y lucha contra el imperialismo.
En la educación, como deber cívico, el Himno ha sido parte fundamental del currículo escolar desde fines del siglo XIX. Durante décadas, su enseñanza fue más formativa que reflexiva; por ello, se memorizaba su letra, se cantaba en formación, se asociaba con símbolos como la bandera y el escudo, y se convertía en sinónimo de respeto a la patria. Así, se buscaba inculcar la identidad nacional y la obediencia cívica, lo que reforzaba al himno como herramienta de cohesión.
Entre tensiones ideológicas. En las últimas décadas, el himno ha sido invocado frecuentemente como símbolo de resistencia antiimperialista y de continuidad con el legado independentista, al reivindicar su carácter popular y bolivariano en actos masivos. Sin embargo, sectores políticos opositores advierten de una utilización de propaganda, lo que ha hecho que el himno se convierta en disputa ideológica. Aun así, su canto es difícil de rechazar por sus ideales universales de libertad, justicia y dignidad del pueblo.
MARCOS GAVIDIA
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