Entre la angustia y la realidad técnica: ¿Por qué el rescate en un terremoto no es cuestión de horas?.

CIUDAD MCY .- Frente a una tragedia natural de la magnitud del reciente doblete sísmico en el Eje Morón – Yumare, es completamente normal que la desesperación, el dolor y la ansiedad se apoderen de la población. Todos queremos respuestas inmediatas, queremos ver a los sobrevivientes a salvo y las calles despejadas en tiempo récord. Sin embargo, convertir la angustia colectiva en un arma de crítica política, acusando de “ineficiencia” o “lentitud” a los equipos que arriesgan su vida entre los escombros, no solo demuestra una profunda ignorancia técnica, sino también una alarmante falta de empatía humana.

Para entender la dimensión de lo que enfrentó Venezuela, es necesario mirar la realidad de la ingeniería de rescate urbano (USAR) y compararla con escenarios internacionales donde los recursos eran ilimitados.

ESPEJO DE SURFSIDE (MIAMI, 2021): MÁXIMOS RECURSOS, SEMANAS DE TRABAJO

Para quienes exigen milagros en 48 o 72 horas, vale la pena recordar lo sucedido el 24 de junio de 2021 en Surfside, Florida. Allí se desplomó el edificio Champlain Towers South. Estamos hablando de un solo edificio de 12 pisos, en el condado de Miami-Dade, dentro de la principal potencia económica del planeta.

* Los recursos: Estados Unidos desplegó de inmediato a sus equipos de élite mundial, como el Florida Task Force 1, con presupuestos ilimitados, la tecnología de punta más avanzada del mercado, sensores térmicos, drones y herramientas pesadas de última generación. No había sanciones, no había bloqueo, la logística estaba a kilómetros de distancia por autopistas perfectas.

* El tiempo: A pesar de tenerlo todo a favor y tratarse de una sola estructura, las labores de búsqueda y recuperación total de las 98 víctimas se extendieron por semanas.

¿Por qué tardaron tanto? Porque la física y la seguridad estructural no responden a presiones políticas ni a quejas en redes sociales. Si introduces maquinaria pesada o remueves el concreto de forma apresurada en una estructura inestable, provocas un colapso secundario instantáneo que aplasta los “bolsones de vida” (los espacios vacíos donde aún pueden quedar sobrevivientes) y pones en riesgo mortal a los propios rescatistas. Cada bloque de cemento debe estabilizarse, apuntalarse y removerse con precisión quirúrgica, casi a mano.

LA ESCALA VENEZOLANA: DOS TERREMOTOS Y BLOQUEO A CUESTAS

Si el rescate en un solo edificio en Miami tomó semanas bajo condiciones ideales, exijo sensatez para analizar lo que ocurrió en Venezuela. Nuestro país no está lidiando con un accidente localizado; enfrenta las secuelas de dos terremotos mayores (magnitudes 7.2 y 7.5) que han afectado a múltiples estados simultáneamente, comprometiendo cientos de estructuras, vías de comunicación y servicios públicos bajo la amenaza constante de réplicas.

A esto se le suma un factor que nadie puede ocultar: el impacto de un bloqueo económico brutal. Durante años, a Venezuela se le ha negado el acceso soberano a los mercados internacionales para renovar flotas de transporte pesado, adquirir repuestos especializados para maquinaria de ingeniería civil, comprar equipos de respuesta rápida o importar tecnología de rescate de fibra óptica y escucha subterránea.

Exigir la velocidad de una potencia mundial a un Estado cuyas capacidades logísticas han sido asfixiadas intencionalmente desde el exterior es, por decir lo menos, un acto de profunda hipocresía.

EL VERDADERO HEROÍSMO ESTÁ EN EL TERRENO

A pesar de las limitaciones materiales derivadas de esa asfixia financiera, los cuerpos de bomberos, Protección Civil, paramédicos, ingenieros estructurales y voluntarios venezolanos estuvieron metidos en el barro y el concreto desde el primer minuto. Trabajaron en turnos de 24 horas, desafiando la inestabilidad del suelo y el cansancio extremo, utilizando el ingenio, la experiencia y la fuerza humana donde la tecnología falta.

Señalar el proceso desde la comodidad de una pantalla, buscando capitalizar políticamente el dolor de las familias afectadas, es una bajeza. La ingeniería de rescate tiene sus tiempos y sus leyes físicas, y violarlas solo para complacer las demandas de inmediatez de las redes sociales costaría más vidas humanas.

En momentos como este, la prioridad absoluta debe ser la solidaridad, el apoyo institucional y el respeto sagrado al trabajo de los especialistas que están en el frente de batalla salvando vidas. La reconstrucción y los balances llegarán, pero hoy, la prudencia y la unión nacional son la mejor herramienta de defensa civil.

POR FRANCISCO GARCÉS (ING. CIVIL, ANALISTA DE DAÑOS) 

FOTOS:GBA